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Memorias
Biografías
Notas
Memorias
En
el siglo XIX, los pioneros escribieron sus memorias. Ellos nos dejaron
sus historias de colonización.
En 1844, llegó a la Argentina el danés Juan Fugl,
pionero que se estableció en Tandil cuando los indios asolaban
la región. En sus Memorias, "relató que después
del sitio indígena de Tandil en el mes de noviembre de 1855,
Al fin de cuentas, los soldados que llegaron no habían
resultado mucho mejor que los salvajes, pues en las casas abandonadas
que encontraron, robaron todo lo que pudieron y les fuera útil
".
Acerca
del juez de paz, manifiesta en esos escritos: "En el fondo
de su alma sentía odio a los extranjeros y al creciente agro
en la zona de Tandil, tanto porque él, familiares y amigos
tenían tierras y grandes estancias lindantes, y se sentían
molestos por las leyes que los obligaban a pagar los daños
causados por animales en las tierras sembradas, y ahora protegidas.
También porque repartía tierras entre criollos o nativos,
en general muy simples y sin ningún ánimo de mejorar,
no a extranjeros que aunque vivían pobres, con su trabajo
y amistoso relacionamiento, pronto formaban un capital y vivían
holgadamente" (1).
Eluned Morgan nació en alta mar en 1869. "Hija de un
colono galés, organizador del primer grupo que llegó
a la Patagonia en 1865, se crió en el valle y fue enviada
a Europa para completar sus estudios y dedicarse a la enseñanza
en Chubut. Creó escuelas para niñas en Trelew y Gaiman.
Posteriormente tuvo a su cargo el periódico Y Drafod, fundado
por su padre y aún existente. Comenzó a mostrar sus
aptitudes literarias en la composición de Eistedffod, piezas
literarias de la tradición galesa, a partir de 1891. Publicó
cuatro libros: Algas marinas, En tierra y mar, Los hijos del sol
y Hacia los Andes, los tres primeros escritos en galés y
el último en castellano, escrito originalmente en galés.
Falleció en 1938" (2).
Escribe
Ema Wolf, a partir de una investigación de Cristina Patriarca:
"Una figura relevante de la comunidad fue Eluned Morgan. La
hija menor de Lewis Jones llegó a cursar estudios en Londres
y tuvo un lugar destacado en la vida cultural de los galeses en
la Patagonia. Fue maestra y redactora del periódico I Dravod,
El Mentor. Las fotos viejas muestran a una muchacha
rolliza, de facciones apacibles, tocando el arpa en pose clásica.
Muy anciana ya, de vuelta en su tierra natal, escribió sus
memorias. Con una prosa entusiasta pintó su vida de adolescente
en el Chubut y en particular un viaje que hizo desde la costa al
Valle Encantado de la cordillera para llevar telas, azúcar,
té, carne salada y herramientas a los setenta colonos que
apenas un año antes se habían instalado allí"
(3).
Juan Faccioli, pionero friulano, fue uno de los "integrantes
de aquella primera migración que dejaron testimonios escritos":
"Según Faccioli, al llegar al Hotel de Inmigrantes se
enteraron de que estaban destinados al Territorio Nacional del Chaco,
donde les darían tierras que estaban habitadas por aborígenes.
Algunos huyeron del Hotel de Inmigrantes, pero luego de vagar sin
conseguir trabajo ni comida volvieron y aceptaron llegar a Reconquista
y, desde allí, a una colonia que se formaría al otro
lado del arroyo El Rey" (4).
"En mayo de 1889, el vapor Leerdam trajo a los primeros inmigrantes
holandeses a la Argentina. En este barco llegó, a los 10
años, Diego Zijlstra, quien en su libro, Cual ovejas sin
pastor, recuerda su llegada: Desde el vapor hasta la costa
tuvimos que navegar en lancha y carro unos diez kilómetros
soplando un viento de invierno que nos penetraba hasta la médula
de los huesos. Ya estábamos en la tercera semana de junio...
Verano en el hemisferio Norte. Pero invierno aquí... Engarrotados
de frío y medio hambrientos pisamos por fin tierra argentina.
Desde Buenos Aires, y previo paso por el Hotel de Inmigrantes, un
grupo llegó en tren hasta Tres Arroyos, mientras que otros
se instalaron en Cascallares, en la llamada Colonia del Castillo"
(5).
Marcos Alpersohn fue pionero en la colonia Mauricio, en la provincia
de Buenos Aires, y primer cronista de un asentamiento judío
en la Argentina. "Dejó escrito su interesante testimonio
sobre la llegada al país, en 1891", en el que manifiesta:
"el vapor alemán Tioko me trajo a Buenos Aires de Hamburgo,
junto con otros trescientos inmigrantes, después de una travesía
de treinta y dos días. Aún antes de que el barco entrara
en el puerto, al divisar desde lejos la ciudad envuelta por palmeras,
nos sentimos dominados por la alegría. Las madres levantaban
en alto a sus pequeñuelos, diciéndoles jubilosamente:
-Miren, chicos; ahí está el paraíso, la tierra
bella y verde que el bondadoso Barón de Hirsch ha comprado
para vosotros" (6). Días después advertirían
que la realidad poco tenía que ver con sus expectativas.
