INMIGRACION: MUSICA Y DANZA

Cantar

A los inmigrantes les gusta cantar. Cantan en su tierra, en el barco, y cantarán también en la tierra nueva.

Villoldo evoca al gringo que canta: "Sos para el canto, che, gringo/, como para el bofe el gato/ tomá una grapa d'Italia/ y descansemos un rato" (1). En el tango "La Violeta", de Nicolás Olivari, encontramos al inmigrante nostálgico que bebe y canta: "Canzoneta de pago lejano/ que idealiza la sucia taberna/ y que brilla en los ojos del tano/con la perla de algún lagrimón..." (2). En el poema "Antiguo Almacén 'A la ciudad de Génova'", evoca al italiano Miquelín, quien "Mientras le duraba la plata cantaba,/ cantaba las lejanas canciones milanesas de su tierra/ y hombreaba recuerdos como hombreando cereal.../" (3).

Gustavo Riccio, en el poema "Elogio de los albañiles italianos", asocia el canto con la realidad social de los inmigrantes. Ellos cantan mientras trabajan, pues "en lo alto sienten ellos/ que una canción de Italia se les viene al encuentro" (...) Más líricos que el pájaro son estos que yo elogio:/ el nido que construyen no es para su reposo,/ el lecho que levantan no es para sus retoños.../ ¡Ellos cantan haciendo las casas de los otros!" (4).

Un vasco -personaje del dramaturgo Alberto Novión-, canta. Dice la hija: "papá, a pesar de que ya está viejo y que ha formado en esta tierra su hogar, su fortuna, su tranquilidad; viera Ud. cuántas veces lo he sorprendido cantando bajito los aires de su tierra natal, y cuántos suspiros, mensajeros de muchos besos, han ido desde sus labios hasta sus montañas, para morir en los muros de su casa, allá en la aldea de la falda" (5).

Canta uno de los gauchos judíos de Gerchunoff: "Jacobo, cansado del caballo, afila la daga en el alambre del corral, y al oír a Rebeca, comienza a cantar como Remigio: Pensamiento mío... Vidalitá" (6).

Cantaban los picapedreros en Tandil: "Siempre se cantaba en las canteras: en las fiestas, en las huelgas, en las calles, en las casas, en el trabajo, en la soledad y en la compañía" (7).

Olga Weyne destaca la afición por el canto que sentían los alemanes del Volga que emigraron a América: "Parte del cancionero popular fue, por su lado, recuperado por estudios e investigaciones específicas salvándose así del olvido una fuente importante para el rastreo de su cultura. El canto sigue siendo, en efecto, una de las manifestaciones grupales preferidas de esta comunidad. Es de lamentar que mucho de este material existente en nuestro país continúe sin traducción, manteniéndose así el desconocimiento de gran parte de este rico folklore. Tanto en el Volga como aquí, si bien los lugares considerados naturales para cantar eran la iglesia o el templo, siempre tenían una canción adecuada para cualquier circunstancia. Los momentos festivos o de trabajo comunitario: bodas, bautismos, cosechas, o aún las situaciones dramáticas como entierros y funerales, servían para que armonizaran melodías a dos o tres voces, con absoluta naturalidad" (8).

Entre los galeses, "El Eisteddfod -('estar sentado' en idioma galés) tradición heredada de los antiguos juegos florales celtas- se transformó en la más antigua celebración cultural de la región, ya que es un festival anual del canto y la poesía y hoy está incorporado al patrimonio Patagónico" (9)

De su tierra trajo el croata Kovacic los villancicos. Los transcribe en sus memorias, para que en América también puedan cantarlos (10)
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Cantan los armenios. En su futuro hogar -piensa el protagonista de una novela de Bedrossian-, "seguramente, su padre podría entonar aquellas nostálgicas canciones armenias que canturreaba los sábados, después de cenar. Krikor, extrañamente, sólo cantaba Anush karún (hermosa primavera) en invierno y en las noches de lluvia" (11).
Y cantan los gitanos. Sus composiciones han sido recopiladas por Pedro Leguizamón y Perla Miguelí (12).
No sólo las ocasiones alegres se acompañan con música. Enrique Novick evoca, en "Balada para un padre ausente", el efecto que la música de su tierra tenía en un padre enfermo de Alzheimer: "Cuando le/ cantaba,/ próximo/ a su lecho,/ canciones/ antiguas/, sin nombre/ ni dueño,/ que hablan/ de una aldea/ con hornos/ de piedra,/ cerca de las/ casas,/ sus pisos/ de tierra,/ Marc Chagall/ brotando/ de acequias/ y techos;/ que él/ acompañaba/ con su voz/ pausada,/ rescatando/ estrofas/ tras un gesto/ austero,/ y un temblor/ extraño/ que escurría/ en su cuerpo,/ peces abismales/ y negros,/ hasta ser un eco/ más/ entre los ecos,/ que suelen/ merodear/ por mi cerebro" (13).

Otra canción es la que evoca, en "Celestes ojos italianos", el poeta Francisco de Madariaga, quien pregunta a su madre fallecida: "¿Estarás cantando la canción que cantaban/ tus celestes ojos italianos?/ ¿O estarás escuchando cómo canta mi corazón,/ que fue la única maravilla en tu terror a/ los viejos gauchos bandoleros y en tu/ fracaso?" (14).

En el cantar se advierte una espontánea vocación artística, y una memoria que no quiere fenecer.


Notas

(1) Villoldo, citado por Colegio Schönthal: Bajaron de los barcos, en www.monografias.com.
(2) Olivari, Nicolás: "La Violeta" citado por Gustavo Cirigliano, en "Disquisiciones tangueras", en El Tiempo, Azul, 30 de septiembre de 2001.
(3) Olivari, Nicolás: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
(4) Riccio, Gustavo: en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
(5) Novión, Alberto: El vasco de Olavarría, en La Escena, N° 99.
(6) Gerchunoff, Alberto: Los gauchos judíos, en Feierstein, Ricardo (selecc. y prólogo): Alberto Gerchunoff, judío y argentino. Buenos Aires, Milá, 2001.
(7) Nario, Hugo: "Cortando piedra", en Todo es historia, N° 178, Marzo de 1982.
(8) Weyne, Olga: op. cit.
(9) S/F: Hotel Gwesty Tywi, Gaiman, Patagonia-Hosteria Galesa-Welsh ColonialB&B.
(10) Anzorreguy, Chuny: El ángel del capitán. Biografía del capitán croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor, 1996.
(11) Bedrossian, Eduardo: Memorias para no olvidar. Buenos Aires, Edición del autor, 1998.
(12) Miguelí, Perla y Leguizamón, Pedro: Primer cancionero gitano de la Argentina. Recopilación y notación musical. Mar del Plata, 1995.
(13) Novick, Enrique: "Balada para un padre ausente", en La Prensa, Buenos Aires, 10 de enero de 1999.
(14) Madariaga, Francisco: en La Nación, Buenos Aires, 10 de mayo de 1998.

 

 

Por María González Rouco

Licenciada en Letras UNBA, Periodista Profesional Matriculada
mgonzalezrouco@yahoo.com.ar

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