INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco

COSTUMBRES

La solidaridad


La solidaridad era otro de los bienes espirituales de los inmigrantes. Ema Wolf y Guillermo Saccomanno señalan que "La inmigración, por esos años, hacinaba a un grupo humano de orígenes diversos y remotos que convivía con rencores e indiferencias pero unido por esa desgracia común de sentirse pobres y relegados en una tierra extraña" (1).

Nacido en Berisso, Esteban Peicovich, hijo de dálmatas, recuerda la localidad como "una sociedad compuesta por treinta y siete etnias diversas que, en medio de la crisis, hacía de la vida vecinal un acto religioso. No piqueteaban. Se defendían con el trueque, la huerta y la mano pronta al caído en desgracia mayor. Una red de asistencia que permitía preservar la costumbre traída: mantener lo genuino y sostener a los hijos en medio de la adversidad" (2).

Esta condición de los inmigrantes es resaltada por la actriz María Rosa Fugazot: "la hija de la legendaria actriz de teatro, revista y cine María Esther Gamas y del músico Antonio Fugazot recordó: 'De chica, mamá vivió en un conventillo; decía que era como la casa grande de una gran familia. Había un matrimonio siciliano y otro napolitano cuyas mujeres vivían peleando. El marido de una era motorman de tranvía y el de la otra, portuario. ¡Ah, Santa Madonna!, que al marido di questa lo strafuque il tranvia e que non quede niente di niente!, exclamaba la napolitana revolviendo su negra melena. E, que il tuo marito se caiga al aqua e se ahogue, contestaba la siciliana. Sin embargo, cuando llegaba un momento difícil, cuando un hijo se enfermaba o alguno se accidentaba, todos se unían para proteger al que lo necesitaba" (3).

"Quien carecía de parientes encontraba remedio a su soledad en los vecinos armenios -relata Bedrossian. El vecino era su pariente, su confidente, su ayuda. Podría salir tranquilo de su casa, que cuidarían de la como la propia. Detrás de la soledad, estaba la sombradel infortunio y se consolaban diciendo que: 'Es mejor vecino cerca que pariente lejano' " (4).

La protección se evidencia en un texto autobiográfico de Luis León, "Recuerdos del papú Menajem", que dice: "El olor de la comida me embriagaba, a pesar que tenía escasamente cuatro años y pasarían varios para que supiera con certeza que el pishkado con agristada era mi plato predilecto y su guesmo mi debilidad. La abuela Masaltó terminaba de hacer la comida del viernes, y entre su ir y venir me invitó a acompañarla. Salimos de la mano por la enorme puerta de la casa de la calle Malabia. En la otra mano mi abuela llevaba su bolsa para las compras. En el trayecto nos saludaron varias veces; Malabia era una de las calles djudías del barrio de Villa Crespo, y en la esquina con la avenida Corrientes, en el edificio del Banco, vivían numerosas familias sefaradíes. La mañana del final del verano era cálida, y mi abuela me buscaba tema de conversación mientras caminábamos por las veredas sombreadas. Al llegar a la puerta del mercado de Velazco, siguiendo una costumbre de niño, corrí para encarar los escalones, pero ella frenó mi impulso diciéndome: "ven ishiko, vamos a lo del papú Menajem" . Cruzamos al frente y cerca de la esquina empujó la puerta que daba a un angosto pasillo, y tocó el timbre en el último departamento. Estuvimos esperando un rato largo, ella suponía que el anciano estaba en el baño y tardaría en atender, pero había salido. Con cuidado mi abuela abrió su bolsa, retiró del interior una ollita con tapa, y agachándose la dejo frente a la despintada puerta, para que el hombre la distinguiera con facilidad al volver. Durante la caminata de regreso a casa, la abuela Masaltó me contó que el papú Menajem no tenía hijos y vivía muy solo. Y en esos casos, decía, había que llevarle comida caliente hecha en casa, para que no haya djidiós que en día viernes le falte un plato como el que le preparaba su abuela en su casa de Stambul" (5).

Ana María Shua habla de los "hermanos de barco" (6). En el Hotel de Inmigrantes también se agrupaban los recién llegados. Comenta el profesor Jorge Ochoa de Eguileor: "Aquí había inmigrantes de diferentes países, con diferentes idiomas, que hacían sus grupúsculos ya entre sí, se juntaban e iban al mismo lugar del comedor, habían logrado estar en el mismo dormitorio y salían en conjunto a la calle, porque tenían libertad de salir del hotel hasta las siete de la tarde. Las señoras también se juntaban de acuerdo a la nacionalidad en los jardines con los chicos, esperando a sus maridos, se pasaban la mañana en el jardín, en los grandes jardines" (7).