Relata el pampista Mauricio Chajchir, en sus memorias: en 1891 "se
abrió el comité del Barón de Hirsch. Fue una
salvación para los judíos y empezó el registro
de las familias. Aceptaban solamente familias con hijos varones.
Los que no los tenían, se daban maña. Hacían
inscribir a un soltero como hijo y la cosa marchaba. (...) los inmigrantes
fueron conducidos a Entre Ríos: "En 8 carretas tiradas
por tres yuntas de bueyes nos trasladaron a los lotes que después
se llamaron Rosh-Pina. Era un día de mayo, de mucho calor
y sofocante. Se acomodaron a los gringos en las carretas, mujeres,
hombres, niños, cachivaches, leña y además
8 chapas de zinc para cada familia, para hacer las viviendas, porque
en el lugar no había absolutamente nada. Todos iban arriba
en las carretas. (...) No había alambrado alguno. La primera
carreta volteaba los cardos altos que crecen en tierra virgen. La
última ya marchaba por una huella. (...) Se armaron las carpas,
una para cada familia. A eso de la medianoche se largó a
llover. Por suerte no era fría. El temporal siguió
como unos ocho días. Cuando paró el temporal, la JCA
mandó maderas de sauce y blanquillo, también paja.
Un capataz con varios peones empezaron a hacer los ranchos. Las
paredes tenían que hacerlas los mismos colonos con adobes
o de chorizos según el gusto. Algunos se ingeniaron para
hacer las paredes cortando directamente de la tierra húmeda
y colocándolos con las raíces y pastos que aún
tenían. Y estos transformados en paredes seguían creciendo"
(7).
En el siglo XX, también hubo inmigrantes deseosos de dejar
por escrito su testimonio. Nos referiremos a algunos de ellos.
Martina Gusberti es la autora de El laúd y la guerra (8),
obra en la que evoca un viaje a Italia que realiza junto a su padre
y su marido, en 1982. No era esa la primera vez que el inmigrante
regresaba a su tierra; él dice: "¡Qué bello
volver a Italia, visitar los lugares en los que luché durante
la primera guerra mundial, recorrerlos paso a paso, ver cómo
estará hoy...!".
La
hija, nacida como él en esa tierra, se pregunta acerca de
la motivación que impulsa con tanta fuerza al padre; se cuestiona
"ese afán por volver al pasado, no sé si para
fijarlo en el hoy o sólo para retroceder a él. Quizás,
ganas de detener el tiempo que se le escurría entre las canas;
o de no morir, sin mimetizarse definitivamente con el paisaje".
Este
libro puede ser leído como una crónica real de tiempos
bélicos, puede abordarse también como un relato de
viaje, como una descripción de la vida actual en la llanura
lombarda, como una historia de inmigrantes y una obra inspirada
por el amor filial y la admiración. Es todo eso y es, fundamentalmente,
la historia de un regreso que no atañe sólo al emigrante,
sino también a su descendencia, que comprende así
aún más lo ejemplar de una vida.
María Esther Podestá es la autora de Desde ya y sin
interrupciones, obra en la que destaca que, de los Podestá
actores, el único que debe ser considerado argentino por
derecho de suelo es su abuelo, Jerónimo Bartolomé.
Los demás nacieron en Montevideo, adonde había marchado
la pareja de inmigrantes ligurinos, atemorizada por el rumor de
un degüello de gringos durante la época rosista: "La
familia permaneció en Montevideo desde 1851 dice la
actriz-, allí nacieron mi tío-abuelo Pedro, Juan José
(Pepe), Juan Vicente, Graciana, Antonio Domingo, y Cecilio Pablo,
quien artísticamente suprimiría su primer nombre"
(9).
Gladys Onega escribió Cuando el tiempo era otro. Una historia
de infancia en la pampa gringa (10) convencida de que "todos
tenemos derecho a escribir nuestra historia", como ella expresó
en un reportaje (11).
Su
historia se inicia en Acebal, provincia de Santa Fe, donde nace
en 1930, y continúa en Rosario, ciudad a la que se mudan
en 1939. Sus primeros años transcurren en el seno de una
familia integrada por un gallego tan esforzado y ahorrativo como
autoritario; una criolla apasionada por la hija mayor, la lectura
y la costura; y dos hermanos, que acaparan la atención que
la pequeña reclamará para sí. Junto a ellos
encontramos la familia de la casa da pena los gallegos que
quedaron en su tierra-, los parientes gallegos que emigraron y los
parientes criollos de la madre, y los inmigrantes en su mayoría
italianos- que viven en el pueblo.
Los
días de la infancia son descriptos con nostalgia y visión
crítica. Las peleas entre los padres, los accesos de tos
convulsa, las comidas inmigrantes y nativas, el aprendizaje de las
primeras letras, los internados católicos para varones y
mujeres, la tolerancia ante la conducta infantil y los castigos
que imponía cada uno de los progenitores, son recordados
en el marco que proporcionan a esta familia los avatares de la vida
en la Argentina y en Europa; la Guerra Civil en España y
el fraude político en Santa Fe son episodios evocados detenidamente
por esta narradora que tiene la emoción de lo vivido, y la
pluma de los escritores talentosos.
