INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco

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De regreso


Para los inmigrantes que regresan temporariamente a sus países de origen, el viaje tiene distintos significados, vinculados con su pasado. "Yo tenía quince años cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, y fui encerrado en el gueto de Lodz, con mi familia y miles de judíos más -dice el polaco Jack Fuchs. Allí estuve hasta que el gueto fue liquidado y nos deportaron a Auschwitz". Para este hombre, que tanto ha sufrido, el viaje tiene una connotación muy especial: "Hoy sé que volver a Lodz es como una peregrinación" (1), afirma, convencido de que debe viajar a su tierra también con su hija.

Ilse Kaufmann, volvió en varias oportunidades, pero siempre añorando su nueva tierra: "Los negocios florecían, y los Kaufmann regresaron a Europa, varias veces, de vacaciones. De visita: 'Fueron los años más felices de mi vida', suspira la dama. 'Pero estando afuera levantaba los ojos y extrañaba el cielo argentino. Jamás vi brillar las estrellas como acá' " (2).

Zoltán Horogh dejó Hungría en 1945. "En 1993 Zoltán tuvo la oportunidad de caminar por primera vez las calles de su pueblo, que dejó cuando era apenas un bebé, hace más de medio siglo. Se emocionó frente a su casa familiar, la misma en la que nació, y frente a las ruinas de la iglesia en donde lo bautizaron. Se encontró con una compañera de banco del colegio de su madre, ya fallecida, y visitó a una tía, una de las pocas que aún estaban con vida. Viajó junto a su padre, su esposa y uno de sus hijos y hoy la recuerda como una de las experiencias más lindas de su vida" (3).

En 1899, María Giacoboni vuelve a su tierra. La acompañan dos de sus hijos; uno de ellos es Lino Enea Spilimbergo. Van al Piamonte, a visitar parientes en la Roverazza y San Sebastiano Cerone. Regresan en 1902 (4).

El recuerdo de la guerra el que motivó a viajar a un italiano, deseoso de recorrer los lugares en los que había luchado. En El laúd y la guerra, se narra el viaje de Luigi Gusberti, quien vuelve a Italia a los ochenta y ocho años, acompañado por su hija y su yerno. Escribe Martina Gusberti: "Después de varios viajes a su itálico terruño, cuando todos creíamos que había sentado cabeza, manifestó su deseo de reincidir. Era éste el proyecto más acariciado por mi padre, quizás el último y el de más difícil solución, por su avanzada edad". A pesar de la negativa familiar, el anciano insistía: ""¡Qué bello volver a Italia, visitar los lugares donde luché en la primera guerra mundial, recorrerlos paso a paso, ver cómo estarán hoy...!" (5).

Milena Gastaldo Brac, sicóloga social, explica el efecto que el viaje tuvo en su espíritu: "ese barco que una vez me trajo de Italia estaba siempre ahí y aparecía ante cualquier anécdota como si fuera un hueco sin tapar. Tenía una enorme sensación de orfandad, de carencia". Hasta que viajó y "el milagro sucedió en la iglesia, con la nieve cayendo sobre el pueblo: ya no sentí más el vacío en el pecho, ni la necesidad de Italia; la había aprehendido. La pude juntar, tomar y metérmela en el alma, en el gran cofre de los dulces recuerdos junto a los villancicos navideños. En ese mismo momento sólo ansié volver a Buenos Aires, al calor de mi país nuevo y de mi familia nueva, de hijos y nietos argentinos" (6).

El actor triestino Rodolfo Ranni emigró a los diez años. Cuarenta y siete años después, volvió a su casa. Tardó tanto porque "Creía que el día que volviera se me iban a terminar los recuerdos. Pero ahora es peor: recuerdo más que antes, y me gusta vivir con esos recuerdos. Aunque algunas cosas me desilusionaron bastante: Italia y los italianos no son como hace 50 años. Es un golpe para uno, porque, por ejemplo, no nacen chicos; de seguir así desaparecerá la población italiana. Han perdido la tradición, las canciones. Los italianos de verdad viven fuera de Italia. Todo lo que la gente piensa e imagina de Italia, está fuera de allí" (7).

Rosa Marafioti es la autora de "Carta a mi pueblo", en la que expresa: "He vuelto: Aquí estoy, después de tanto tiempo. ¿Me recuerdas? Yo sí te recuerdo, jamás te olvidé. Estoy segura de que tú también lloraste al verme, aunque no haya visto tus lágrimas, porque una madre siempre llora al ver a una hija que desde mucho tiempo no veía, estoy segura de que te emocionaste tanto como yo" (8).

La nostalgia impulsa a un gallego que llegó de niño. Francisco Gil nació en Vilar, Pontevedra, en 1915 y llegó a la Argentina a los cinco años. Su amigo Antonio Pérez-Prado lo definió como un "galaico-porteño" (9). Fue "un gallego que se sintió argentino y organizó durante décadas encuentros entre autores y lectores, que son el antecedente más cercano a la Feria del Libro". La falta de medios no fue un obstáculo para que el emigrante viajara: "En 1960, Don Francisco sintió nostalgias de su tierra natal y quiso visitarla. Sus amigos se ocuparon de cumplir su deseo. Agustín Pérez Pardella, escritor y capitán de navío, lo llevó en su barco hasta Pontevedra. El dinero para la estada provino de una rifa de una obra que donó Berni" (10).

