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PRIMEROS
DIAS
La
travesía ha llegado a su fin. Los pasajeros, con su documentación
argentina, se encuentran con sus familiares, amigos, o empleadores,
o se remiten a las instituciones que los orientan.
Algunos inmigrantes son esperados por sus parientes, a los que conocen
en el momento de arribar a la Argentina. Así sucedió
a Carmina, cuyos tíos "importaron a una hija de España
porque el médico que operó a Consuelo de un fibroma
tuvo al final que extirparle los ovarios. (...) Pedía una
niña, y prometía cuidarla y educarla hasta que mi
abuela pudiera viajar". Al llegar la asturiana, de quince años,
la tía le dice: "Aquí no volverás a pasar
hambre, querida". "Le abrió una camita disimulada
dentro de un mueble del comedor, y Carmen durmió, por primera
vez en mucho tiempo, diez horas seguidas. Consuelo la despertó
con medialunas, la bañó y despiojó, le dio
ropa y zapatos nuevos (...) y la llevó a la peluquería".
También al médico: "Carmen venía con una
bronquitis aguda, estaba desnutrida, mal desarrollada y probablemente
raquítica. Le prescribieron jarabes, vitaminas y una dieta
a base de alimentos ricos en hierro y calcio".
Pero todo tiene su precio. "Pasados los primeros días,
Marcelino envió a Consuelo con un mensaje: Carmen debía
levantarse a las cinco, prepararles el desayuno y servírselos
en la cama. Luego tendría que acompañarlos a la escuela,
donde se dedicaría a limpiar el patio, a barrer las aulas,
a cepillar los escalones, a fregar los mármoles y a encerar
la dirección. Cumplida la tarea, recibiría un billete
colorado y visitaría la feria de la calle Guatemala para
hacer las compras, después limpiaría toda la casa
y prepararía el almuerzo. Haría su tarea escolar y
a las seis de la tarde entraría en la primaria para adultos
que funcionaba en horas nocturnas del Fidel López".
Para colmo, "semana tras semana, en ausencia de Mino y de Consuelo,
el hidalgo acosaba a su sobrina en el juego mudo, casi chaplinesco,
del gato y el ratón" (1).
El padre de Gladys Onega "Llegó solito, y cuando fue
a la casa de su tío Agapito Vega, hermano menor de mi terrible
abuela Carmen, esa noche lo pusieron a dormir en la cochera y no
en la cama más blanda, como aquella que le reservaban siempre
al tío Agapito en la casa da pena de Galicia". La escritora
se pregunta: "¿El tío que lo encandiló
en Galicia con la ilusión de América fue el primero
que empezó la destrucción de la ilusión?"
(2).
Cuando llegó en el "Bremen", en 1929, mi abuela
pasó en casa de unos parientes los pocos días que
faltaban para su casamiento. Mi abuelo había llegado mucho
tiempo antes, y vivía a unas cuadras.
"Generalmente los vascos casi no utilizaron el Hotel de Inmigrantes,
del que se podía ser huésped por ocho días,
ya que frecuentemente venían consignados, siendo muy jóvenes
(12 0 14 años) a parientes o compadres que los estaban esperando"
(3).
Una inmigrante armenia dijo a la investigadora Nélida Boulgourdjian:
"Al llegar a Buenos Aires, en 1924, vivimos ocho días
en casa de mi cuñada, en la calle Niceto Vega. Después
alquilamos una casa cerca de la calle Canning. Mi marido era carpintero,
ganaba bien. A los pocos meses compramos un lote en Liniers, a pagar
en diez años" (4).
Los que no tienen conocidos en la nueva tierra, sufren "las
penurias del desembarco en Buenos Aires, Hotel de Inmigrantes y
frustrada espera de un destino" (5). Días después,
desde allí unos se trasladarán a un conventillo; otros,
a una vivienda más digna, y muchos viajarán hacia
las colonias.
Notas
1. Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires,
Sudamericana, 2002.
2. Onega, Gladys: Cuando el tiempo era otro. Buenos Aires, Grijalbo
Mondadori, 1999.
3. S/F: "Características de la inmigración vasca
en el Cono Sur".
4. Boulgourdjian-Toufeksian, Nélida: Los armenios en Buenos
Aires. La reconstrucción de la identidad (1900-1950).. Buenos
Aires, Centro Armenio, 1997.
5. Vernaz, Celia: La Colonia San José. Santa Fe, Colmegna,
1991.
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