Al igual que muchos de nuestros escritores, Baldomero Fernández
Moreno evocó sus años de infancia, una edad escindida,
en su caso particular, entre dos tierras, Argentina y España.
En el prólogo a sus memorias, que llevan por título
La patria desconocida, el escritor se refiere a la relación
de las mismas con sus dos patrias, y deslinda la incidencia que
España y la Argentina tienen en ellas: "Son páginas,
pues, españolas por el recuerdo que las informa, argentinas
por la mano que las trazó. Por eso este libro cobra un sentido
vernáculo, americano. Y todo aquello en medio del suspirar
por mi patria, por curiosidad, por exotismo, por poesía naciente,
y, lo que es lo cierto, por indefinible amor hacia ella" (12).
En
esa obra, recuerda a sus padres, llegados de la península
y afincados en nuestro país, donde disfrutaron al principio
de una holgada posición económica. Describe la transformación
que se operó en su padre, y afirma que la misma fue completa:
"de muchacho aldeano a rico y conspicuo miembro de una colectividad,
fundador de clubes y protector de hospitales". Cuenta asimismo
la emigración de sus abuelos maternos
Baldomero
Fernández, próspero emigrante, regresa a España
junto con los suyos, con intención de quedarse definitivamente.
Poco habría de durar la estadía en la tierra natal.
Siete años más tarde, los Fernández Moreno
se encontraban de vuelta en Buenos Aires, confrontando la realidad
con la fantasía forjada por el niño.
Raúl G. Fernández Otero escribió Ausencias,
presencias y sueños (13), autobiografía en la que
evoca su infancia en un barrio porteño, allá por el
30. El rememorar sucesos de su vida personal lo obliga a describir
la época en que transcurren y el modo de vida de esos tiempos
que -en la pluma de Fernández Otero- parece mucho más
humano que el agitado vivir del presente.
Los
padres y el hermano españoles, los vecinos, los carnavales,
las anécdotas que pueblan toda historia a lo largo de una
dilatada existencia, son la materia de la primera parte del libro
Entre los inmigrantes que arribaron a nuestro país llegó
Alberto Gerchunoff, de origen ruso, nacido en Tulchin, Vinnitsa,
en 1883, quien se estableció con su familia en una colonia
de Villaguay, Entre Ríos, después de que el padre
fuera asesinado en Moisés Ville, Santa Fe. "En aquellos
años ya distantes recuerda en su "Autobiografía"
(14), escrita en 1914-, los judíos no emigraban, y la tentativa
de colonización del Barón Hirsch iluminaba a los israelitas
de Tulchin, como la esperanza mesiánica del retorno al reino
de Israel".
En
sus páginas autobiográficas, se describe a sí
mismo vestido a la usanza de la nueva tierra: "como todos los
mozos de la colonia, tenía yo aspecto de gaucho. Vestía
amplia bombacha, chambergo aludo y bota con espuela sonante. Del
borrén de mi silla pendía el lazo de luciente argolla
y en mi cintura, junto al cuchillo, colgaban las boleadoras".
En
la colonia entrerriana a la que se trasladan luego de que el padre
es asesinado, manifiesta un profundo gusto por el folklore: "En
Rajil fue donde mi espíritu se llenó de leyendas comarcanas.
La tradición del lugar, los hechos memorables del pago, las
acciones ilustres de los guerreros locales llenaron mi alma a través
de los relatos pintorescos y rústicos de los gauchos, rapsodas
ingenuos del pasado argentino, que abrieron mi corazón a
la poesía del campo y me comunicaron el gusto de lo regional,
de lo autóctono, saturándome de esa libertad orgullosa,
de ese amor a lo criollo, a lo nativo que debió, más
tarde, fijar mi inclinación mental. En aquella naturaleza
incomparable, bajo aquel cielo único, en el vasto sosiego
de la campiña surcada de ríos, mi existencia se ungió
de fervor, que borró mis orígenes y me hizo argentino".
El
recuerdo de los sucedido al padre hace que se marchen también
de Entre Ríos y se establezcan en Buenos Aires, donde el
joven desempeña diversos oficios y estudia con ahínco
en los pocos momentos libres. Quería ingresar al Colegio
Nacional Buenos Aires, pero el ambiente en el que vivía no
era el ideal para que prosperaran estas inquietudes. A fin de reunir
el dinero indispensable para inscribirse en el colegio y para los
libros, recurre a la venta ambulante y logra su objetivo. Esa instrucción
esforzada dio admirables frutos: Gerchunoff fue periodista, profesor
de literatura, conferenciante y escritor integrante de la generación
del 900, la cual "significó una eclosión trascendente
para las letras argentinas" (15).
María Arcuschín escribió De Ucrania a Basavilbaso
(16) obra en la que rinde homenaje a sus antepasados y a quienes
llegaron a América en busca de un futuro mejor, al tiempo
que narra su propia vida en el seno de la colectividad judía
entrerriana.
