INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco

LOS OFICIOS

En la tierra natal


Muchos inmigrantes y quienes escribieron sobre ellos nos hablaron de los oficios que desempeñaban en su tierra natal. Salvo contadas excepciones, es constante la referencia a la pobreza de estos hombres y mujeres que buscaron en América una nueva vida.

En El mar que nos trajo, dice Griselda Gambaro que Agostino "Cada atardecer, salvo que el tiempo lo impidiera, salía en barca bajo patrón en jornadas que, según la pesca, concluían al amanecer o al mediodía siguiente. Se trabajaba mucho y se ganaba poco. (...) Ellos estarían condenados al mismo ritmo de trabajo toda la vida: la pesca, la venta a precios viles y el ocio destinado al arreglo de las redes" (1).

En La noche lombarda, Atilio Betti evoca los oficios de sus mayores: la cría de ganado, la caza de ranas, la hilandería, la tintorería y el cultivo del arroz. Se refiere asimismo a los trabajadores golondrina, quienes viajaban "de Europa a América, de la Argentina a Italia, para ganar el jornal en la época de la cosecha" (2). (Alberto Sarramone afirma que posiblemente fue el escritor Víctor Gálvez, el que les dio el apelativo, pues decía en 1888, 'Hay extranjeros que se asemejan a las golondrinas, son aves de paso, vienen cuando el invierno está en sus bolsillos" (3).

Mempo Giardinelli escribe, en Santo Oficio de la Memoria, que, en Filetto, los nativos eran pescadores, viñateros, cosechadores de olivas (4).

Agricultores y pastores eran los Dal Masetto en su tierra lombarda. Lo relata el hijo en un reportaje: "Cuando retozaba por las montañas de Intra, su padre Narciso y su madre María eran campesinos. Cultivaban todo tipo de verduras y frutas: hileras de vid para hacer vino. (...) él era el encargado de sacar a pastar las ovejas y las cabras" (5).

Había también inmigrantes con alguna formación. Un "extraño oficio", heredado de su abuela, ejercía Syria Poletti en Friuli: escribía cartas para quienes se habían marchado (6). El anarquista Severino Di Giovanni -dice Osvaldo Bayer- "había sido maestro en Italia, pero sus estudios no eran universitarios" (7), y se había iniciado en el oficio de tipógrafo en su tierra. Había sido maestro asimismo Valentín Bianchi, quien luego sería empresario en Mendoza: "La escuelita en la que Valentín ejerce su profesión de maestro queda a poca distancia del pueblo. La responsabilidad asumida lo entusiasma. Su medio de movilidad para llegar a la escuela es una bicicleta que domina con admirable habilidad. La ruta no es fácil por sus pronunciadas bajadas, subidas y curvas a todo lo largo del trayecto" (8).

Y universitarios, como el capitán Miro Kovacic, que había estudiado Economía en su juventud (9).
Y personal de servicio, como la madre de la protagonista de Diario de ilusiones y naufragios, que "había sido ama de leche en casa de una marquesa" (10), en España. Como podían subsistían unas catalanas: "En España vivíamos en San Gervasio, a pocos kilómetros de Barcelona -cuenta Remey-. Y yo recuerdo que cuando empezó la guerra, mi papá nos fue a buscar al colegio en bicicleta y ya estaban todos los guardias civiles muertos... yo tenía nueve años. Mi padre falleció en esos días, de apendicitis. Así que mamá se quedó sola con los cuatro hijos. Yo, la mayor y mi hermana menor con nueve meses. Me acuerdo de que para poder vivir, mi mamá hacía estraperlo, contrabando de comida. Iba a los pueblos, compraba comida y la traía en el cuerpo, puesta. (...) en un viaje, en el que traía arroz en unos tubos escondidos en unos corsets, los guardias se dieron cuenta, y entonces mi madre se tajeó todo el corset, porque si la comida no era para nosotros, no se la iba a quedar nadie...Con mi hermana aprendimos y hacíamos estraperlo de carne, en las valijas del colegio... esa carne se vendía y podíamos subsistir" (11).

