INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco

EL VIAJE
La partida


En El Cardedal, un pueblo de España, un anciano relata a Telma Luzzani la partida del abuelo de la periodista: "Un día de 1912, cincuenta y siete hombres se fueron para América. Yo tenía cinco años y todo el pueblo los siguió hasta la ladera entre lágrimas y buenos deseos. Entre ellos estaban mi padre y tu abuelo. Ese día comenzó la agonía del pueblo" (1).

Otro periodista, esta vez en la calle principal de Ottobiano, imagina a su abuelo: "un chico de doce años yéndose para siempre con su madre -escribe Miguel Frías. No sé lo que piensa en esa mañana de 1913 y ya no se lo puedo preguntar; tal vez, en el reencuentro con su padre, trabajador en las cosechas argentinas; tal vez, en la leña y las moras que debió robar para sobrevivir al invierno; tal vez, en la cocina del barco donde trabajará para cruzar el Atlántico" (2).

En Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sábato evoca la partida desde la tierra de origen: " 'Addio patre e matre,/ Addio sorelli e fratelli' Palabras que algún inmigrante-poeta habrá dicho al lado del viejo, en aquel momento en que el barco se alejaba por las costas de Reggio o de Paola, y en el que aquellos hombres y mujeres, con la vista puesta sobre las montañas de lo que en un tiempo fue la Magna Grecia, miraban más que con los ojos del cuerpo (débiles, precarios y finalmente incapaces) con los ojos del alma, esos ojos que siguen viendo aquellas montañas y aquellos castaños, a través de los mares y de los años" (3).

Agata, la protagonista de Oscuramente fuerte es la vida, recuerda, muchos años después, el día en que debió dejar su tierra, para reunirse con su marido: "Hasta último momento, yo seguía formulándome preguntas que no encontraban respuesta. Teníamos lo que habíamos querido siempre: la casa, el terreno, la posibilidad de trabajar. Habíamos defendido esas cosas, las habíamos mantenido durante esos años difíciles. Ahora, cuando aparentemente todo tendía a normalizarse, ¿por qué debíamos dejarlas? Me costaba imaginar un futuro que no estuviese ligado a esas paredes, esos árboles, esas montañas y esos ríos. Había algo en mí que se resistía, que no entendía. Sentía como si una voluntad ajena me hubiese tomado por sorpresa y me estuviese arrastrando a una aventura para la cual no estaba preparada. (...) Llevaba en la mano una bolsita de tela y la llené de tierra. Me acordé de mi abuelo abonando esa tierra, de mi padre punteando, sembrando hortalizas. (...) Entré en la casa, abrí una valija y guardé la bolsita con la tierra. Recorrí las habitaciones como había recorrido el terreno. Con el brazo extendido rocé las paredes, las puertas, las ventanas. Me senté en un rincón y me quedé ahí, sin moverme, hasta que fue la hora de despertar a Elsa y Guido" (4).

También alude a ese momento la calabresa Adelina C. Cela, en el poema "Madre Patria", imaginando el sentimiento de su tierra: "Tú clamabas por mí/ como una madre divina,/ con lágrimas derramadas/ en nostálgica partida" (5).

Algún gallego tendría en su mente los versos de Rosalía de Castro, la poeta que escribió: "¡Van a deixala patria!.../ Forzoso, mais supremo sacrificio./ A miseria está negra en torno deles,/ ¡ai!, i adiante está o abismo!..." (6).

María Rosa Lojo evoca la partida de su padre: "Antonio Lojo Ventoso, mi padre, era uno de esos exiliados. Para él ya había pasado lo peor: el riesgo de fusilamiento, la cárcel, la 'redención de penas por el trabajo'. Sin embargo se despidió de los castañares centenarios y los caminos de piedra. Cedió a un hermano sus derechos sobre las fincas que le tocaban -magras por cierto, como miembro de una familia numerosa- hizo las valijas y cruzó el océano. Dejaba irremediablemente truncos los estudios que había iniciado cuando el mundo era otro, el sueño de convertirse en oficial de la Marina de la República.