Esta
colectividad, hábilmente retratada en su obra, tiene muchos
rasgos en común con otras colectividades que, desde lugares
remotos del mundo, llegaron al país impulsadas por el anhelo
de una existencia digna, la que por distintas razones no podían
tener en sus tierras de origen. En este cúmulo de inmigrantes,
sin embargo, los extranjeros presentados por Arcuschín son
indudablemente singulares.
La
escritora evoca la gesta de quienes cruzaron el mar y los ecos que
tuvo en los argentinos. Recuerda los relatos familiares sobre la
razón que los llevó a emigrar: los antepasados ""Fueron
casa por casa, puerta por puerta alertando sobre el peligro del
próximo pogrom y la urgencia de partir hacia América
en busca de libertad y de paz".
En
la obra se observa la incidencia del momento histórico y
el ámbito geográfico en los personajes; la presencia
de la autora en el texto; la religión y la educación,
el trabajo y las diversiones, como así también las
reiteradas agresiones que sufrieron los judíos de esa provincia,
y las consecuencias que trajeron a la autora y su familia.
Rosalía de Flichman escribió Rojos y blancos. Ucrania
(17). En esta obra en evoca su infancia, en la que la amargura era
una realidad cotidiana. Las persecuciones, la revolución,
la guerra civil, las violaciones y los asesinatos a los que
se suman las inundaciones y el tifus- son el cuadro con el que Rosalía
debe enfrentarse a muy corta edad: "Los blancos están
en la ciudad, persiguen sin cesar a los judíos. Matan a los
hombres, se apoderan de las mujeres jóvenes y hasta de las
niñas. Estoy cansada de tanto horror. Y los cambios continúan.
Hoy los blancos, mañana los rojos. Como somos despreciables
burgueses, estos invaden la casa y nos reducen a dos habitaciones.
El hambre se hace sentir, duele".
Más
adelante manifestará una preferencia, en su desgracia: "Quiero
que vuelvan los rojos; cantan la internacional y nos
asustan, pero que vengan pronto. Los blancos son peores, ignorantes,
desalmados, asesinos". Afirma que ella y su familia eran perseguidos
en su país de origen por dos motivos: su condición
de judíos y de burgueses. Si estas dos causas motivaron la
amenaza constante a la que estaban sometidos, también significaron
la posibilidad de radicarse en nuestra tierra, ya que la madre se
apoyó "en instituciones judías que ayudan a los
emigrantes fugitivos que salen de Rusia", y el hecho de ser
pudientes les permitió una salvación que a otros estuvo
negada.
Agobiada
por la tristeza, la niña piensa en el padre, al que no ve
desde hace años. Después de muchos trámites,
emigran para reencontrarse con él. Por fin, llegan a Mendoza.
Ha comenzado para Rosalía "una larga vida en la Argentina,
una vida plena y feliz".
Maggie Pool es la autora de Where the devil lost his poncho (18)
obra en la que evoca el medio siglo que transcurre a partir de su
llegada a la Argentina, "no bien terminada la guerra, como
modesta secretaria de un organismo británico, casi con lo
puesto y con sólo doce libras esterlinas, que era la máxima
cantidad de dinero que se permitía sacar de Inglaterra en
aquel momento de crisis".
En
la nueva tierra, Pool "queda deslumbrada por la riqueza que
ve en Buenos Aires, por el tamaño de los bifes y los postres
de un simple restaurant, donde se come lo que ninguna familia inglesa
veía desde hacía años" .
"Nada
disminuye su amor por la segunda patria. Con los años se
traslada a vivir a Bariloche y, por fin, al valle de El Bolsón.
La Patagonia la atrapó y parece ser su punto de residencia
definitiva en su larga vida iniciada allá lejos y hace
tiempo pero al revés que Hudson- en Irlanda y Escocia. Aquí
está el paraíso, resume sobre el final. Lo transmite
con la certidumbre de quien ha sabido ver mucho más allá
de las vicisitudes de la vida cotidiana" (19).
Jennie
E. Howard nació en Boston, Estados Unidos, en 1844 y falleció
en Buenos Aires en 1933. "Llegó al país en 1883,
junto con las maestras contratadas por Clara Armstrong para dirigir
las Escuelas Normales de niñas a pedido de Julio A. Roca.
Tras organizar la Escuela Normal de Niñas de Corrientes,
realizó la misma tarea en la ciudad de Córdoba y en
San Nicolás, provincia de Buenos Aires, donde permaneció
hasta 1903. En 1931, publicó un libro de memorias en inglés,
que en 1951 fue vertido al castellano con el título de En
otros años y climas distantes" (20).
Biografías
Otros
autores, en cambio, escribieron sobre personas cuyas vidas les parecía
interesante dar a conocer. No se trata ya de presentar sus propias
vivencias del fenómeno de la inmigración aunque
muchos de ellos descienden de inmigrantes-, sino de evocar la azarosa
existencia de quienes llegaban a una tierra con esperanza, pero
también con desazón y temor.