Muy pequeña también empezó a trabajar la asturiana Carmen Díaz: "cumplía con su rutina de hierro. Aprendió a ordeñar, llena de prevenciones, en la edad de las primeras muecas. Su madre, que no andaba para remilgos, la obligó de mala manera a perderle respeto a la vaca, ese monstruo gigantesco e imprevisible. Cada madrugada, Carmina andaba a pie cuatro kilómetros hasta una cabaña, ordeñaba la pinta y bajaba con la leche para sus hermanos. Luego regresaba para limpiar la boñiga y cuidar que las vacas de Teresa no pastaran en los sembradíos, hasta que los tábanos del mediodía las picaban y ponían nerviosas, y entonces mamá las metía de nuevo en la cuadra y llenaba de pasto el pesebre. La mayoría de los días madre e hija araban la tierra descalzas. Muy de vez en cuando su tío Rogelio les regalaba un par de alpargatas" (12).

Doña Pilar es una inmigrante española casada con un italiano, ambos personajes de Pájaro de barro, de Samuel Eichelbaum. La inmigrante opina acerca de las mujeres argentinas: "En este país, las mujeres jóvenes no trabajáis. Eso está mal. En mi tierra... En mi tierra, cuando las mujeres tienen tu edad, las ponen a trabajar en los olivares..." (13).

En el orfanato italiano en el que vivía Agata, el personaje de Dal Masetto, trabajaban desde muy corta edad: "Todas las mañanas nos levantábamos a las seis para asistir a misa. Después concurríamos a clase y el resto del día teníamos que trabajar. Las mayores bordaban y tejían. Sabíamos que el orfanato vendía esa producción afuera. A las más chicas nos hacían arrancar yuyos, juntar ramas secas, cuidar los animales, acarrear baldes de agua, apilar el heno. Pero lo peor era cuando me mandaban a cuidar que la vaca, mientras pastaba, no se pasara a la parte sembrada. Le tenía miedo".

De vuelta en su casa, Agata colabora en la vendimia: "No eran más que un par de días, pero estaban tan llenos de acontecimientos que se me antojaban semanas. Venían dos primas mías a ayudarnos, las hijas de mi tía Giulia, que tenían más o menos mi edad. Se quedaban a dormir y por lo tanto la agitación seguía inclusive durante la noche. Nos enloquecíamos corriendo entre las vides, cortando los racimos y cargando los canastos. Después nos descalzábamos, nos metíamos en la tina y, entre risas y empujones, íbamos pisando la uva".

A los trece años, Agata empieza a buscar trabajo: "En realidad, otras personas, amigas de mi padre o de Elsa, lo buscaban por mí. Hablaban con jefes y encargados, venían a vernos para contarnos los resultados de las conversaciones. Tarni no era un pueblo grande, pero había muchas industrias. (...) Para mí la fábrica era (nadie me había sugerido lo contrario) el elemento que aseguraba el salario, la imagen que sostenía una oscura ilusión de progreso" (14).
El croata Miro Kovacic, era militar. Su esposa, psicopedagoga. No pudieron ejercer esas profesiones en la nueva tierra (15).

Lajos Fehér, en su Hungría natal, "comenzó como cadete en una gran empresa textil donde al cabo de un tiempo llegó a ser Gerente. (...) Una de las primeras leyes que impusieron en Hungría, establecía que no podía haber ninguna empresa en el territorio en el que el número de empleados judíos superase el 1 por ciento del total empleado. El resto del personal debía ser probadamente católico. La empresa donde trabajaba Luis, estaba conformada al revés en los porcentajes. Los judíos eran alrededor del 90 por ciento. (...) De la noche a la mañana, Luis se encontró sin trabajo pero con una importante suma de dinero entregada como indemnización por los dueños de la empresa. Estos, ante la confiscación de la misma y sabiendo que iban a perder todo, decidieron aumentar esos valores hasta los límites máximos, aún a costa de cierto riesgo personal, y entregárselos a toda esa gente que tan fiel le había sido por tantos años, en lugar de dejarla en manos de ese gobierno pro-nazi" (16).