Una promesa hace viajar a su aldea al gallego Onega. Cuenta Gladys, su hija: "Cuando mi hermana tenía dos años mi padre decidió ir a Galicia en un viaje que él había prometido a sus padres en aquel día de la partenza y que ahora cumplía, para mostrarles que había hecho la América, en la medida en que América se lo había permitido y él la había podido. Mi madre no lo acompañó porque tenía miedo de enterrarse en una aldea que para ella estaba tan llena de peligros y de misterios como para mis abuelos aldeanos el lugar remoto donde ella había nacido y adonde había ido a parar su hijo. Y más miedo le daba vivir en la casa de su suegra, mi terrible abuela Carmen. Ya conocía historias de la señora da pena que, con justicia, no la alentaban a emprender ese viaje. Allá se fue papá a hacer las mejoras en su casa natal y allá se quedó dos años que mi madre aprovechó para pasar a su hija de la cuna a la cama matrimonial. Cuando volvió, José era un desconocido que sacó a la hijita de cuatro años de esa cama para acostarse él y para engendrar otra hija. A los nueve meses nací yo" (11).

Otros emigrantes regresan a su tierra nimbados del prestigio que les da su destacada trayectoria cultural, donde muestran el fruto de su talento. En 2000, Bernaldo Souto, traductor del Martín Fierro, regresó de Galicia, donde "brindó una serie de conferencias y presentó tres libros de poesías bajo el título 'Luz y sombras'. Pero su mayor satisfacción fue enterarse que en fecha próxima, su traducción gallega del Martín Fierro será publicada por la Xunta de Galicia, en una edición bilingüe de lujo" (12).

Con su hijo famoso viaja la madre de Jorge Luz. El actor recuerda así ese momento: "Mamá se vino de Asturias cuando tenía doce años. Cuando ella tenía cincuenta y pico la llevé a Asturias a ver a su mamá. Mi abuela. Ella tenía una cocina muy grande y nos quedábamos a la noche, en plena montaña, con la cocina encendida. Estaba todo el campo verde, lleno de almendras, nueces, guindas. La despedida fue fea. Cuando íbamos camino al aeropuerto, de vuelta a Buenos Aires, mamá venía llorando, y le dije: 'Mamá, la viste, no le pidas más a la vida'. A los cinco meses de llegar acá, murió mi abuela" (13).

El madrileño José Luis Alvarez Fermosel cuenta: "un día la mujer de Bonasso padre, una vasca de Bilbao, me dijo: 'Mira, no te quedes aquí mucho tiempo porque vas a estar en dos sillas mal sentado. Yo estoy allá y a los 20 días me da la impresión de que nunca me he ido; cae la tarde y miro el reloj y digo: Ahora estaría yo en Buenos Aires tomando el té con mis amigas. Y vuelvo a Buenos Aires y pienso que podría estar allí con mis hermanas" (14).

El fasanès Valentìn Bianchi encontrò la muerte en una ruta de su pueblo: "A medida que avanzaba, una sensación extraña lo llevó a recordar, como nunca, su niñez. Sentía que retrocedía en el tiempo, y por su mente desfilaban aquellos domingos felices, cuando iba al mar en busca de los escurridizos pulpitos.

Una sublime serenidad embargaba su ser, era como si su alma vagara en el espacio. El pequeño auto poco a poco se deslizaba a mayor velocidad, como si deseara ávidamente llegar. La mirada de Valentín se perdía en el horizonte, donde el mar y el cielo se unían en el infinito. De pronto, en una curva de la ruta, el suave bramido del motor cesa, y el auto, en una alocada carrera, se lanza por la rocosa pendiente del camino, bordeado por los centenarios olivares de Fasano. Luego de unos violentos tumbos, el ímpetu del vuelco arroja con fuerza a Valentín fuera del vehículo. Su cuerpo queda tendido para siempre en la gris tierra natal" (15).

Notas
1 Pogoriles, Eduardo: "Volver a las raíces", en Clarín, 13 de agosto de 2001.
2 Savoia, Claudio: "Las dos vidas de Ilse", en Clarín Viva, 18 de agosto de 2002.
3 Masjoan, Lía: "Nosotros. Contratiempos y alegrías de los inmigrantes húngaros", en El Litoral on line, Santa Fe, 2 de mayo de 2002.
4 S/F: "Vida y obra del artista plástico Spilimbergo", en www.fundacionspilimbergo.org.
5 Gusberti, Martina: El laúd y la guerra. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996.
6 Moreno, Liliana: "El regreso a la tierra de uno", en Clarín, 17 de octubre de 1999.
7 Gaffoglio, Loreley: "El teatro me contuvo", en La Nación, Buenos Aires, 20 de diciembre de 1998.
8 Marafioti, Rosa: "Carta a mi pueblo", en El Barrio Villa Pueyrredón, Mayo de 2003.
9 Pérez-Prado, Antonio: "Recuerdos de la América pródiga", en Clarín, Buenos Aires, 19 de noviembre de 2000.
10 Marabotto, Eva: "La esquina del librero, barro y pampa", en Clarín, 5 de noviembre de 2000.
11 Onega, Gladys: Cuando el tiempo era otro. Buenos Aires, Grijalbo Mondadori, 1997.
12 Turcatti, Esteban: "El gaucho que conquistó el mundo", en La Capital de Mar del Plata, 5 de noviembre de 2000.
13 Guerriero, Leila: en La Nación Revista
14 Flores, Daniel: "A boca de jarro. José Luis Alvarez Fermosel 'La caballerosidad no tiene que ver con la geografía' ", en La Nación, Buenos Aires, 21 de septiembre de 2003.
15 Bianchi, Alcides J.: Valentìn el inmigrante. Santiago de Chile, Ediciòn del autor, 1987.


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En busca de las raíces

 

Sea cual fuere la motivación y los posteriores efectos en el espíritu del que lo realiza, los testimonios acerca de la vuelta a la tierra de origen o a la de los mayores se suman día a día, hablándonos de una nostalgia y de una inquietud que pervive en el tiempo.



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