La Asociación Dante Alighieri publicó numerosos volúmenes
de biografías de ítaloargentinos destacados. Entre
estos volúmenes se cuentan Rodolfo Kubik, compositor y músico,
por Vittorio Balanza; Juan A. Buschiazzo, arquitecto y urbanista
de Buenos Aires, por Alberto O. Córdoba; Torquato Di Tella,
industrial y algunas cosas más, por Torcuato Di Tella; Roberto
F. Giusti. Su vida, su obra, por Fermín Estrella Gutiérrez;
El padre Marcos Donati y los franciscanos italianos en la misión
de Río Cuarto, por Inés I. Farías; Eugenio
Pini, el maestro y las armas, por Alberto A. Fernández; Cesare
Cipoletti. Sus obras, sus proyectos, sus colaboradores, por Paolo
Girosi; José Ingenieros, por Francisco P. La Plaza; Francisco
Bibolini. De la Liguria a la Pampa, por María C. Maradeo;
Agustín Rocca en treinta años de recuerdos, por Dionisio
Petriella; Alberto M. De Agostini SDB, por Amalia del Pino; Clemente
Onelli, de pionero de la Patagonia a director del Jardín
Zoológico, por Diego A. Pino; Rodolfo Mondolfo, maestro insigne
de filosofía y humanista, por Eugenio Pucciarelli y otros;
Carlos Spada, médico y filántropo, por Carlos A. Rezzónico;
Víctor De Pol, el escultor olvidado, por Edgardo J. Rocca;
Eugenia Sacerdote de Lustig, una pionera de la ciencia en la Argentina,
por Laura Rozenberg; Joaquín Frenguelli. Vida y obra de un
naturalista completo, por Mario E. Teruggi, y Syria Poletti, mujer
de dos mundos, por Walter Gardini.
En uno de los Cuadernos Patagónicos se presenta la biografía
del padre De Agostini. Transcribimos un fragmento de la misma: "Alberto
María De Agostini nació en Pollone, pequeño
pueblo de Piamonte, en las cercanías de Biella, el 2 de noviembre
de 1883. Fue ciertamente la feliz ubicación de la región
natal, al pie de los Alpes, y la vecindad de Biella, cuna del alpinismo
italiano, las que influyeron, desde la juventud, en el ánimo
y las preferencias de De Agostini. La pasión por la montaña,
por los grandes espacios y las zonas inexploradas creció
con él, y ya sobre los Alpes supo destacarse como experto
alpinista que acompañaba, junto a la acción, la investigación,
los escritos y la documentación fotográfica"
(21).
Alcides J. Bianchi es el autor de Valentìn, el inmigrante
(22), obra en la que relata la vida de su padre, exitoso empresario
afincado en Mendoza. Don Valentín nació en Fasano,
Italia, en 1887. Se dedicó a la docencia hasta que una carta
de su hermano lo decide a emigrar a la Argentina. Tenía veintidós
años. El hijo evoca ese viaje lleno de ansiedad e incomodidades,
con las ratas caminando por encima de la cama del pasajero.
En
nuestro país, el italiano desempeñó distintos
oficios, destacándose por su facilidad para la contabilidad
y su excelente caligrafía, que le valió el apodo de
"el gringo de la letra bonita". Fue empleado contable
y rematador de lotes, hasta llegar a su ocupación definitiva:
la de bodeguero.
Formó
familia en San Rafael, donde nacieron sus hijos. La esposa soportó
la estrechez de los primeros tiempos haciendo economía en
el hogar. El autor relata que la mujer cazaba pajaritos con su rifle
y los hijos pequeños, en ese entonces- los deshuesaban,
para almorzarlos con polenta.
Cuando
llegó el momento de pensar en el futuro de su empresa, hizo
que los hijos mayores una hija y el autor de la biografía-
estudiaran para poder continuar con el emprendimiento paterno. A
partir de ese momento, comenzó a viajar periódicamente
a Fasano, donde, ya viudo, pasaba temporadas con su hermana, a quien
no había visto durante décadas. Bianchi encontró
la muerte en una ruta de su pueblo, en 1968.
El
autor relata - basándose en una importante investigación
y en la colaboración prestada por aquellos a quienes agradece-
cómo el inmigrante llegó, desde la orfandad que signó
su infancia, hasta la posición social y económica
que se forjó en la Argentina.
Este
libro narra la historia de un inmigrante exitoso que, sin embargo,
nunca dejó de sentir nostalgia por su tierra.
Rubén Benítez escribió Los dones del tiempo
(23), libro en el que narra la vida de la asturiana Cecilia Caramallo.
En
esta novela, América aparece como el destino soñado,
que desconcierta a los extranjeros con su forma de entender la vida
y las distancias. Para un portugués, para una asturiana,
las distancias son enormes; la cantidad de ganado - tanta que debe
dormir a la intemperie- resulta asombrosa. Son realidades difíciles
de aceptar para quienes vienen acostumbrados a lo exiguo, a lo mínimo.
De ahí la reacción de la protagonista cuando ve que
tiran comida; piensa qué hubieran hecho en su aldea con aquello
que derrochaban los argentinos.
