INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco


ENTRETENIMIENTOS

Juegos


En el Hotel de Inmigrantes, los hombres se entretenían con diversos juegos. Escribe María Teresa Andruetto: "Por la tarde, después de comer y limpiar, después de averiguar en la Oficina de Trabajo el modo de conseguir algo, los hombres se encuentran con sus mujeres. Un momento nomás, para contarles si han conseguido algo. Después se entretienen jugando a la mura, a los dados o a las bochas" (1).

Los italianos jugaban a los naipes. Recuerda Fernando Sorrentino que "Juan Carlos Rizzo, entonces niño de nueve o diez años, testimonia el uso, hacia 1940,del cocoliche (no literario sino espontáneo) por parte de los italianos (los tanos) que jugaban a los naipes en el comercio de su padre. (Los criollos) jugaban al truco, al mus y al tres siete mezclándose con los tanos. Era gracioso escucharlos cuando imitaban los dichos de los gringos tratando de traducirlos... O cuando, a la inversa, eran ellos los que, acriollándose en una imitación muy graciosa del decir de nuestros paisanos, improvisaban sus versos.

Muchas veces mi padre me llamó para que los escuchara… Io sono un criocho italiano/ que parla mal la castilla./ ¡Non se caiga de la silla,/ que tengue flor nella mano…!'. En seguida seguía el divertido contrapunto, que terminaba por transformarlos en auténticos payadores: 'Y yo soy criollo, no gringo,/ y atajate, que te bocho:/ ¿cómo se dice en tu lengua/ contraflor con treinta y ocho?'. Terminada esa partida, o la siguiente (porque el orden no viene al caso), uno de los truqueadores gringos respondía en tono de milonga pampeana: 'Aquí me pongo a cantare/ co la guetarra a la mano/ e le canto ¡contraflore!/ Angárresela, paisano' " (2).

Chilo Parisi cuenta que en La Rioja, "Los paisanos italianos que vivían en el barrio de Vargas, se reunían en cada caa todos los domingos para jugar a las cartas: Tresette, Biscambra y Patrón y Sotto (patrón y subalterno). Estos juegos eran típicos de Italia. (...) En estos encuentros se estrechaban vínculos de parentesco, amistad y camaradería, siendo los juegos muy cordiales y tomándolos como en entretenimiento, de paso contar anécdotas pasadas durante la 1° Guerra Mundial (1914-1918) en la que combatieron todos estos paisanos".

Estas narraciones, las hacían cuando se tomaban un breve descanso, en la que el dueño de casa invitaba a todos los presentes a comer unas ricas sopresattas, salchichas y un buen queso, acompañado con un pan recién horneado, todo ello, preparado y servido por el anfitrión, en la que no faltaba la damajuanita de vino tinto. Cuando se iniciaba el juego del tresette o la brisocla y finalizado el mismo, se daba comienzo al Patrón y Sotto en la que venían amigos a divertirse, viendo cómo se jugaba este juego tan especial y distinto de otros. Los visitantes podían beber en cualquier momento, no así los jugadores. El juego consistía en dar 2 cartas a cada jugador, ganado el que mayor escalera obtenía, por ejemplo el 11 y el 12 eran las más altas y era elegido Patrón, el que lo seguía en la escalera, se lo designaba 'Sotto', estos ganadores eran dueños y encargados de administrar la bebida previo acuerdo, se determinaba la bebida a jugar, lo que era de muy poco monto".

"En ciertas ocasiones el Patrón y Sotto, invitaba a beber a todos los jugadores, en otras a algunos, a veces a ninguno y se la tomaban ellos, también se daba el caso, cuando no se ponían de acuerdo el Patrón y Sotto, se tomaba toda la bebida el Patrón. Lo gracioso era cuando se dejaba a uno o dos jugadores durante toda la tarde al 'Urmo' (al último) y les daban a beber unas pocas gotas de vino... para que no se les secara la boca... hasta el próximo domingo. Esto era cuando se acercaba el crepúsculo y era hora de ir cada uno a su casa" (3).

Carlos Penelas es el autor del poema "Los trasterrados", que dedica a sus abuelos gallegos Pedro Penelas y Tomás Abad. En él dice: "Llevaban en la sangre/ el honor, la palabra, la brisca" (4).
En su casa, los hijos del gallego Pampillo jugaban al truco (5).

