INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco


ENTRETENIMIENTOS

Reuniones


Como afirmo en otro capítulo (1), a los inmigrantes les gustaba reunirse. En sus ratos libres se encontraban para comer, conversar, bailar y recordar la tierra que dejaron. Las fiestas de San Patricio, Santiago Apóstol y la Virgen de Fátima, entre otras, y el carnaval eran excelentes oportunidades para entretenerse junto a los paisanos.

Para Jorge Fernández Díaz, el Centro Asturiano de Buenos Aires es "esa Asturias de ficción donde los desterrados simulan vivir en aquel tiempo y en aquella patria". Su padre encontraba allí la felicidad perdida: "Lidiaba con mi país de lunes a viernes, pero reverdecía con el suyo los sábados y domingos: mi padre se hizo ciudadano ilustre de una patria fantasmal construida por la colonia argentina de asturianos" (2).

En el recuerdo de Gladys Onega, las romerías de Acebal "tienen el sonido de España, pero las figuras y el escenario que conservo están creados en Hollywood, tal como yo los veía en las matinés de los domingos: los zapateos y castañeteos de Agapo iniciando todas las noches la fiesta con El Gato Montés,

El Relicario o cualquier otro pasodoble que bailará también a la madrugada, para dar por terminada la fiesta cuando yo esté dormida en brazos de mi tía Martina; el chanssonier de la orquesta de Buenos Aires, por el que se volvían locas las chicas del pueblo, con traje y zapatos blancos y cantando con una bocina: (...) En ese recuerdo hollywoodense no hay pataduras, sólo se ven las piernas que se entrecruzan, hienden los vestidos y se meten en el cuerpo del otro, rozándose las medias de seda con los brines y palmbeaches y sin pisarse, sin arrugarse, sin que ningún paso en falso rompa la armonía. Todos son artistas de cine, perfectos en esa magia que me hace morir de envidia, pero que me da la certeza de que algún día sería mi turno" (3).

Zulmira, inmigrante afincada en Villa Elisa, manifiesta:
"'Para mi siempre fue importante mantener un contacto con la colectividad portuguesa ya que es una forma de traer mi pueblo a la Argentina y de mantener y usar mi idioma. Me gusta juntarme a escuchar fados (folclore portugués) y las famosas melodías de las guitarras de doce cuerdas' ".

"Para suerte de Zulmira muy cerca de su casa se encuentra la casa de Portugal 'Virgen de Fátima' que organiza reuniones periódicamente donde la gastronomía y música portuguesas siempre dicen presente. La fecha más importante que festeja la colectividad es el 10 de Junio: Día de Portugal y la lengua portuguesa. Se realizan grandes festejos donde conviven los inmigrantes más antiguos con niños que recién comienzan a entender un poco de sus antepasados".

"En interminables parrillas se hacen gigantescas parrilladas, se toma mucho vinho verde y se comen deliciosas tortas y otros postres a los que se suma el helado".

"Toda estás diferentes formas de reunirse con la colectividad la han llevado a conocer muchos portugueses o descendientes de portugueses con los que usualmente se reúne los domingos a comer algún que otro bacalao con papas o porque no un regio asadito hecho por ella misma".

"'No sé qué haría sino conociera aquí a alguien de mi tierra con quien pueda hablar mi lengua y contar historias de un hogar que hoy se encuentra lejano en distancia pero muy cerca en recuerdos. Por eso me gusta invitar "paisanos" a comer a casa así de esta forma mantengo viva mi condición de portuguesa. Además siempre fui muy predispuesta a charlar con la gente y tengo amigos en todos los lugares que visito. Siempre alguno pasa por mi casa y se queda algunos días y yo no pierdo la oportunidad para cocinarles algo rico y bien portugués' " (4).

Otro punto de reunión eran los cafés. En "El café Izmir", Carlos Szwarcer afirma:
"El Café Izmir, conocido por la intelectualidad argentina a partir de la publicación de la novela Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal en 1948, era ya famoso en los años '30 como centro inevitable de reunión de las oleadas inmigratorias y verdadera institución en el barrio. El local del lzmir fue construido a fines de 1932 sobre la base de tres habitaciones de un inquilinato de la calle Gurruchaga 432-436; su primer dueño habría sido Jaim Danón, quien le daría ese nombre en recuerdo de lzmir, su ciudad natal.

En 1940, Rafael Alboger se hace cargo del fondo de comercio y comienza su larga trayectoria de veinticinco años detrás de su mostrador".
"Administrar un sitio plagado de diversidades étnicas, requería un anfitrión que fuera capaz de mantener un sutil equilibrio entre una ligera bonhomía, que atrajera a los parroquianos, y una fuerte personalidad que hiciera respetar su autoridad. Rafael Alboger había nacido el 30 de octubre de 1902 en Esmirna, Turquía. Hijo mayor de Haim Alboher y Reina Mizrahi, matrimonio judío sefaradí que trajo al mundo seis vástagos: Rafael (llamado "Bojor" o Alejandro), Alegre, Luna, Yaco, Isaac y un varón muerto de escarlatina a los 14 meses. Fue lustrabotas en el histórico Café Tortoni, en Avenida de Mayo al 800 y luego mozo y maître del mismo durante la década del 20 y los primeros años del '30. Destino, providencia o casualidad, también para Leopoldo Marechal el Tortoni y el Izmir serían parte de su historia personal".

