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ENTRETENIMIENTOS
Títeres
Javier
Villafañe evoca los teatros de tìteres a los que asistìan
los italianos de La Boca: "Teníamos entre diecisiete
y diecinueve años y descubrimos los títeres de La
Boca, con Wernicke, José P. Correch y José Luis Lanuza.
Era un teatro estable con muñecos de origen italiano -'los
pupi'- que hablaban y decían los textos en genovés...
A ese ámbito llegué por primera vez a los diecisiete
años. ¡Qué impresión, quedé maravillado!
Estos marionetistas representaban episodios de obras que duraban
hasta un año. En estos espectáculos de los títeres
de San Carlino, las marionetas pesaban entre 20 y 30 kilos y eran
manipuladas por una barra. Este descubrimiento de los títeres
de La Boca, tal vez, selló mi camino.
Desde
ese momento visité reiteradamente a don Bastián de
Terranova y a su mujer doña Carolina Ligotti -eran una pareja
muy hermosa-, descendientes de antiguas familias marionetistas -titiriteros
sus abuelos y sus padres-, quienes tenían en Sicilia uno
de los más famosos teatros de marionetas. Representaban obras
clásicas: Ariosto, de Torcuato Tasso, episodios de las aventuras
de Orlando y Rinaldo, que duraban en episodios un año entero,
y casi siempre, era su público -el mismo público-
viejos italianos, nostálgicos marineros, obreros del puerto
de La Boca y algunos curiosos como yo y como Raúl González
Tuñón, que me había dedicado su libro El violín
del diablo, en plena calle y con quien desde ese entonces, además
de frecuentar el teatro de San Carlino, nos hicimos muy amigos".
Recuerda
la relación que lo unió a los titiriteros: "Estos
viejos titiriteros de La Boca se convirtieron en grandes amigos
míos. Los frecuentaba, y fui testigo de cómo, al igual
que sus abuelos y padres, envejecieron y murieron al lado de sus
marionetas. Conservo aún fresco en mi memoria el recuerdo
imborrable de estos dos pioneros inmigrantes que despertaron en
mí la pasión más perdurable por el teatro de
muñecos. Desde ese instante y hasta hoy, con 80 años,
sigo firme y fiel a ese mandato de la historia en constituirme en
un humilde difusor de este arte milenario que es el títere".
"También
por esos años -relata Pablo Medina- descubrió (Villafañe)
el teatro de Vito Cantone, de Catania, Italia, que se instaló
en La Boca, en la calle Necochea 1339, sobre el 'camino viejo'.
Ahí estaba el Teatro Sicilia: teatro de títeres, seres
de ficción construidos en madera, vestidos y ornamentados
con terciopelo, seda y otras telas de múltiples colores.
Cantone provenía de una dinastía aggiornada y muy
antigua de la historia de los títeres sicilianos. Llegó
a la Argentina con la gran inmigración de 1895" (1).
Notas
1 Medina, Pablo: "Historias de ida y vuelta", en Villafañe,
Javier: Antología. Obra y recopilaciones. Buenos Aires, Sudamericana,
1990.
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