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Motivos
Los "ganchos" o agentes de los armadores
"Uno
de los motivos de la salida de los campesinos asturianos hacia la
emigración -continúa Méndez Muslera-, era la
propaganda 'ilícita' de los agentes o armadores por sus anuncios
y reclamos notoriamente falsos. Estos agentes de los armadores,
se dedicaban a hacer publicidad de los próximos viajes y
también a arreglar los papeles para la salida de los campesinos.
Ya avanzado este siglo esta especie de Agencias de Viajes para Ultramar
pasaron a estar sometidas al control de las Inspecciones de Emigración
(...), recibiendo el nombre de 'Oficinas de Información y
Despacho de Pasajes para Emigrantes' condición que obligaba
a llevar un 'Libro de Registro', con los datos relativos al comprador
de cada uno de los pasajes y un 'Copiador de Cartas' con la correspondencia
relativa al mismo asunto; ambos libros tenían que ser visados
por la Inspección correspondiente" (1).
En 1857, Antoine Bonvin emigra desde Valais, y se queja amargamente
del engaño de que ha sido víctima. Desde Buenos Aires
lo trasladan en vapor al Ibicuy: "Llegamos al tercer día;
se nos desembarcó en una vasta llanura que no tenía
más que un poco de buen terreno; no se veían allí
más que grandes pantanos o bosques, pero de madera toda espinosa.
El agua era mala y llena de toda clase de insectos; un país
muy malsano donde jamás nadie podía prosperar. Se
tenía peligro de verse devorado por las bestias feroces,
tal como el tigre, los cocodrilos y otros. Puedo decir que en este
momento estábamos todos desesperados de vernos engañados
de esta manera. Reclamábamos inútilmente la promesa
que nos había sido hecha antes de nuestra partida: pero todo
eso ya era inútil, ya no se podía más escapar,
uno se creía exiliado en esta isla" (2).
Estanislao Zeballos se refiere a los agentes en La rejión
del trigo, obra de 1883. Allí leemos: "La palabra de
los agentes y de los contratistas está desacreditada en Europa
desde el siglo pasado. No solamente es ineficaz: no es siquiera
oida" (3).
Por otra parte -afirma Alejo Peyret-, los potenciales emigrantes
eran tentados con ofertas de otros países: "Necesitamos
poblaciones que no solamente tengan la actividad física,
la laboriosidad en grado relativamente superior, sino que sean también
superiores intelectualmente y exentas de las preocupaciones de la
superstición y del fanatismo. Para conseguir nuestro propósito
sería menester mantener agentes permanentes en Europa, que
no dejemos un momento sin llamar la atención sobre estas
comarcas. Sería menester acudir a los periódicos,
a las publicaciones baratas, a folletos, avisos, etc. Sería
menester combatir por la prensa y la propaganda oral la acción
de los enganchadores que trabajan para los Estados Unidos y para
Brasil" (4).
En El laúd y la guerra, Martina Gusberti evoca uno de esos
engaños. Dice que Resistencia "fue fundada por un puñado
de inmigrantes italianos que, remontando el Río Negro y traídos
por empresas contratistas con el señuelo de poblar tierras
fértiles y prósperas, hallaron en cambio terrenos
ásperos, cubiertos por bosques salvajes plagados de mosquitos.
Era el 2 de febrero de 1878, durante un verano abrasador. Se dice
que los colonizadores estuvieron varios días en el barco
sin querer aposentarse en esa tierra inhóspita. Luego, vencidos
por la circunstancia, no tuvieron otra opción que desembarcar
con sus familias" (5).
Juan Faccioli, pionero friulano, narra también un episodio
relacionado con la colonización chaqueña: "Según
Faccioli, al llegar al Hotel de Inmigrantes se enteraron de que
estaban destinados al Territorio Nacional del Chaco, donde les darían
tierras que estaban habitadas por aborígenes: algunos huyeron
del Hotel de Inmigrantes, pero luego de vagar sin conseguir trabajo
ni comida volvieron y aceptaron llegar a Reconquista y, desde allí,
a una colonia que se formaría al otro lado del arroyo El
Rey" (6).
También fueron engañados los judíos que evoca
Ricardo Feierstein en La logia del umbral, quienes, al llegar a
Santa Fe advirtieron que no tenían herramientas ni dónde
guarecerse (7).
Desde Tucumán, donde sufre explotación, enfermedades,
hambre y discriminación, José Wanza escribe, en 1891:
"Aquí estoy sin comunicación con nadie en el
mundo. Sé que las cartas que mandé a mis amigos no
llegaron. Es probable que éstos nuestros patrones que nos
explotan y nos tratan como a esclavos, intercepten nuestra correspondencia
para que nuestras quejas no lleguen a conocerse. Vine al país
halagado por las grandes promesas que nos hicieron los agentes argentinos
en Viena. Estos vendedores de almas humanas sin conciencia, hacían
descripciones tan brillantes de la riqueza del país y del
bienestar que esperaba aquí a los trabajadores, que a mí
con otros amigos nos halagaron y nos vinimos. Todo había
sido mentira y engaño" (8).
A veces, los engaños no provenìan de los armadores.
