INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco


ENTRETENIMIENTOS

Lectura


Algunos viajeros traían libros. El padre de Rodolfo Alonso trajo de España un Juan Moreira, un Quijote, un Martín Fierro y un Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, "toda una significativa selección" (1).

Acerca de la afición por la lectura que sentían los hermanos Onega, escribe Gladys que su hermano "odiaba Lenguaje e Idioma Nacional con la misma decisión con que amaba la lectura, contradicción anárquica que mi hermana y yo no padecimos, pues para nosotros los libros se gozaban, se estudiaban y se aprendían. A Bebo no lo tentaba la lectura silenciosa y apartada, le gustaba contar a los otros o que los otros le contaran e inventar mundos físicos, contantes y sonantes de trompadas, corridas, trepadas, huidas, escaladas, atadas, escapadas y arrastradas por el pastito, que de repente era la pradera" (2).

A Antonio Dal Masetto, la lectura le permitió aprender nuestro idioma. A los doce años llegó, procedente de Italia, a Salto, donde "Empezó el duro aprendizaje, la transculturación. Cansado de que lo cargasen por su forma de hablar, decidió esforzarse para aprender el castellano. Para eso recurrió al arte. Su padre se asoció con su tío en una carnicería. Dal Masetto empezó a seleccionar las revistas que llegaban para envolver y, entre los globitos y el dibujo de las historietas, empezó a adentrarse en el idioma".

De los comics, pasará a los libros. Así recuerda esa etapa: "Mi camino fue absolutamente argentino. En casa hubo un esfuerzo inmediato por adaptarse. Cuando empecé a aprender el idioma en el pueblo, frecuentaba una biblioteca. Buscaba libros. Elegía al azar. Me los devoraba, junto con la revista Leoplán, que traía novelas cortas enteras. Me alimenté mucho de esa revista, y con ella descubrí que había una literatura inmensa" (3).

Un personaje de Bedrossian también es aficionado a las revistas: "A Nersés le encantaban los días de peluquería. Se sentía todo un hombre. Además aquel lugar, a su modo, era un salón de lecturas para todos los gustos, pronto se convirtió en su primer biblioteca. Allí estaban las revistas más importantes: 'El Gráfico', 'Rico Tipo', 'La Chacra', 'Billiken', 'Intervalo', 'Patoruzú', 'El Tony'. Mientras esperaba el corte de su padre, tenía acceso al mundo maravilloso de los sueños" (4).

Notas
1 Alonso, Rodolfo: Entrevista en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
2 Onega, Gladys: op. cit.
3 Roca, Agustina: "Historia de vida", en La Nación Revista, Buenos Aires, 12 de julio de 1998.
4 Bedrossian, Eduardo: Memorias para no olvidar. Buenos Aires, Edición del autor, 1998.


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Así se entretenían los inmigrantes y sus hijos en la nueva tierra, en los momentos en que descansaban de esa dura tarea de "hacer la América".



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