En
Bahía Blanca, en Pelicurá, se desarrolla la acción
y esta circunstancia la vuelve de especial interés para quienes
habitan la ciudad y para quienes, desde cualquier parte del mundo,
quieran saber sobre la forma de vida de los inmigrantes en ese punto
de la Argentina. Benítez aporta datos sobre la vida de portugueses,
asturianos, escoceses, e ingleses en la provincia de Buenos Aires
a partir de fines del siglo pasado y hasta nuestros días,
en que la anciana, al volante, espanta a transeúntes y automovilistas.
La vida de su madre es el tema que Jorge Fernández Díaz
eligió para su libro. Mamá (24) cuenta la historia
de una asturiana de quince años que, en 1947, viaja hacia
América. Aquí la esperan sus tíos, con los
que vivirá haciendo las veces de hija adoptiva y criada.
Luego vendrá la discriminación en la escuela, el honor
de llevar la bandera a pesar de todo, el trabajo, el casamiento
con otro asturiano, los hijos, los nietos, y las reuniones con las
amigas españolas en un patio de comidas porteño. También
llegará la tristeza de ver partir a una paisana de vuelta
a España, y comprobar que esa mujer -así como de joven
sintió nostalgia de la tierra que dejaba-, a los setenta
y dos años, siente nostalgia de la Argentina.
La
narración, estructurada en capítulos con nombres de
los personajes, surge del reportaje que Jorge Fernández Díaz,
director de la revista Noticias, efectuó a su madre durante
más de cincuenta horas; "Comencé a garabatear
frases e ideas sobre su azarosa biografía en un cuaderno
Rivadavia de tapa dura cuando me contó que hacía lagrimear
a su psiquiatra", escribe el hijo.
Ese
dolor de la inmigrante, y su fe en el futuro, que la hizo salir
adelante en un mundo en el que poco apoyo tenía, son homenajeados
por Fernández Díaz en una obra que nos hace sentir
admiración por esta mujer que logró tanto contando
sólo con su tenacidad.
En 1865, "Sebastián Hamilton, acompañado por
su hermano Thomas, llega a la Argentina, donde su padre había
adquirido tierras y donde William, su hermano mayor, ejercía
la profesión de médico. Viajó de mala gana
pero finalmente quedó seducido por la amplitud de las tierras
pampeanas y por el estilo de vida de los gauchos, y obsesionado
por la tierra que heredó".
La
autora de Don Sebastián (25) es Susan Wilkinson, nacida en
Bombay y formada en Dublin, quien en 1970 se estableció en
Buenos Aires y conoció "la tierra que habían
habitado sus ancestros su tatarabuelo llegó con sus
cinco hermanos a la Argentina en 1866, y fue entonces que la rama
familiar quedó dividida, algunos volvieron a la Irlanda originaria
y otros quedaron para siempre aquí, formando parte de la
llanura extensa de La Pampa-." (26).
"La vida y obra del padre Salvaire es desde hace tiempo motivo
de estudio de monseñor Dr. Juan Guillermo Durán. Apasionado
y comprometido con el tema, ha emprendido una cuidadosa investigación
recurriendo a archivos de distinta naturaleza para dar cuerpo a
dos de los tres volúmenes dedicados a su figura" (27).
En "Polidoro Segers, el primer médico de Tierra del
Fuego" (28), Raúl Agustín Entraigas relata la
biografía del belga, nacido el 7 de mayo de 1852 en Gante,
Bélgica. "Tierra del Fuego tiene una deuda con él
-concluye. Estoy seguro que la saldará, porque los fueguinos
son así: pueden ignorar, pero no saben olvidar".
Nora Ayala evoca en Mis dos abuelas. 100 años de historias
(29) las vidas de Gerònima, su abuela criolla que vivía
en Misiones, y la de Christina, su abuela alemana que se estableció
en Trelew.
Christina
es una mujer con estudio que viaja a la Argentina contratada como
ama de llaves en casa de un director de un banco de su país.
Ya en Adrogue, provincia de Buenos Aires, conoce a un italiano con
el que se casa. Habiendo nacido los hijos, el hombre decide que
lo mejor es volver a su tierra, para vivir de rentas. No imaginaba
que, para ello, debería dejar aquí a una de sus hijas,
que no pudo embarcar a causa de una enfermedad. Cuando el hombre,
dos años después, vuelve temporariamente a la Argentina,
no es a la niña a quien lleva a Italia -como le había
pedido su esposa-, sino al padre, deseoso de ver su pueblo. Se avecina
la guerra y el italiano hace oìdos sordos a su mujer, quien
insiste en que deben regresar, quien insiste en que deben regresar,
aprovechando que los hijos salvo la menor- son argentinos.
Finalmente
vuelve Christina, sin marido y con algunos de los hijos, ya que
otros quedan trabajando y uno està preso por haberle pegado
a un superior, durante una estadía forzada en la milicia.
Comienza entonces una vida nueva para la alemana, quien, utilizando
los conocimientos que traía de su tierra, además de
su ingenio y esfuerzo, pone un negocio que prospera y se sobrepone
a las dificultades.