En Fuegia, de Eduardo Belgrano Rawson, un sacerdote afirma: "Uno
llega repleto de ilusiones. Como usted dice: con la Revista del
Misionero en el bolsillo. Al final nos contentábamos con
que juntaran las manos y repitieran Misericordia, Jesús,
varias veces. Pero no era seguro que lo recordaran al día
siguiente". Acerca de los anglicanos expresa: "Pobres
diablos. ¿Cómo no van a sentirse desengañados?
Ya sabemos cómo hacen para reclutarlos. ¿Acaso no
les pintan todo esto como un paraíso repleto de aldeas? Me
imagino las fantasías que traen. ¿Y qué encuentran
a su llegada?".
La viuda del reverendo Dobson evoca los planes que hacìan
sobre la emigraciòn, alentados por noticias tendenciosas:
"Despuès de pasar una tarde en la Uniòn Misionera,
volvìan a casa con su marido por un sendero de gramilla perfumada.
Llevaba seis meses de casada con Dobson. Hicieron un alto en el
parque y abrieron un paquete de bollos. Charlaron del futuro viaje
a Sudamèrica. Dobson dibujò la misiòn sobre
el papel de los bollos. Habìa un grupo de canaleses entonando
sus himnos y un paquebote en el horizonte. Los canaleses figuraban
como 'naturales amistosos' en todas las publicaciones del Almirantazgo,
de modo que agregò un nativo haciendo cabriolas. Su mujer
le suplicò que dibujara una huerta. Dobson puso la huerta
y metiò algunas ovejas. Estuvo tentado de añadir el
cementerio, pero desistiò a ùltimo momento. Ella estudiò
bien el dibujo y concluyò que nada faltaba. Tratò
vanamente de hallarle algùn parecido con su aldea de Sussex.
Pero igual le propuso: 'Pongàmosle Abingdon'. Pensò
emocionada: 'El Señor es mi pastor' " (9).
Gabriel Báñez evoca otra clase de engaños.
La Zwi Migdal era una organización de trata de blancas que
tenía en Ensenada el centro de sus operaciones. Casi todas
las pupilas "venían de Varsovia, engañadas por
un correo que les prometía casamiento y fortuna en la nueva
tierra y con el cual refrendaban un contrato que avalaban los padres
de las jóvenes. En cuanto pisaban puerto, debían enfrentarse
sin embargo con la letra chica del contrato: la prostitución
o el remate" (10).
Un personaje de Vázquez-Rial explica el procedimiento: en
las aldeas judías de Polonia hay "mucha hambre. Más
de la que se puede aguantar. Y lo más caro de todo, lo más
inútil, son las hijas. Hay que librarse de ellas: casarlas
o venderlas, que viene a ser lo mismo. (...) Yo nunca llegué
a saber si esos viejos que vendían a las hijas creían
o no en lo que hacían, pero lo hacían, y había
que seguirles la corriente. (...) Eran jóvenes hermosas,
criadas con miedo a Dios y obediencia absoluta al padre que las
vendía. Ruth, digamos, por ponerle un nombre, respetuosa,
humilde, delgada... La metían en un barco con un tipo como
yo, la bajaban en Buenos Aires, la encerraban en un sitio inmundo,
para que el quilombo, después, le pareciera el cielo, y a
la semana o a los quince días la mandaban a la Boca: una
pieza, o dos, o las que fueran, y el patio, con veinte, treinta
hombres esperando a la luz de unas velas, cualquier hombre, los
más horrorosos, carreros o cirujas..., cirujas también.
Yo lo sabía, pero pensaba en la guita y tragaba saliva; y
repetía la escena" (11).
Se recuerda asimismo a "las 'niñeras' que bajo la promesa
de venir a trabajar a la casa de un rico pariente lejano y enseñarlo
modales europeos a sus hijos, terminaban pasando sus días
y noches en los prostíbulos" (12).
Segio Pujol se refiere a las inmigrantes engañadas que observa
en el tango: "muchas de las mujeres del imaginario tanguero
enfermaban al errar el camino y dejarse tentar por las luces del
centro. Un imaginario de la muerte como castigo ejemplar dejaba
entrever, a su vez, una gama de posiciones. Estaban las mujeres
engañadas por el sistema (como las francesitas que llegaban
a Buenos Aires mal informadas o las provincianas que rodaban 'una
noche en el Maipú'), pero también estaban las pecadoras
por voluntad propia" (13).
Notas
1 Méndez Muslera, Luciano: op. cit.
2 Vernaz, Celia: op. cit.
3 Zeballos, Estanislao: La rejión del trigo. Madrid, Hyspamérica,
1984.
4 Vernaz, Celia: op. cit.
5 Gusberti, Martina: op. cit.
6 S/F: "Friulanos sobre el Paraná", en La Nación
Revista, Buenos Aires, 29 de julio de 2001.
7 Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna,
2001.
8 Panettieri, José: Los trabajadores. CEAL, 1982.
9 Belgrano Rawson, Eduardo: Fuegia. Buenos Aires, Sudamericana,
1991.
10 Báñez, Gabriel: op. cit
11 Vázquez-Rial, Horacio: Frontera sur. Barcelona, Ediciones
B, 1998.
12 S/F: "Editorial: Los gringos de hoy", en Infohuertas
N° 6, Febrero de 2002. Netfirms Web Hosting.
13 Pujol Sergio: "Peligros de la vida disipada. La tragedia
de las Esthercitas", en Clarín, Buenos Aires, 31 de
agosto de 2002.
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