"Quien regenteaba el lzmir fracasó económicamente, al punto que se fundió y al no pagar los alquileres complicó a Rafael -a quien había pedido el aval para el fondo de comercio-. Es así que Alboger se hizo cargo del café y su misión fue 'levantar aquel negocio' pagar lo que se debía y sobre todo, 'si Dios lo ayudaba', mantener a flote a su familia. La dueña del predio en el que estaba el café, Estrada viuda de Alvarez, confió en quien finalmente a fuerza de sacrificio y con la experiencia en el rubro gastronómico adquirida en el Tortoni, cumplió con los compromisos y salvó la casa que dejara en garantía".

"Este es el origen de la relación entre el Café lzmir y la vida de los Alboger durante casi tres décadas. Allí, en Gurruchaga 432, Villa Crespo, se hizo cargo del legendario y exótico lzmir, en noviembre de 1940".
"En el barrio convivían representantes de las tres religiones monoteístas, por lo que algunas disquisiciones teológicas eran frecuentes en el lzmir, como las del judío Abraham, el musulmán Abdalla y el cristiano Jabil que defendían sus diferencias sobre el Mesías: 'Los tres hombres ocupaban una mesa del Café lzmir, y la discusión mantenida en lenguaje sirio se mezclaba con otras voces de timbre igual en aquel recinto sobresaturado de anises y tabacos fuertes. Junto a la vidriera, un músico abstraído hería, como en sueños, el cordaje de una cítara negra con incrustaciones de nácar' ".

"En Gurruchaga al 400, a juzgar por los comentarios de vecinos de aquella época, 'la gente se cruzaba de vereda de aquí a allá' como si fuera 'peatonal, una feria, un mercado persa', relata José L. Los vendedores ambulantes ofrecían sus telas, ropa usada, plumeros y los más diversos artículos que uno pueda imaginarse, aunque lo más codiciado eran los manjares típicos, delicias paradisíacas para los sefaradíes".

"En este torbellino urbano cada oficio callejero agregaba su cuota de variedad y así se cruzaban el zapatero remendón, con su caja de herramientas apoyada en la espalda, con el fabricante de yogur casero que hacía firuletes con su bandejón, apurando el reparto a su selecta clientela de los inquilinatos; al mismo tiempo los carros de verduleros, meloneros o cesteros pregonaban su mercancía arrimándose al cordón".

"Allí, 'enclavado en Gurruchaga', en el centro de aquella febril actividad, se erguía altivo el lzmir, en cuya vereda hacían su parada no pocos de aquellos vendedores. Los testimonios muestran que la generalidad de los sefaradíes sentían orgullo por ese café tan pintoresco y sitio de recreación de gente mayoritariamente humilde. De los pocos que tenían 'un buen pasar' cuatro o cinco solían pedir 'una vuelta' de café o rakí (anís) para veinte o treinta parroquianos, visto esto como gesto de gentileza, camaradería o jadra (alarde, exhibición)".

"En verdad muchos se demoraban allí por las charlas, el rakí, la música oriental, los naipes, el table (backgamon), etc., pero, a pesar de ello, la inmensa mayoría lo recuerda como un lugar ameno y respetado, tal como lo podemos recrear a partir del siguiente collage testimonial surgido de antiguos vecinos y habitúes: 'el café lzmir en su momento era tradición...era importante...era una reliquia de Buenos Aires, de Villa Crespo. Ahí se sentaba gente grande de nuestra colectividad, iban camino al templo... a tomar un café. también la colectividad armenia, la griega, la musulmana...no había odios...en paz...en aquel tiempo eran todos respetados, amables...era un lugar donde gente de Montevideo venia y el lugar para ver a los 'yidios' era el lzmir, como punto de reunión...como punto de referencia'.".

"De las tantas actividades que ofrecía el café, el esparcimiento obviamente era el Ieit motiv Sin embargo no podemos dejar de reconocerle, especialmente en las décadas del '30 y el '40, una de tipo social y hasta educativa: 'se juntaban en una mesa a la mañana y empezaban a hablar, a leer el diario... Habla uno que leía el diario al revés, no me acuerdo el nombre; lo leía todo, todo, se ponía a leer así.. (con la hoja al revés), se ponía en el lzmir, en la ventanita... Se reunía la gente, como muchos no sabían leer', él agarraba y leía al revés, pero leía como si fuera al derecho, no se equivocaba nunca. Lo ví yo' afirma Jacobo .C." (5).

Notas
(1) González Rouco, María: "Inmigración y literatura: costumbres", en www.monografias.com..
(2) Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
(3) Onega, Gladys: Cuando el tiempo era otro. Buenos Aires, Grijalbo Mondadori, 1999.
(4) Da Conceiçao, Mauro; Euguaras, Mariano; Flibert; Francisco; Marino, Roberto; Sánchez, Julián: "Sabores de una historia", en www.ciet.org.ar.
(5) Swarcer, Carlos: "El café Izmir", en SEFARaires N° 14 (sefaraires@datafull.com, sefaraires@hotmail.com).


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Así se entretenían los inmigrantes y sus hijos en la nueva tierra, en los momentos en que descansaban de esa dura tarea de "hacer la América".



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