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Motivos
El reclutamiento
"Principalmente
los que tenían hijos varones necesitaban huir del largo e
interminable servicio militar, que atrapaba a los adolescentes sin
liberarlos antes de cinco años" (1), escribe Arcuschín.
Bajo el reinado del zar Alejandro II (1855-1881), "causó
gran impacto entre los colonos alemanes la noticia de que el zar
había resuelto dejar sin efecto la promesa formal de Catalina
II que los eximía del servicio militar a ellos y a sus descendientes.
Dicho servicio era particularmente temido puesto que duraba entre
cinco y siete años -más nueve en la reserva- y se
efectuaba en lugares muy alejados del Volga. Juan Denzel, que vino
a la Argentina en 1914, recuerda que el principal motivo de descontento
seguía siendo ése, tanto en su época como en
la de su padre. Les resultaba intolerable e injusto 'salir jóvenes
de las colonias y volver con canas'. Por ello, muchos desertaban
durante sus meses de licencia quedando así fuera de la ley
y sin otra alternativa que la emigración. Desde luego que
aquellos que permanecieron en Rusia hasta esa fecha siendo adultos,
sumaban al temor de la milicia el de las guerras; primero la ruso-japonesa
(1904-1905) y luego la primera guerra mundial, con la paralela situación
de revolución interna" (2).
Luciano Méndez Muslera menciona como motivo de emigración
de los asturianos la evasión del reclutamiento militar: "el
sistema de reclutamiento era de tiempos de Carlos III y consistía
en tomar a un mozo de cada cinco de reemplazo (de ahí que
se les defina con la palabra 'quintos' a los reclutas) quedando
así vinculado a la tropa por un período de ocho años,
aunque por diversas causas económicas del estado español
en aquellos tiempos, se llegaron a conceder licencias temporales
(preferentemente durante las cosechas)".
Los españoles no estaban de acuerdo con esa reglamentación:
"El sistema de 'quintos' fue muy contestado (motín 1773
Barcelona) y también fue rechazado por algunas localidades
como Madrid, así como también por profesiones como
licenciados, clérigos, maestros de escuela, etc". Como
en todo reglamento, siempre había excepciones: "el sorteo
no se hacía con rigor y el quinto sorteado era sustituido
por un pobre o vagabundo, si el médico no lo declaraba incapacitado.
Esto dio lugar a que los más desamparados o sin influencia
alguna fuesen al servicio militar". Además, "en
1837 quedó establecido que se podía sustituir la obligación
militar por una cantidad de dinero, (...) estas cantidades estaban
muy por encima de las posibilidades de los campesinos asturianos".
El período de reclutamiento, ya largo, se extendió
décadas más tarde: "En el año 1885 se
estableció también que la duración del servicio
militar se fijara en doce años, desde la entrada en la caja
de reclutas hasta el término de la segunda reserva".
Y se agrega una nueva alternativa: "También se crea
la figura del sustituto, otra de las posibilidades de librarse del
servicio militar; los quintos destinados en ultramar podían
buscarse un sustituto, que debería ser de la misma zona,
soltero o viudo sin hijos y sin sobrepasar los treinta y cinco años.
Esto dio lugar a que los dueños de las caserías llegaran
a amenazar a sus inquilinos con perder la casería que tenían
en régimen de alquiler si uno de sus hijos no hacía
el servicio militar en sustitución de un hijo del dueño
de las fincas". Recién en la segunda década del
siglo XX deja de llevarse a cabo esa práctica: "Estas
reglamentaciones siguieron en vigor hasta 1912 en que se suprimieron
y aparecieron otras formas de servicio militar".
No sólo la posibilidad de ser reclutados alarmaba a los jóvenes:
"Esta larga duración era suficiente para animar a la
emigración, pero a esto se añadían las guerras
(Cuba, Filipinas, carlistas en España y otras guerras coloniales,
sobre todo la de Marruecos que fue la que más alto grado
de emigración produjo)" (3).
El gallego Francisco Coira llegó a la Argentina en 1925,
"como vienen todos los inmigrantes, para buscar algo mejor...
y en realidad, escapando del servicio militar, que se hacía
en Africa...(...) lo que significaba, con las pestes, la guerra
y todo, casi ir a morirse..." (4).
Por la misma razón vinieron los tres hermanos asturianos
Fernández Montes, enviados por su madre, quien quedó
en España con sus otros hijos (5).
Encontramos en una novela una alusión a esta realidad. En
Un dandy en la corte del rey Alfonso, María Esther de Miguel
refiere a propósito de unas monedas, el motivo que llevó
a su padre a emigrar y la situación económica en la
que debió hacerlo: "todas habían pertenecido
a mi papá, quien vino de España por no hacer la conscripción
en Marruecos. Llegó con una mano atrás y otra adelante,
en su maleta un mantón de mi abuela y... Y nada más.
¡Ah, sí: las monedas!" (6).
Sin embargo, para un personaje de Rubén Benítez, hay
un destino peor que el reclutamiento. En La pradera de los asfódelos,
un hombre que se marchó cuando llamaron a su quinta, escribe
a una madre española: "Cuando el muchacho crezca, mándamelo.
Hay campos inmensos sin labrar que pueden dar dos o más cosechas
al año. Los animales, que no se cuentan sino de tanto en
tanto, andan sueltos. Aquí hará fortuna. Cuando convoquen
a su quinta mándalo. Y si quieres venir tú con él,
vente. No te arrepentirás. Sobra lugar y faltan manos".
La madre exclama: "No, hermano. Prefiero que lo manden a Marruecos
antes de que escape a la Patagonia. De Marruecos regresan todos,
de la Patagonia no vuelve ninguno" (7).
Luis León transcribe el testimonio de Arouj de Bembasat:
" Mi padre un día en Izmir, se encontró con un
conocido que le dijo que lo buscaban para que fuera a hacer l´askierlik,
el servicio militar obligatorio en Turquía, muy temido por
lo prolongado y riesgoso. Sin dudarlo, pidió que avisara
a su madre, y sin regresar a tomar siquiera un poco de ropa se subió
al primer barco que estaba en el puerto, ignorando a dónde
lo llevaría. Así llegó a Buenos Aires, allá
por 1902 ó 1903.. (...) Trabajó muy fuerte y le fue
muy bien" (8).
Notas
1 Arcuschín, María: De Ucrania a Basavilbaso. Buenos
Aires, Marymar, 1986.
2 Weyne, Olga: El Ultimo Puerto. Del Rhin al Volga y del Volga al
Plata. Buenos Aires, Editorial Tesis/Instituto Torcuato Di Tella,
1986.
3 Méndez Muslera, Luciano: op.cit.
4 Ceratto, Virginia: "Gris de ausencia. Volver a empezar en
un mundo nuevo", en La Capital, Mar del Plata, 26 de noviembre
de 2000.
5 Ceratto, Virginia: op. cit.
6 Miguel, María Esther de: Un dandy en la corte del rey Alfonso.
Buenos Aires, Planeta, 1999.
7 Benítez, Rubén: La pradera de los asfódelos.
Bahía Blanca, Siringa, 1988.
8 León, Luis: "Inmigrantes sefaradíes. Allá
por la calle 25 de Mayo", en SEFARaires N° 24, Abril de
2004.
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