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VOLVER
Opciones
Algunos
inmigrantes, que vivieron aquí durante décadas, no
quieren volver a su tierra natal, ni siquiera por un tiempo -nos
dijeron-, porque se sienten abandonados por ella, o porque creen
que ya no encontrarán a nadie conocido allí. No quiso
volver, entre otros, Francisco Coira, quien nació en España
en 1906 y expresa: "Nunca me quise volver. No creo en la nostalgia..."
(1).
En
La pradera de los asfódelos, dice una española que
se opone a que su hijo emigre: "A América se marcha
uno a morir y a olvidar. Primero se olvida a la novia, después
a los hermanos, después a la madre. Nadie vuelve. Y si con
la vejez alguien que hizo alguna fortuna regresa, es para mostrar
sus canas y su cansancio. Se ha convertido en un extraño
que envejeció lejos de su familia. Pregunta por sus amigos
que ya no viven y mira su vieja casa en ruinas. Es como si volviera
de una cárcel lejana donde pagó quién sabe
qué delito" (2).
Para
evitar la lejanía de los seres queridos, Ana María
Campoy emigró con ellos. Nada la ata a su tierra natal: "Era
una estrella, cuando salí de España, pero no quise
volver nunca más. Yo no tenía a nadie ahí.
Mi padre me lo llevé, a mi hermana me la llevé, mi
madre estaba muerta, la habían tirado a la fosa común.
No quería volver" (3).
Un
gallego destacado, Arturo Cuadrado Moures, manifiesta que no desea
regresar; tiene una misión que cumplir en su nueva tierra:
"Volver a España, ya... ¿para qué? Aquí
tengo forjado mi corazón entre amigos. Creo que la República
Argentina, como el resto de América, está en un despertar,
tenemos una obligación con la gente joven: ¡Cuidarlos!
¡Vigilarlos! ¡Atenderlos! Para ellos están estos
corazones que llegaron del exilio español" (4).
Otro
gallego, creado por Vázquez-Rial, "sólo hablo
del tema al final. Era un error, o una ilusión. No podía
volver. Nadie, nunca, puede volver cuando ha dejado atrás
el infortunio" (5).
Una
portuguesa afincada en Villa Elisa ya no piensa en regresar: "En
1950 'nuestra abuela' con 17 años llegaba a esta tierra que
según sus palabras imaginaba como 'un lugar lleno de oportunidades
y donde todos podían trabajar y vivir bien'. Al llegar aquí
se dio cuenta de que no todo era tan fácil y entendió
lo difícil que es dejar la patria. 'Ser inmigrante es cargar
una mochila muy pesada llena de desarraigo que sólo se hace
más leve cuando nacen los hijos. Es muy difícil llegar
a un lugar donde nadie te conoce y ni siquiera habla tu idioma pero
con los años uno hecha raíces y regresar deja de ser
una opción'. Se nota en su rostro al decir estas palabras
una gran melancolía y añoranza pero no arrepentimiento.
Según ella cada vez que se va a dormir y cierra los ojos
vienen a su mente los paisajes, personas, olores de diferentes comida
y otras cosas que hacen que nunca pueda olvidarse de su lugar de
nacimiento" (6).
Un
armenio "alquiló una casa en la calle Carlos Encina.
Sería 1920 ó 1921... No la compró porque tenía
la idea de regresar a Europa cuando la situación cambiara.
Sólo en 1922 compró en Ramón L. Falcón
6200 cuando Santojani loteó las quintas" (7).
Muchos
sí desean volver y lo logran. En julio de 1959, en la Argentina,
Rafael Alberti se ilusionó con el regreso a su tierra. Escribió
en La arboleda perdida: "no sé, pero hay algo en mi
país que ya tambalea, y entre nosotros, los desterrados españoles,
circulan vientos que nos cantan la canción del retorno"
(8). Dejó la Argentina pensando en su Cádiz amada,
pero debió recalar mucho tiempo en Roma. Finalmente, regresó
a su puerto de Santa María.
Los
Goris, inmigrantes gallegos, volvieron a radicarse a su tierra.
"De chica -afirma la hija, Esther-, escuché tanto a
mis padres añorar su tierra gallega, que, a fuerza de ser
tan nombrada, Galicia se convirtió para mí en una
región mítica". Ahora que sus padres regresaron,
dice: "Sólo falta que vuelva yo, para estar los tres
juntos, en ese suelo soñado" (9).
En
La Coruña murió en 1979, el pintor Luis Seoane, quien,
aunque nacido en Buenos Aires, vivió muchos años en
España. El escribió: "Soy y seré siempre
un desarraigado permanente. Lo seré aunque decida volver
a mi país. Es el destino del exiliado" (10).
"Galicia
es casi sinónimo de inmigración -escribe Solla-, porque
de Galicia, por emigrar, emigraron: trabajadores, intelectuales,
energía eléctrica y capitales. El gallego emigraba
bajo dos signos: uno, que lo empujaba fuera de su tierra en procura
de una mejor situación económica y otro que lo hacía
volver.