Juega a los naipes un inmigrante ruso en Rivera, provincia de Buenos Aires. Narra el hijo, protagonista de Hermana y Sombra, de Bernardo Verbitsky: "Cuando no lo encontraba en la estación me dirigía a la confitería de Jitrik, una especie de bar donde jugaba al preferans (escribo como se pronuncia un juego ruso de cartas con nombre francés), con algunos conocidos" (6).

Las mujeres judías de La logia del umbral, de Ricardo Feierstein, juegan al póker: (7).
Al dominó juega Gurovitz: "Mario avanzó hacia el fondo no tardando en divisar la 'media americana' de su hermano inclinada cerca de la oreja del padre, quien parecía muy preocupado por las fichas de dominó recibidas" (8). El inmigrante decía a sus hijos que el billar era para "goim".

Señala Luis León que los sefaradíes trajeron de su tierra la lotería: "El tradicional juego de la lotería, era uno de los divertimentos que los djidiós trajeron como costumbre de Turquía. Este pasatiempo lograba interesar, reuniendo desde la generación de los nietos a los abuelos. La atención en torno a una bolsita con las piezas numeradas y los cartones, solía durar un tiempo largo. Los porotos cumplían la función de cubrir en el cartón los números ya "cantados". El que extraía y cantaba cada bolilla, era generalmente el que tenía sentido del humor y buena memoria para anticipar cada número que salía con un apodo o frase que la tradición había creado. Por eso ponía su mano dentro de la bolsa de paño cosida por la abuela, removiendo bien como para "cambiar la suerte" del juego, y con cautela sacaba uno diciendo "tirilín keresh o bailar?" y los jugadores sabían que había extraído el número tres. Eso prolongaba bastante más cada jugada y la hacía divertida, ya que el premio al que completaba una "quintina" es decir una línea de cinco números o el cartón entero, solía ser el entusiasmo del afortunado, y algún premio consistente en algunas monedas. Sobre la base de la tradición traída de Turquía, los djidiós agregaron apodos locales, y eso además de un juego, nos muestra la dinámica con que se fue modificando la cultura y la lengua" (9).

Los armenios iban a la fonda: "Allí se podía jugar al tavlí (backgammon), pasatiempo común entre los orientales. Dos armenios comenzaron jugando entre sí en aquella fonda. Con el tiempo, entre sonrisas y miradas laterales, se fueron incorporando los otros. O faltaba algún árabe que también se agregaba inmediatamente al grupo. El tavlí terminó siendo otro de los miembros infaltables del paisaje de la fonda, donde las denominaciones armenias del juego, bien o mal pronunciadas, se escuchaban con naturalidad pues formaban parte de sus reglas y del vocabulario técnico".

Un armenio recibe un obsequio: "Por fin, el papel cedió espacio a su contenido. Era un lujoso tavlí, de ónix. Aigás estaba mudo. Miraba al tío, miraba el costoso regalo y comenzó a temblar mientras contenía un sollozo que pujaba por salir, como si fuera un carretero que tiraba de las riendas para que no escaparan sus locos caballos. Sólo atinó a abrazar al tío, que había dado con el regalo justo. Sentía algo raro, como si con ese tablero y fichas de ónix estuviera recuperando algo de su autoestima" (10).

En su casa de Villa del Parque, el abuelo de un personaje de La logia del umbral, atesora varios juegos de ajedrez: (11).

Al gallego Londeiro, personaje de Hacer la América, de Pedro Orgambide, "El albanés lo desafía a una pulseada. Uno es fuerte como un caballo, piensa Manuel, pero uno no tiene ganas de pulsear. El albanés ha puesto su dinero sobre la mesa. No, yo no juego por plata. No me importa que mis amigos piensen que el albanés es más fuerte que yo. Yo no me juego el jornal". Sin embargo, lo hace: "Manuel Londeiro le dobla el brazo contra la mesa y caen las monedas en el suelo entre el jolgorio y el griterío de los estibadores" (12).