En Rusia se recibió de partera una de las inmigrantes que evoca Bernardo Verbitsky en Hermana y Sombra. Recuerda el hijo "La verdadera revolución para la cual necesitó un temple que entonces yo no estaba en condiciones de apreciar la realizó al inscribirse en el primer año de la Escuela de Parteras de la Facultad de Medicina, dispuesta a realizar íntegra la carrera que ya había estudiado en su país natal. Esto resultaba más largo que revalidar el título pero desde el punto de vista de la preparación, más sólido, y simple, pues evitaba la obtención y legalización del diploma y los documentos, entonces imposible por la falta de relaciones diplomáticas" (17).

En "Cada inmigrante una historia: Caden Avayú", relata José Mantel: "Yaacov Avayú y su esposa, Esther Bensignor, vivían en la "Muntaña" en los alrededores de Izmir con sus cinco hijos. Donna, la bojora, Shelomo, Muis y las buchukas (1) Clara y Cadén, mi madre. Era un excelente artesano zapatero, con taller propio y varios obreros, con un buen pasar económico. Habilidoso en tareas manuales, había construido un corral donde tenía un macho cabrío negro de gran cornamenta. Pese a la apacible vida de la familia, la inestable situación política y la perspectiva de un servicio militar muy riesgoso, hizo que sus hijos varones emigren a la Argentina, más precisamente a Entre Ríos" (18).


Notas
(1) Gambaro, Griselda: El mar que nos trajo. Norma, 2001.
(2) Betti, Atilio: La noche lombarda. Buenos Aires, Plus Ultra, 1984.
(3) Sarramone, Alberto: Historia y sociología de la inmigración argentina.
(4) Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires, Seix-Barral, 1991.
(5) Roca, Agustina: "Historia de vida", en La Nación Revista, 12 de julio de 1998.
(6) Poletti, Syria: Extraño oficio. Buenos Aires, Losada, 1971.
(7) S/F: "Las cartas de amor de Severino Di Giovanni", en Clarín, Buenos Aires, 27 de julio de 1999.
(8) Bianchi, Alcides J.: Valentín el inmigrante. Santiago de Chile, Ed. del autor, 1987.
(9) Anzorreguy, Chuny: El ángel del capitán. Biografía del capitán croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor, 1996.
(10) Scotti, María Angélica: Diario de ilusiones y naufragios. Buenos Aires, Emecé, 1996.
(11) Ceratto, Virginia: "Gris de ausencia. Volver a empezar en un mundo nuevo", en La Capital, Mar del Plata, 26 de noviembre de 2000.
(12) Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
(13) Eichelbaum, Samuel: Pájaro de barro. En El teatro argentino 10.Samuel Eichelbaum Selección, prólogo y notas por Luis Ordaz. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
(14) Dal Masetto, Antonio: Oscuramente fuerte es la vida. Buenos Aires, Sudamericana, 2003.
(15) Anzorreguy, Chuny: op.cit.
(16) Weisz, José Martín: ...mientras los violines tocana csárdás. Un viaje a Hungría. Buenos Aires, Editorial Milá, 2002.
(17) Verbitsky, Bernardo: Hermana y Sombra. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1977.
(18) Mantel, José: "Cada inmigrante una historia: Caden Avayú", en SEFARaires, N° 21, Enero de 2004.


En la tierra natal
En el barco
En Buenos Aires
En las provincias
Inmigrantes destacados

 

En su mayoría sin estudios, los inmigrantes se las ingeniaron para que sus hijos pudieran estudiar. Haciendo lo que sabían o aprendiendo nuevas labores, encontraron una vida digna, en la que el esfuerzo tuvo frutos. El país les ayudó, pero ellos no cejaron.



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