Así
tenemos que, siendo el país que da mayor porcentaje de emigración,
también somos, curiosamente, el que mayor índice de
retornados tiene por número de emigrantes. En el fenómeno
migratorio puede establecerse una correlación: padres y mujer
quedaban en Galicia, hijos y marido en la emigración. Esta
constante quizás sea el factor más importante que
favoreció tan elevado número de retornados, además
del apego que los gallegos tenemos a nuestra tierra" (11).
Otros
jamás podrán regresar, y morirán añorando
el retorno. Es que, para los gallegos, morir en su tierra tiene
fundamental importancia. Lo explica Emilio González López:
"Sólo los que mueren en su tierra gallega alcanzan el
privilegio de no dejar este mundo, de seguir viviendo en él
cerca de los suyos, de su casa y de su tierra. El que tiene la dicha
de morir en Galicia se queda entre deudos y amigos a los que puede
ver todas las noches a su voluntad" (12). Sobre este tema escribí
el cuento "Un cielo para don Joaquín", en el que
evoco los últimos días de mi abuelo (13).
Graciela
González, hija de un gallego emigrante, relata que en los
años en que llegó a la Argentina su padre, "Los
sueños eran pocos, pero duraban toda la vida: comprar una
casita, educar a los hijos y, quién sabe, volver a la patria
algún día. Papá nunca lo hizo" (14).
No
puede regresar Fermín Alvarez, mozo de la confitería
La Ideal. "Su rancia estirpe gallega se ablanda un poco cuando
confiesa que le gustaría volver a España, después
de tantos años sin pisar la tierra que lo vio nacer. 'Pero
no hay plata: acá se gana muy poquito, apenas las propinas.
Y la jubilación, para qué hablar', cuenta. Su hija
le está gestionando una jubilación en España
para que su vida sea menos empinada" (15).
Volver
fue una obsesión para la madrileña de Canción
perdida en Buenos Aires al oeste, novela de María Rosa Lojo.
La mujer "estaba sola frente al espejo y suspiraba: ¿me
reconocerán, seré todavía hermosa cuando vayamos
a España?" (16). Nunca pudo volver.
En
su Cataluña quiere morir Remey Nuez Fontanals, emigrada en
1947. Ella cuenta: "yo siempre le digo a mi marido, a Bellido,
que no quiero morir fuera de casa, y para mí mi casa es España.
Siempre que hablamos con él le digo que no quiero morir fuera
de casa, aunque siempre he estado fuera de casa... pero bueno, no
quiero morirme acá, pero me parece que va a ser muy difícil".
Distinto pensaba su madre: "Mamá en cambio murió
acá, contenta. Decía que amaba este país porque
aquí nunca había podido tener una deuda. En España
le debía a cada santo una vela, y acá a nadie, a ninguno..."
(17).
Un
inmigrante deja su tierra temporariamente y no puede volver a ella.
Cuando le es dado regresar, ya no lo hace. Cuenta la escritora italiana
Laura Pariani "Mi abuelo, un anárquico antifascista,
había partido en 1926 por motivos políticos. Estaba
convencido de que el fascismo caería de un momento a otro
y de que su estadía en la Argentina, fruto de la necesidad,
habría de durar poco. Mi madre tenía menos de un año
cuando él partió. La idea de mi abuelo era regresar,
pero el fascismo no cayó. Fue así como, postergando
cada año el regreso, mi abuelo construyó su nueva
vida en la Argentina, donde vivió sus últimos cuarenta
años" (18).
Tampoco
pudo regresar una familia polaca: "Desalentados por tantos
infortunios, algunos años después de haberse radicado
en Misiones, la familia Szychowski analiza la posibilidad de regresar
a Polonia o de trasladarse a Canadá", pero "el
estallido de la primera guerra mundial los hace desistir de sus
planes" (19).
"Luego
de finalizada la primera guerra mundial, los eslovenos del litoral
marítimo, vecinos con el Norte de Italia, emigraron de su
tierra por razones políticas, eligiendo como destino Sud
América y preferentemente la Argentina. El grueso de los
eslovenos se radicaron en distintos barrios de Buenos Aires, con
la ilusión de volver a su tierra en pocos años y rehacer
su vida familiar. La depresión de la década del 30
los obligó a abandonar esa idea inicial y comenzaron a asentarse
definitivamente en estas tierras" (20).
No
pudo volver un personaje de Abelardo Castillo, el checoeslovaco
Franta, avergonzado por no haber "hecho la América"
(21).
Hay
quienes, como la calabresa Adelina C. Cela, abrigan durante todas
sus vidas el deseo de regresar al país de origen, aunque
más no sea, en el más allá. En el poema "Madre
Patria", expresa la italiana: "Por eso quiero pedirte/
que mis cenizas, un día/ descansen en tus raíces/
¡las que me dieron la vida!" (22).