Pedro Dobrée relata, en "La emperatriz de San Julián",
la biografía de Berta Freytag. "Mucho tiempo después,
en la década de 1980, en Berlín, María Brunswig
de Bamberg -una de aquellas pequeñas con las cuales Berta
llegó a la Argentina austral y que luego fue autora de ese
muy simpático libro llamado Allá en la Patagonia,
editado por Vergara - asistía a una conferencia de Osvaldo
Bayer. Al finalizar le preguntó si en sus trabajos de investigación
sobre la vida patagónica había tomado conocimiento
de Berta Freytag. Cómo no -le contestó Bayer-
Berta Freytag fue amante del comisario del pueblo durante muchos
años, hasta que un día éste la ultimó
de dos tiros, por celos " (30).
Chuny Anzorreguy escribió El ángel del capitán.
Biografía del capitán croata Miro Kovacic (31). El
biografiado, emigrado a la Argentina a mediados del siglo pasado,
nació en 1914. Kovacic evoca con nostalgia su niñez
en Zagreb y la educación que le dio su madre. Padeció
la guerra; ansiaba la paz.
Un
amigo le sugiere dirigirse al Instituto Croata de Cirilo y Método.
Allí, se entera de que "Un país sudamericano
había puesto a disposición del Instituto diez mil
visas para los croatas que las necesitaran. No a los largos trámites.
No a las profundas investigaciones. No al interminable papelerío".
Cuanto más se informan, más se entusiasman.
A
fines del 47, la familia integrada por el capitán, su esposa
y la hija de la mujer, llega a América. A pesar del optimismo,
el primer tiempo "fue difícil". Se daban cuenta
de que, sin saber castellano, no podrían trabajar. Más
tarde, la situación mejora, hasta que el croata llega a tener
su propia empresa.
El
libro, minuciosa y profusamente documentado, nos permite conocer,
a través de una personalidad relevante, a un pueblo que brindó
su aporte al "mosaico de colectividades" que es hoy la
Argentina.
Eduardo Bedrossian recuerda emocionado a su padre, sobreviviente
del genocidio, en Hayrig (32). "Este relato afirma Nélida
Boulgourdjian- trasciende la historia personal de Hagop Bedrossian
para adquirir una dimensión colectiva que involucra a todo
un pueblo" (33).
Sobre
la primera parte de esta historia, afirmó María Isabel
Clucellas: "bajo una estructura de doble faz, Bedrossian hijo
narra en primera persona la odisea paterna. A partir de los primitivos
años de paz y bonanza que corresponden al siglo pasado, el
autor ilustra a sus lectores sobre la vida familiar en Geben, un
pedazo de la historia ancestral de los armenios. Las montañas,
la aldea, las casas con paredes de piedra, el calor de las reuniones
en torno al hogar presididas por un narrador ocurrente y sentencioso
que contaba, educando, historias y costumbres, reviven en páginas
coloridas, amenas, donde anécdotas y sucesos van tejiendo
una urdimbre de sólidas y justificadas nostalgias" (34).
En
"A los que se encuentran en un pozo" (35), Gustavo Bedrossian,
hijo del escritor, homenajea al protagonista de las biografías,
su abuelo:
"
Esta es una historia real, crudamente real, maravillosamente real".
"
La situación es la siguiente: el protagonista es un adolescente
que ha perdido a su familia. Hace minutos vio cómo delante
de sus narices mataron a parte de su familia a palazos. A él
mismo luego de golpearlo lo arrojan a un pozo donde tiran los cadáveres
de los que golpean y matan pensando que está muerto. Pero
él no está muerto... Siguen matando gente y tirándola
encima de este muchacho. Sangre, gritos, el propio dolor, el pánico.
Un pozo... un pozo donde sólo se respira muerte".
"
¿Qué expectativas podemos tener de este muchacho?
Quizá el más optimista puede suponer que sobreviva
y termine con algún tipo de enfermedad mental".
"¿Sabés
cómo siguió la historia? Este chico, de nacionalidad
armenia, que simuló estar muerto, por la noche, cuando se
fueron los turcos, pudiendo sacarse algunos cuerpos de encima, logró
escapar con otros muchachos más. Un detalle para agregar:
un hermano suyo que sobrevivió prefirió quedarse en
el pozo para estar con una mujer que suponía era su madre".
"Ese
muchacho se llamó Agop Bedrossian. Fue mi abuelo. Vivió
más de cien años. Falleció hace poquito. Mi
padre lo homenajeó a él y a su generación con
dos libros: Hayrig I y Hayrig II. Pasó por mil problemas
más. Pudo llegar a la Argentina. Se casó. Tuvo cinco
hijos (falleciendo una de sus hijas siendo muy pequeña de
un modo trágico), nueve nietos, En vida conoció a
trece bisnietos (hace unos días nacieron la catorce y la
quince). Siempre, siempre, siempre siguió luchando. Siempre,
siempre, siempre, lo vi orando de rodillas en su idioma a Dios por
él y por los demás".
"Veo
a mi familia: mi esposa, mi hijo, la "quince" recién
llegada, mis padres, hermanos, tíos, primos, cuñados,
sobrinos, etc....".