Con la oposición del gobierno se encontraron los alemanes del Volga al intentar ubicarse en las chacras según su propia clasificación: "Sin considerar las propuestas gubernamentales, comenzaron a elegir los lugares donde levantar cada aldea, de acuerdo con el origen o zona de procedencia y la confesión religiosa, tal como ya se habían previamente autoclasificado. (...)los jefes políticos y el administrador de la colonia les informaron que, si en ocho días no ocupaban sus chacras, serían obligados a hacerlo por medio de la fuerza pública". Finalmente, consiguieron lo que deseaban: "Catorce días después llegó la respuesta de Nicolás Avellaneda, quien había optado por resolver el conflicto conforme los deseos de los inmigrantes, ganándose de allí en más el reconocimiento incondicional por parte de éstos y sus descendientes" (8).

Esa unión de los primeros tiempos dio origen a asociaciones importantes, a muchas de las cuales se refiere Rosa Majián en su guía (9). Surgieron los medios de las colectividades, estudiados por la antropóloga Viviane Oteiza Gruss: "De las publicaciones periódicas publicadas en la ciudad de Buenos Aires en 1887, 82 estaban redactadas en español, 7 en italiano, 5 en francés, 4 en inglés y 4 en alemán. Es decir, estos números indican que la mencionada libertad de expresión, junto con la fuerte inmigración de aquellos años, fue el caldo de cultivo para gran cantidad de publicaciones de colectividades" (10). Una publicación tuvo que ver con el origen del Centro Gallego: "El Eco de Galicia fue fundado por José María Cao Luaces el 7 de febrero de 1892. Este fue el órgano de los residentes gallegos en la Argentina desde ese momento y uno de los antecedentes de la fundación del Centro Gallego de Buenos Aires" (11).

Gloria Pampillo recuerda la voluntad de unión de los emigrantes de esa región: "Lo que van a hacer ahora es lo mismo que hizo mi abuelo cuando llegó a la Argentina en 1870. Van a agruparse en cofradías. Que esas cofradías formen un ejército o una Sociedad de Socorros Mutuos, poco importa. Lo que tienen en común es que lejos de la tierra, "da mía terra", como dijo una mujer en el seminario con un dolor que me volvió de barro el corazón, van a buscarse entre ellos" (12).

Para Jorge Fernández Díaz, el Centro Asturiano de Buenos Aires es "esa Asturias de ficción donde los desterrados simulan vivir en aquel tiempo y en aquella patria". Su padre encontraba allí la felicidad perdida: "Lidiaba con mi país de lunes a viernes, pero reverdecía con el suyo los sábados y domingos: mi padre se hizo ciudadano ilustre de una patria fantasmal construida por la colonia argentina de asturianos" (13).

Un grupo de polacos se asoció con fines ilícitos. Lo cuenta un arrepentido, en Frontera sur: en 1906 "se fundó la organización que hay ahora, la Varsovia, la verdadera Migdal. (...) era una sociedad de rufianes... Lo único que se pedía para ser socio, era eso. Valía la pena, era un buen negocio. Agrupados, podíamos defender nuestros intereses, porque hay mucha competencia: franceses, italianos... Los polacos hicimos una sociedad de socorros mutuos. Legal cien por cien. Con comisión directiva elegida y todo".

Los judíos, a su vez, crearon una organización para protegerse de la Zwi Migdal, que atraía la censura de la sociedad hacia quienes profesaban esa religión, aunque la mayoría fueran inocentes: "Los judíos siempre se preocuparon mucho por la moral. Y por las apariencias. Había un comité de protección de las mujeres y los niños judíos. Hablaron con el rabino. (...) Y el rabino nos prohibió entrar al templo. Y después prohibió que nos enterraran como Dios manda" (14).

Entre los emigrantes armenios, las sociedades "compatrióticas" o regionales "reagrupaban a los originarios de la misma provincia. (...) Todas tenían similares objetivos: atender a las necesidades primarias de los inmigrantes y preservar la identidad mediante la vigencia de los recuerdos de su terruño así como de sus costumbres. Estas asociaciones ofrecían, además un ámbito donde reunirse para recrear las vivencias de la patria lejana, mediante la repetición de los relatos" (15).