Dejaba negocios equivocados y proyectos irrealizables. Dejaba también (aunque de eso me enteré después de su muerte: era un hombre pudoroso) una cierta reputación juvenil de 'mala cabeza', y de play-boy coruñés, que fascinaba a las muchachitas y escandalizaba a sus madres. Dejaba una España que para sus ojos había retrocedido siglos en el tiempo, donde no cabía la dimensión de su deseo. El futuro estaba afuera. Había resuelto que en las nuevas tierras haría otra cosa, y sería, casi, otra persona" (7).

Un mural pintado por Carlos Salatino y Beatriz Sevilla, en un restaurante de Buenos Aires, evoca el barco que trajo a emigrantes asturianos. A esa obra se refiere el realizador: "El mural que usted vio en FAME tiene una relación indirecta con el tema de la inmigración. Los fundadores de esa empresa son inmigrantes españoles y el nombre que eligieron para denominar su primer establecimiento gastronómico en gallego significa 'hambre', un hambre que España, caída en una profunda decadencia, carente de recursos, atrasada industrialmente, debilitada por guerras internas y perdidas sus últimas colonias, conoció en una escala aún mayor que la que aqueja a nuestro país hoy. Los fundadores de FAME llegaron con la oleada de inmigrantes españoles que buscaron aquí lo que sus países les negaban. Cuando nos tocó realizar el mural, tuvimos en cuenta estos factores pero no fuimos en absoluto literales. El puerto pudo ser cualquier puerto, obviamente también el de Buenos Aires, el barco se llama Virgen de Covadonga porque los fundadores de FAME son, como buenos asturianos, devotos de esa Virgen. Tal vez ellos al mirar el mural hayan recordado el barco que los trajo a esta tierra, aunque se llamara de otro modo y, ciertamente, si ellos no hubieran llegado, como tantos otros, a este país, FAME -que hoy ya es una cadena de cuatro grandes establecimientos- no existiría, y el mural tampoco" (8).

Nora Ayala recrea el momento en que su abuela deja Alemania, en 1891: "El puerto de Bremen se iba empequeñeciendo en la lejanìa mientras Christina, con los ojos llenos de làgrimas, abrazaba fuertemente contra su pecho la estatuita del Bremer-Staedt-Musikanten que su padre le habìa regalado al despedirse. Ya no se veìan las figuras de herr Peter con Lina, Ana y Johan, agitando los pañuelos" (9).
De Rusia parte Jacobo Fijman, a los cuatro años de edad, en 1898. Muchos tiempo después, escribiría: "¡Ah! Yo soy uno de esos caminantes/ Que aún no han encontrado su camino;/ Pero he gustado un luminoso vino/ en huertos generosos y fragantes" (10).

Un judío se despide de su mujer y su hija, en el cuento "Papá", de Susana Goldemberg: "Miró a mamá. Se abrazaron fuerte, fuerte. A mí me pareció que mamá era más pequeña y más débil de lo que yo creía. Enseguida papá me alzó en sus brazos. Con torpes manos recorrió mi cara: los rulos sobre la frente, las cejas, el dibujo de mi nariz, la línea de los labios. Y pellizcó mi mentón, como siempre lo hacía cuando me daba el beso de las buenas noches. Cuando por fin me dejó en el suelo, tenía mojado mi pelo con sus lágrimas. Tomó su atadito y se lo echó a la espalda. Rodeó con el otro brazo los hombros de mamá y salieron al camino. Yo los seguí" (11).

En Tel-Aviv, el 8 de octubre de 1940, una inmigrante inicia la escritura del diario que recogerá sus impresiones durante la travesía en el "Arabia-Maru", que arribó a Buenos Aires en diciembre de ese mismo año. Ella escribe: "A Iojanan y a mí por supuesto, nos dolía el estómago, como antes de cada situación conflictiva. Nos despedimos de la abuela y el abuelo. El taxi estaba afuera preparado, arreglamos las maletas y nos sentamos" (12).

A los inmigrantes "de alguna manera, los acompañaba la esperanza, aún teñida del dolor de dejar atrás pasado, historia, familia, amigos, afectos y recuerdos -escribe Silvia Fesquet. El dolor no era poco pero el equipaje*** que cargaban -liviano, muy liviano- estaba amarrado con sueños, ilusiones y mucha esperanza: la de encontrar amparo o un destino mejor, la de volver y devolverse a esa tierra que, por razones distintas, ahora los expulsaba" (13).

