INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco

RELIGION

Funerales católicos


En su novela En la sangre, Eugenio Cambaceres describe con desprecio el funeral del tachero italiano. Dice que los amigos del finado "habiéndose pasado la voz para el velatorio, poco a poco fueron llegando de a uno, de a dos, en completos de paño negro, con sombreros de panza de burro y botas negras recién lustradas". El comportamiento de los paisanos, afligidos, le merece un comentario despiadado: "Zurdamente caminaban, iban y se acomodaban en fila a lo largo de la pared, en derredor del catafalco elevado en la trastienda. Uno que otro, cabizbajo, en puntas de pie, aproximábase al muerto y durante un breve instante lo contemplaba. Algunos daban contra el umbral al entrar, levantaban la pierna y volvían la cara" (1).

Hugo Nario evoca el funeral de los hijos de los picapedreros que trabajaban en Tandil, provincia de Buenos Aires: "Frecuentemente morían niños. No pasaba día en que el fúnebre blanco no entrase en el Cerro Leones: diarrea estival, viruela, difteria, pulmonía, escarlatina. Como el pueblo quedaba tan lejos, esperaban a ver si el chico mejoraba. Luego, ya era tarde... En un principio los recursos eran escasos, y en los tiempos de suma pobreza velaban a los muertos sobre la mesa de la cocina, cubierta con una sábana. Si el muerto era demasiado corpulento y no entraba sobre la mesa, unían dos bancos largos. Velas plantadas en botellas vacías, el crucifijo que alguien prestaba (los anarquistas lo rechazaban) y flores y helechos de los jardines domésticos y de las piedras, acompañaban el duelo. Con el fúnebre venía el ataúd de pino teñido o pintado de blanco"(2).

María Teresa Andruetto evoca un funeral de la colectividad piamontesa en Córdoba: "Alguien nos alzó/ hacia el tufo de la muerta/ (se llamaba Elizabeta),/ para que viéramos" (3).

Tardío es el funeral de una japonesa. Oshiro Tana, personaje de Báñez, "se hizo célebre en una tarde cuando la policía descubrió que convivía con el cadáver de su legítima esposa desde hacía por lo menos dos años. Era tanto el amor del japonés por su mujer que a la hora de su muerte la vació, la limpió con acaroína y formol y la rellenó con estopa para conservarla a su lado. El bonsai conyugal pareció funcionar mejor que el matrimonio mismo, pues durante esos dos años Oshiro Tana no sólo continuó compartiendo el progreso de las flores junto a su esposa sino que además empezó a prepararle sus platos favoritos y a festejarle los aniversarios. El día en que lo descubrieron ella estaba tomando el café con leche en la cama, y parecía tan verídica y lozana en su desayuno que apenas si sospecharon cuando vieron que no mojaba la medialuna. Lo que más le impresionó al padre Bernardo fue la dulzura tranquila de la mujer; tanto, que no supo si rezarle un responso o concederle la extremaunción" (4).

En "Buenos Aires 1910 - Memoria del Porvenir", vimos una foto de un funeral que nos llamó la atención. En medio de una familia, sentado en una silla está ¡el muerto!. Se sacaban así la foto para mandarla a la tierra natal, para que vieran que efectivamente el fallecido ya no pertenecía al mundo de los vivos (5).

Cecilia Caramallo, protagonista de Los dones del tiempo, biografía de Rubén Benítez, habla con su marido fallecido mientras lustra el bronce de la tumba (6).

En "Madge los viernes", de Juan José Delaney, una inmigrante irlandesa va al cementerio. Al trasponer el umbral del mismo "pasaba a ser otra, porque iniciaba la vivencia cuya ejecución la mantenía ansiosa el resto de la semana. Mantenía la severa memoria el exacto lugar que yacían cada uno de sus seres queridos. Delante de esas tumbas alternaba oraciones con monólogos y supuestos diálogos en los que no faltaban las bromas. A veces se hacía la idea de que llevaba de un punto a otro secretos mensajes.

Llegado el mediodía, hacía un alto para almorzar, y entonces desplegaba los útiles pertinentes como si se tratara del más divertido pic-nic. No se cansaba. Hablaba y reía y solamente disimulaba cuando algún otro visitante -que no estaba en condiciones de entender- pasaba cerca de ella; superada la interrupción, retomaba la actividad. A las 17:00 en punto se llegaba a la tumba de sus hermanas, al lado de la cual daba cuenta de una tacita de té" (7).


Notas
1 Cambaceres, Eugenio: En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968.
2 Nario, Hugo: "Cortando piedra", en Todo es Historia, N° 178. Marzo de 1982.
3 Andruetto, María Teresa: .Kodak. Córdoba, Ediciones Argos, 2001.
4 Báñez, Gabriel: op. cit..
5 En "Buenos Aires 1910, Memoria del Porvenir", en Shopping Abasto, 1999.
6 Benítez, Rubén: Los dones del tiempo. Buenos Aires, GEL.
7 Delaney, Juan José: Madge los viernes", en The Southern Cross, Buenos Aires, 30 de setiembre de 1988.


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En la alegría, en la tristeza, siempre está presente la religión ancestral, la misma que enlaza el pasado con el presente, y se proyecta hacia el futuro.



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