"Las sociedades de socorros mutuos (...) tuvieron un amplio desarrollo, y se extendieron a todo rincón del país donde llegaron los contingentes inmigratorios -comenta Angel Jankilevich. El censo realizado en 1904 en la Capital Federal revelaba la existencia de 97 entidades de socorros mutuos" (16).

"La llegada del migrante siempre está cargada de esperanzas e incertidumbres. Y la asociación con otros connacionales es una de sus estrategias para cubrir sus necesidades culturales y recreativas -opina Lelio Mármora, director de la Organización Internacional para las Migraciones. Así surgieron entidades que dieron a los recién llegados espacios solidarios en un medio extraño, y varias resultaron centro de excelencia para los argentinos". El deporte tiene que ver con esta realidad: "Igual integración se dio en los clubes: a través del fútbol, los extranjeros conservaron su identidad y se sumaron a la sociedad" (17).

"Los clubes de fútbol fundados específicamente para colectividades surgieron a mediados de los 50. El 7 de mayo de 1955 nació ACIA (sigla de la Asociación Calcio Italiano en la Argentina), actual Deportivo Italiano. Siempre con el 'Deportivo' por delante, en 1956 se sumó Español, en el 62 surgió Paraguayo y el último, Armenio, debutó un año después. Este póquer de colectividades fue creciendo hasta alcanzar la cúspide en la década del 80, en la que españoles, armenios e italianos llegaron a Primera División. Después, la debacle. Con escasos socios y suculentas deudas, este cuarteto pasa por una crisis tan profunda como la de la mayoría de los clubes. Lo curioso, en este caso, es que representan a colectividades tan numerosas como futboleras. Y que, sin embargo, les dan la espalda a sus orígenes. ¿Caso grave de amnesia? ¿Falta de identidad?" (18)."


Notas
1 Wolf, Ema y Saccomanno, Guillermo: El folletín. Buenos Aires, CEAL, 1972.
2 Peicovich, Esteban: "Volver a Berisso", en La Nación Revista, Buenos Aires, 24 de febrero de 2002.
3 Cosentino, Olga: "Cosecharás tu siembra", en Clarín, Buenos Aires, 18 de octubre de 2000.
4 Bedrossian, Eduardo: Memorias para no olvidar. Buenos Aires, Edición del autor, 1998.
5 León, Luis: "Recuerdos del papú Menajem", en SEFARaires N° 10. Buenos Aires, Febrero de 2003.
6 Shua, Ana María: El libro de los recuerdos. Buenos Aires, Sudamericana, 1994.
7 Markic, Mario: "En el camino", en TN, 12 de septiembre de 2002.
8 Weyne, Olga: El último puerto. Del Rhin al Volga y del Volga al Plata. Buenos Aires, Editorial Tesis/ Instituto Torcuato Di Tella, 1986.
9 Majián, Rosa: Guía de las colectividades extranjeras en la República Argentina. Buenos Aires, Ediciones Culturales Buenos Aires, 1988.
10 Iglesias, Jorge: "Una Babel de tinta", en La Nación, Buenos Aires, 24 de noviembre de 2002.
11 S/F: "José María Cao Luaces: el padre de la caricatura argentina", en GaliciaOXE, www.galiciaoxe.org, 2002.
12 Pampillo, Gloria: Los gallegos. Novela inédita.
13 Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
14 Vázquez-Rial, Horacio: Frontera sur. Barcelona, Ediciones B, 1998.
15 Boulgourdjian-Toufeksian, Nélida: "Los armenios en Buenos Aires" La reconstrucción de la identidad (1900-1950). Buenos Aires, Centro Armenio, 1997.
16 Jankilevich, Angel: "Historia de los Hospitales de Comunidad de la Ciudad de Buenos Aires", en www.aadhhosorgar.htm
17 Mármora, Lelio: "Fútbol para integrarse", en Clarín Viva, Buenos Aires, 27 de febrero de 2000.
18 S/F: "Un pedacito de la tierra natal", en Clarín Viva, Buenos Aires, 27 de febrero de 2000.


La ética
La solidaridad
Hijos, nietos
Contar
Cantar
Festejos familiares
Año Nuevo
Carnaval

 

La ética, la solidaridad, el amor por los más pequeños, el respeto por los mayores, el recuerdo de quienes quedaron en la tierra natal, el contar y el cantar, son las constantes en las costumbres inmigrantes, que aún perviven en los descendientes americanos.



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