En su "Homenaje al inmigrante", canta Betina Villaverde: "Sí, y fueron valientes, mares de por medio/ sus raices quedaron/ mas, no vacilaron, fijo en sus mentes un/ mapa brillaba, Argentina./ Abriéndose en abanico, ancha y hermosa/ Argentina los cobijó/ idiomas extraños, se entremezclaban, un fin/ lo mismo pedian, trabajo./ Santa palabra, paz, trabajo, hogar,/ sus norte marcaban/ su equipaje, la fe, la voluntad como arma/ la fortuna, sus manos" (14).

Pierre Cottereau, que no era inmigrante pero nunca volviò a Francia, escribe acerca de su valija: "Sobre la proa del barco/ la abracè con fuerza/ sin embargo no sabìa/ de nuestro ùltimo destino" (15).
Roberto Cossa, en El Sur y después, imagina el sentimiento de quienes van a tentar suerte en otra tierra:

"Allá murió la infancia/ una caricia, una canción/ una plaza, una fragancia. / Los brazos viajaron, el corazón quedó./ Pero una estrella nos llama del sur./ Y un barco de esperanzas cruza el mar./ América, la tierra del sueño azul/. Es un vaso de vino, es un trozo de pan" (16).

Los italianos que se embarcan en Génova en 1884, hacia el Río de la Plata, son descriptos por Edmondo D'Amicis en su obra En el oceano. Acerca del escritor, dijo Griselda Gambaro: "El autor de Corazón recoge, sin embargo, sus mejores frutos en la crónica. En este fresco están todos los que vinieron a América, en su mayoría obreros y campesinos, cada uno con su sueño particular. Y el sueño -y el destrozo del sueño- empieza en el Galileo, como si el barco navegara en un mar de tierra y sus pasajeros, en los múltiples tipos y pasiones, representaran a la humanidad entera" (17).


Notas
1 Luzzani, Telma: "El Mirador", en Clarín, 17 de octubre de 1999.
2 Frías, Miguel: "Noticias del mundo", en Clarín, Buenos Aires, 3 de septiembre de 2000.
3 Sábato, Ernesto: Sobre héroes y tumbas. Buenos Aires, Losada, 1966.
4 Dal Masetto, Antonio: Oscuramente fuerte es la vida. Buenos Aires, Sudamericana, 2003.
5 Cela, Adelina: "Madre Patria", en La Capital, Mar del Plata, 5 de septiembre de 1999.
6 Castro, Rosalía de: Obra Poética. Barcelona, Biblioteca Bruguera, 1972.
7 Lojo, María Rosa: "Mínima autobiografía de una 'exiliada hija' ", en Sitio Al Margen Revista Digital.
8 González Rouco, María: Entrevista vía e-mail realizada en febrero de 2003.
9 Ayala, Nora: op. cit..
10 Fijman, Jacobo: "Caminante" (poema inédito) en Clarín, Buenos Aires, 14 de diciembre de 2002.
11 Goldemberg, Susana: "Papá", en Cuentos de la bobe. Buenos Aires, Sudamericana.
12 Weiss, Mónica: Muestra en Hotel de Inmigrantes, 2001.
13 Fesquet, Silvia: "La tierra de uno", en Clarín Viva, Buenos Aires 8 de julio de 2001.
14 Villaverde, Betina: poema enviado por e-mail a MGR en 2004.
15 Cottereau, Pierre M. M.: Sueños y sombras. Villa General Belgrano, Còrdoba, Ediciòn del autor, 1997.
16 Cossa, Roberto: El sur y después, citado en "Bajaron de los barcos. Historia de la inmigración en la Argentina", por Colegio Schönthal, en www.monografias.com
17 Gambaro, Griselda: "L'América: el sueño en italiano", en Clarín, Buenos Aires, 20 de julio de 2002.


Permiso para embarcar
La partida
Un viaje penoso
En el puerto


Así viajaban los inmigrantes hacia la "tierra de promisión". Tristeza, incertidumbre, enfermedades, los acompañaban, pero también la esperanza de que en la Argentina encontrarían paz, libertad y bienestar.



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