"Veo
también el pozo...."
"Gracias
Agop por no haberte quedado en el pozo ni física ni mentalmente".
"Gracias
Agop porque siendo una persona sencilla nos mostraste que de los
pozos (por supuesto menos trágicos que el tuyo)
se sale de rodillas, pidiendo la ayuda de Dios".
"Gracias
Agop porque aprendí de vos que de un pozo, casi sin esperanzas,
se puede salir para alcanzar grandes cosas".
Memorias
y biografías son testimonios de los que nos valemos cuando
queremos conocer la historia de la inmigración en nuestro
país. En ellas, encontramos la evocación de vidas
llenas de coraje y nostalgia. Y la conciencia del autor de pertenecer
a una tierra, y haber elegido otra a la que ama con la misma intensidad.
NOTAS
1. Fugl, Juan: Memorias, citado por Lynch, John: Masacre en las
pampas. La matanza de inmigrantes en Tandil, 1872. Buenos Aires,
Emecé, 2001.
2. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biográfico de Mujeres
Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.
3. Wolf, Ema y Patriarca, Cristina: La gran inmigración.
Buenos Aires, Sudamericana, 1991.
4. S/F: "Friulanos sobre el Paraná", en La Nación
Revista, 29 de julio de 2001.
5. S/F: "Historia de pioneros", en Clarín, Buenos
Aires, 2 de febrero de 2002.
6. Alpersohn, Marcos: Memorias de un colono argentino, en Judaica
N° 50. Tomado de Senkman, Leonardo: La colonización judía.
Buenos Aires, CEAL, 1984.
7. Chajchir, Mauricio: "Viaje al país de la esperanza.
Relato de un viajero del Pampa", en La Opinión, Buenos
Aires, 8 de agosto de 1976, reproducido en Asociación de
Genealogía Judía de Argentina, Toldot #8. Noviembre
de 1998.
8. Gusberti, Martina: El laúd y la guerra. Buenos Aires,
Vinciguerra, 1996.
9. Podestá, María Esther: Desde ya y sin interrupciones.
Buenos Aires, Corregidor, 1985.
10. Onega; Gladys: Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia
en la pampa gringa.. Buenos Aires, Grijalbo Mondadori, 1999.
11. Duche, Walter: "Todos tenemos derecho a escribir nuestra
historia", en La Prensa, Buenos Aires, 18 de julio de 1999.
12. Fernández Moreno, Baldomero: La patria desconocida.
13. Fernández Otero, Raúl G.: Ausencias, presencias
y sueños. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 2000.
14. Gerchunoff, Alberto: "Autobiografía", en Feierstein,
Ricardo (selecc. y prólogo): Alberto Gerchunoff, judío
y argentino. Buenos Aires, Milá 2001.
15. Romano, Eduardo, en Historia de la literatura argentina. Buenos
Aires, CEAL, 1980.
16. Arcuschín, María: De Ucrania a Basavilbaso. Buenos
Aires, Marymar, 1986.
17. Flichmann, Rosalía de : Rojos y blancos. Ucrania. Buenos
Aires, Per Abbat, 1987.
18. Pool, Maggie: Where the devil lost his poncho. Edimburgo, The
Pentland Press, 1997.
19. Sopeña, Germán: "Tierra lejana", en
La Nación, Buenos Aires, 13 de julio de 1997.
20. Sosa de Newton, Lily: op. cit.
21. S/F: Cuadernos Patagónicos. "El padre De Agostini
y la Patagonia", en www.tecpetrol.com.
22. Bianchi, Alcides J. Valentìn, el inmigrante. Santiago
de Chile, ediciòn del autor, 1987.
23. Benítez, Rubén: Los dones del tiempo. Buenos Aires,
Grupo Editor Latinoamericano, 1998.
24. Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires,
Sudamericana, 2002.
25. Wilkinson, Susan: Don Sebastián. Buenos Aires, Javier
Vergara Editor, 1996.
26. Gacetilla de prensa.
27. S/F: "Para acercarse al mundo de Salvaire", en www.elcivismo.com
28. Entraigas, Raúl Agustín; "Polidoro Segers,
el primer médico de Tierra del Fuego", en Museo del
Fin del Mundo. Biblioteca Virtual,:www.Tierra del Fuego.org.ar
29. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997.
30. Dobrée, Pedro: "La emperatriz de San Julián",
en Río Negro on line, General Roca, 19 de julio de 2003
31. Anzorreguy, Chuny: El ángel del capitán. Biografía
del capitán croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor,
1996.
32. Bedrossian, Hagop: Hayrig. Ediciones Akian. Buenos Aires, 1991.
33. Boulgourdjián-Toufeksián, Nélida: "Los
armenios en Buenos Aires" La reconstrucción de la identidad
(1900-1950). Buenos Aires, Centro Armenio, 1977.
34. Clucellas, María Isabel: en La Prensa, 8 de septiembre
de 1991.
35. Bedrossian, Gustavo: "A los que se encuentran en un pozo",
en www.psicorecursos.com.ar.
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