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Se bailaba durante la travesía. Bailaba la clase alta; cinco
hermanas gallegas recuerdan "los oropeles del baile de primera
clase que habían espiado colgadas de un ventanuco de la cubierta.
En el barco, los brillos y perfumes de los ricos estaban confinados
en un salón, bien protegidos de los vahos de la chusma que
se apiñaba en la bodega" (1).
Bailaban los inmigrantes. Lo recuerda Johann Bodemann, quien dejó
Valais en 1857, y escribe: "Todo cambiaba cuando mejoraba el
tiempo: se bailaba, se cantaba, se jugaba. El tiempo pasaba pronto.
Con nosotros viajaban jóvenes alegres, quienes cantaban muy
bien, más que todo al anochecer, cuando la luna hermosa alumbraba
el mar tranquilo, y la brisa agradable soplaba del océano.
Hemos visto una gran variedad de animales marinos. A veces bailábamos
farándulas dando vueltas por todo el barco. Hemos pasado
así muchas noches sobre el puente, hasta las doce o la una
de la mañana, tan era eso hermoso" (2).
En
el barco se crean lazos que perduran en la nueva tierra; éstos
se evidencian, por ejemplo, en la elección de los compañeros
de baile. Lo afirma Sergio Pujol: "Uno baila con los de su
clase social, sus paisanos, los de su provincia, los de su misma
edad, con los inmigrantes que llegaron con uno en el barco"
(3).
No
obstante su apellido, Victor Hugo Ghitta evoca el baile en el carnaval
de la colectividad gallega. Recuerda "las largas mesas familiares
del Centro Lucense, en una Buenos Aires cuyos esplendores y apego
por las fiestas populares irían menguando con los años,
en bulliciosas noches de carnaval en las que nos peleábamos
por una falda con fervor e inocencia mientras nuestros padres batían
palmas y meneaban caderas al ritmo del pasodoble o la muñeira,
después de haberse atragantado con las sardinas españolas
y las morcillas vascas y las batatas asadas al carbón y los
jamones tan perfumados como las señoras que atiborraban la
pista, atraídas por una estridencia de trompetas y por las
toreras de luces y las fabulosas charreteras y los zapatos y los
pantalones blancos de los Gavilanes de España, que era el
conjunto musical que animaba las tertulias y las verbenas"
(4).
El baile ilumina los últimos momentos de una anciana inmigrante.
Cuando "Doña Conce", la gallega del cuento de Jorge
Dietsch, ve que se acerca su fin, pide sus zapatos, "e incorporándose
en la cama, comenzó a bailar. Bailaba para adentro, se veía
en la mirada y la sonrisa, con una gracia joven y movimientos que
debían ser de tal agilidad que en la habitación entró
un viento fresco de montañas, con olores de campo y de menta.
Tarareaba al mismo tiempo una música tan extraña y
bella que quienes escuchaban, a pesar de la gravedad de las circunstancias,
no pudieron evitar acompañarla con movimientos de pies. Luego,
agotada de tanta danza, apoyó la cabeza en la almohada, respiró
profundo varias veces, y cerró los ojos sin dejar la sonrisa,
como soñando un buen sueño" (5).
La danza era muy importante en los esponsales judíos en el
litoral. Máximo Yagupsky dice: "El casamiento judío
consistía de grandes celebraciones. Se improvisaba una gran
tienda hecha con las lonas que se usaban para proteger las parvas
de las lluvia. Se hacía un alegre festín con todo
el ritual, la jupá, es decir, el palio nupcial, la música
y danzas. Y naturalmente había mucha comida y había
también comida para los gauchos vecinos, los cuales se reunían
afuera a saborear los manjares y dulces. Y mientras los músicos
ejecutaban melodía judías o rumanas, los gauchos,
afuera, tocaban el bandoneón o la guitarra y bailaban también.
En algunas ocasiones se cruzaban las rondas del freilej o la tijera,
con el chamamé, el tango y el pericón" (6).
En la danza se integran las culturas. Esto sucedió, por ejemplo,
en el Liceo Franco Argentino Jean Mermoz, donde, para festejar los
treinta años del instituto, los alumnos de primaria -muchos
de ellos de nacionalidad francesa- bailaron el pericón (7).
Notas
(1) Henestrosa, Guadalupe: Las ingratas. Buenos Aires, Clarín-Alfaguara,
2002.
(2) Bodeman, Johann: en Vernaz, La Colonia San José, Santa
Fe, Colmegna, 1991.
(3) Pujol, Sergio: "El baile, una historia de sexo, violencia
y tensiones sociales", en La Capital, Mar del Plata, 13 de
febrero de 2000.
(4) Ghitta, Víctor Hugo: "Elegía a Paco Rabal
dormido en Aguilas", en La Nación, Buenos Aires, 2 de
septiembre de 2001.
(5) Dietsch, Jorge: "Doña Conce o la despedida",
en El Tiempo, Azul, 14 de marzo de 1999.
(6) Diament, Mario: Conversaciones con un judío. Buenos Aires,
Fraterna, 1986.
(7) Beltrán, Mónica: "Un colegio con acento francés",
en Clarín, Buenos Aires, 26 de septiembre de 1999.
9. Bailarines
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