La hija de Londeiro juega a las estatuas con las hijas del árabe: "se quedaba inmóvil con un pie en el aire. (...) -¡Míralas! Se creen unas reinas... pero tarde o temprano van a parir como nosotras -vaticina la Carmen y apoya su mano en el hombro de Magdalena" (13).

Mario Gurovitz jugaba con su amigo, Coria, hijo de gallegos: "Pasaron alegres horas en las que jugaron al 'Estanciero' después de recorrer horno y pasillos, depósitos y cuartos blanqueados de harina y haber comido facturas con café con leche". El pequeño Gurovitz "no inventó aventuras espaciales, Héctor era más dado a los combates de indios y cowboys. No tardaron demasiado en constituir alternadamente el Llanero Solitario y Toro, Cisco Kid y Pancho, Rin Tin Tin y Rosty" (14).

El protagonista de Hermana y Sombra juega al ajedrez: "Las nubes se adensaban por minutos ennegreciendo el cielo. Tormenta. Lluvia. Y esto, unido a la sensación de estar bajo seguro techo, creaba anhelos indefinidos. Y de pronto la vaga ansiedad se precisó. Quería jugar al ajedrez, pero lo deseaba apremiado por una necesidad imperiosa, más aún, por un verdadero furor, como si hubiera entrevisto la felicidad y estirara las manos para atraparla ya" (15).

Krikor, emigrante armenio, "No estaba preparado para jugar con su hijo más que al mistán. La mano de uno de los jugadores se apoyaba sobre una mesa o en la cama. La del otro, pasaba su palma sobre el dorso del primero y suavemente le hacía ofrecimientos. '¿Quieres queso?' '¿Quieres pan?' Tras varias ofertas podía, sorpresivamente, golpear la mano del contrincante que debía tener la habilidad de retirarla a tiempo, sin dejarse madrugar".

Nersés, el hijo argentino de Krikor, se decía, pronto a casarse: "Atrás quedaron los juegos con los chicos del barrio: las figuritas, las bolitas, la competencia por la escupida que llegara más lejos como si fuera una prueba de salto en largo" (16).

Alcides Bianchi recuerda los juegos de su infancia, en Mendoza: "Una época de mi niñez se caracterizó por el hecho de que había una cantidad considerable de juegos infantiles que hacían nuestra delicia por su variedad y atractivos; nos permitíamos el lujo de elegir aquellos que nos proporcionaban mayor diversión por sus características. Los juegos más comunes eran, por ejemplo, 'las escondidas', 'la ladronada', 'la mancha', 'el luche', y por supuesto las bolitas, al que nadie podía sustraerse, habiendo tenido siempre vigencia". Jugaban, además, con barriletes, trompos y figuritas y con los animales que se criaban en su casa; organizaban carreras de escarabajos, y hacían muñecos de nieve (17).

Notas
1 Andruetto, María Teresa: Stéfano. Buenos Aires, Sudamericana, 2000.
2 Sorrentino, Fernando: "Del italiano al cocoliche", en Centro Virtual Cervantes, Instituto Cervantes (España), 31 de marzo de 2003.
3 Parisi, Chilo: "El Padrono y Sotto de los Paisanos", en El Independiente, La Rioja, 1° de junio de 2003.
4 Penelas, Carlos: "Los trasterrados", en El mirador de Espenuca. Buenos Aires, Torres Agüero Editor, 1995.
5 Pampillo, Gloria: op. cit.
6 Verbitsky, Bernardo: Hermana y Sombra. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1977.
7 Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001.
8 Goldberg, Mauricio: op. cit.
9 León, Luis: "Jugando a la lotería", en SEFARaires N° 10, Buenos Aires, Febrero de 2003 (sefaraires@datafull.com, sefaraires@hotmail.com).
10 Bedrossian, Eduardo: op. cit.
11 Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001.
12 Orgambide, Pedro: Hacer la América. Buenos Aires, Bruguera, 1984.
13 ibídem
14 Goldberg, Mauricio: op. cit.
15 Verbitsky, Bernardo: op. cit.
16 Bedrossian, Eduardo: op. cit.
17 Bianchi, Alcides J.: Aquellos tiempos.... Buenos Aires, Maymar, 1989.


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Así se entretenían los inmigrantes y sus hijos en la nueva tierra, en los momentos en que descansaban de esa dura tarea de "hacer la América".



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