Algunos
emigrantes regresan espiritualmente a su tierra natal haciendo cuantiosas
donaciones, como las que menciona Roberto Arlt: "la llamada
Biblioteca América, obra de un patriota gallego residente
en Buenos Aires, don Gumersindo Busto, quien tuvo la feliz idea
de fundar la Universidad Libre Hispano Americana" y la obra
de los hermanos Juan y Jesús García Naveira, dos comerciantes
ya fallecidos en el año en que se escriben las crónicas,
enriquecidos en la República Argentina, cuyas donaciones
"son asombrosas por la cifra en metálico que representan"
(23).
Otros,
por medio de su obra, como el italiano Tomás Ditaranto, quien
emigró en 1904, a los cuatro años, fue aprendiz de
herrero a los ocho, y llegó a ilustrar la edición
polilingüe del Martín Fierro. Por iniciativa de su hijo,
Hugo, surgió en 1983 el Museo Epeo, en Nocara, Italia, que
consta de tres salas en las que se exhiben setenta obras. "No
fue fácil lograr ese objetivo. Hugo se conectó con
parientes de Tomás que habitaban el pueblo donde nació
el artista, Montescaglioso, con la idea de armar el museo allí,
pero se enteró de que en una ocasión la mafia robó
un cuadro de su padre de la Basilicata, entonces, por razones de
seguridad y hasta contar con las medidas correspondientes para una
exposición permanente, no consideraron oportuno recibir la
donación de las ciento cincuenta obras de Ditaranto prometidas
por Hugo. Actualmente, se está reconstruyendo la Abadía
Benedictina -sumamente importante en Italia- donde es probable que
puedan dedicar una sala a las obras de Don Tomás (24).
Notas
1 Benítez, Rubén: La pradera de los asfódelos.
Bahía Blanca, Siringa, 1988.
2 Ceratto, Virginia: "Gris de ausencia. Volver a empezar en
un mundo nuevo", en La Capital, Mar del Plata, 26 de noviembre
de 2000.
3 Guinzburg, Jorge: "Ana María Campoy. 'A mí
los hombres me gustan con locura'", en Clarín Viva,
4 de agosto de 2002.
4 S/F: "Esa magnífica legión de viejos",
en Revista Mayores, Buenos Aires, Año II, N° 11, 1994.
5 Vázquez-Rial, Horacio: Frontera sur. Barcelona, Ediciones
B. 1998.
6 Da Conceicao y otros: op. cit.
7 Boulgourdjian-Toufeksian, Nélida: Los armenios en Buenos
Aires. Buenos Aires, Centro Armenio, 1997.
8 Alberti, Rafael: La arboleda perdida. Barcelona, Bruguera, 1984.
9 Goris, Esther: "Galicia, tierra añorada", en
Clarín, Buenos Aires, 5 de diciembre de 1999.
10 Seoane, Luis, en el video de la muestra "Luis Seoane. Pinturas,
dibujos y grabados", en el Museo de Arte Moderno, junio 2000.
11 Solla, Andrés: op. cit.
12 González López, Emilio: Galicia, su alma y su cultura.
Ediciones Galicia. Centro Gallego de Buenos Aires, Instituto Argentino
de Cultura Gallega, 1978.
13 González Rouco, María: "Un cielo para don
Joaquín", en Josefina en el retrato. Buenos Aires, el
grillo, 1998.
14 Savoia, Claudio: "El equipaje de los sueños",
en Clarín, Buenos Aires, 14 de enero de 2000.
15 Commisso, Sandra: "Un marinero que eligió ser mozo
y quedarse en tierra", en Clarín, 16 de julio de 1998.
16 Lojo, María Rosa: Canción perdida en Buenos Aires
al oeste. Buenos Aires, Torres Agüero, 1987.
17 Ceratto, Virginia: op. cit.
18 Patat, Alejandro: "El país de los sueños perdidos",
en La Nación, 28 de abril de 2002.
19 S/F: Folleto del Museo Histórico Juan Szychowski, Apóstoles,
Misiones.
20 S/F: en "Asociación Mutual Eslovena Triglav",
folleto de adhesión y participación a la celebración
del Día del Inmigrante y Feria de las Colectividades en el
Viejo Hotel de Migraciones, septiembre de 2003.
21 Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini
Ortiz (Selecc., prólogo y notas): El cuento argentino 1959-1970.
A. Castillo, D. Sáenz, H. Conti y otros. Buenos Aires, CEAL,
1980.Capítulo. p. 48.
22 Cela, Adelina C.: "Madre Patria", en La Capital, Mar
del Plata, 5 de septiembre de 1999.
23 Arlt, Roberto: Aguafuertes gallegas. Ameghino, 1997.
24 Alfie, Sol: "Tomás Ditaranto. Un homenaje merecido",
en Magazine Actual, Año 3, N° 12, Diciembre de 1998.
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