INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco


LA NOSTALGIA

Paliativos


Para conjurar la nostalgia, algunos inmigrantes traen de su tierra algo que les resulta especialmente querido. Graciela González, hija de un gallego emigrante, relata que, "en una valija, que las hijas pequeñas no podían abrir, el hombre guardaba cartas, cuadros, que todos los emigrantes traían porque no sabían si podrían volver a ver a sus familiares. Había de todo. Era su historia" (1). La íntima historia que lo acompañaba en la tierra nueva.

En Un dandy en la corte del rey Alfonso, María Esther de Miguel refiere que su padre "Llegó con una mano atrás y otra adelante, en su maleta un mantón de mi abuela y... Y nada más. ¡Ah, sí: las monedas!" (2).

En el cuento "Don Paulino", de Marita Minellono, una española llega con un olivo que plantó en el fondo de su casa (3).

Formar una familia en la nueva tierra puede ser otro paliativo. Lo expresa, acerca de su abuela española, el fotógrafo Fernando de la Orden, quien dice que cuando la anciana mira la fotografía de su familia: "para ella debe ser impresionante ver la foto, y saber que ella y el abuelo crearon toda esa gente, esta vida. En ese sentido, creo que no piensa en la familia que dejó en España, sino en la que está acá. Y somos todos tan unidos también por la abuela" (4).

La amistad es uno de los paliativos para la nostalgia. En Amor migrante, de Stella Maris Latorre, un gallego escribe a su amada, en 1943: "tengo pocos amigos, gentes de la aldea que me han hecho más llevadero el desarraigo y llenaron muchas veces de alegría mi corazón, ya te conté en cartas anteriores lo de Don Nicanor y doña Valentina, con Avelino siempre vamos, nos prepara el cocido, Nicanor hace el unto, las filloas, no sabe igual a lo de allí pero nos trae añoranzas de ese lugar" (5).

Carmina, la madre de Jorge Fernández Díaz, llega a nuestro país sola, en 1947. "no había tentaciones, ni desavenencias ni educación ni esplendores peronistas ni calores humanos que lograran domesticar la nostalgia de aquella emigrante constitutiva que seguía pensando en una sola cosas: volver". Marcial, quien luego sería su marido "permitía que, como la mar, el destino tomara decisiones en su nombre, sabiendo de ante mano que es ilusoria la autodeterminación de los individuos, y se dejaba llevar así por las corrientes marinas. A ese fatalismo se debe la mansedumbre con que aceptó trasplantarse, huir frívolamente de su tierra y padecer cincuenta años de añoranzas". Los fines de semana en el Centro Asturiano, "esa Asturias de ficción donde los desterrados simulan vivir en aquel tiempo y en aquella patria", eran un eficaz paliativo para su nostalgia" (6).

"Al principio extrañaba mi pueblo... -recuerda una inmigrante armenia. Después, al reunirnos los sábados a la noche con otros armenios (mi hermano tocaba el violín y yo, el acordeón), no extrañé tanto" (7).

En el tango "La Violeta", de Nicolás Olivari, es el vino el compañero en la nostalgia. Dice el poeta, acerca del inmigrante: "Con el codo en la mesa mugrienta/ y la vista clavada en un sueño,/ piensa el tano Domingo Polenta/ en el drama de su inmigración. Y en la sucia cantina que canta/ la nostalgia del viejo paese/ desafina su ronca garganta/ ya curtida de vino carlon" (8). El investigador Sergio Pujol analiza ese sentimiento en los tangos: "se ha insistido en que ese aire quejumbroso del tango-canción no es ajeno a los italianos nostálgicos, tan afines a la cultura operística y a las canzonettas" (9).

La ginebra consuela a un siciliano. Don Pico Sanzone, personaje de Gabriel Báñez, salía de noche con un vagón negro; "lo que en verdad ocurría era que Sanzone sacaba el fúnebre para emborracharse y terminar descarrilado en alguna curva. Mataba la nostalgia de Sicilia con ginebra y manivela, y terminaba llorando como un chico hasta que los compañeros lo sacaban de la cabina y se lo llevaban a dormir la mona 'Su la vía sento macanudo', gemía mientras era arrastrado" (10).

Notas
1. Savoia, Claudio: "El equipaje de los sueños", en Clarín, Buenos Aires, 14 de enero de 2000.
2. Miguel, María Esther de: Un dandy en la corte del rey Alfonso. Buenos Aires, Planeta, 1999.
3. Minellono, Marita: "Don Paulino", en Reunión. Buenos Aires, Corregidor, 1992.
4. Guerriero, Leila: "Pan & Manteca", en La Nación Revista, Buenos Aires, 5 de mayo de 2002.
5. Latorre, Stella Maris: Amor migrante. Buenos Aires, De los Cuatro Vientos Editorial, 2004.
6. Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
7. Boulgourdjian-Toufeksian, Nélida: Los armenios en Buenos Aires. Buenos Aires, Centro Armenio, 1997.
8. Olivari, Nicolás: "La violeta", citado por Cirigliano, Gustavo, en "Disquisiciones tangueras", El Tiempo, Azul, 30 de septiembre de 2001.
9. Pujol, Sergio A.: "Diáspora y bandoneón", en Clarín, Buenos Aires, 29 de noviembre de 1998.
10. Báñez Gabriel: Virgen. Barcelona, Sudamericana, 1998.


La tierra natal
Los amores
Paliativos
Nostalgia argentina

 

La nostalgia los embargaba; canta Cristina Assennato en "País de inmigrante": "-porque comimos el pan triste/ y la sal quemó ciertas noches/ porque tu hijo y el mío/ caben en el proyecto del pájaro/ y están allí reunidos/ en la curva del trigo,/ en el signo abierto de la gran ciudad" (1). Aún así, contribuyeron al engrandecimiento de la nación que los recibió
.
"¡Que el emigrante se consuele! -dijo Alejo Peyret.- Por encima de la patria está la humanidad; ante que ciudadano de un cantón es hombre, es habitante del globo, es ciudadano del universo" (2).


1. Assenato, Cristina: "País de inmigrante", en El Tiempo, Azul, 21 de febrero de 1999.
2. Vernaz, Celia: op. cit.




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