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RELIGION
Festividades
judías
En
1891, Mauricio Chajchir, de diez años de edad, llega a la
Argentina con su familia. El relató lo siguiente: "Nos
acomodamos en la casa del inmigrante. Eran los días de Janucah.
Uno que otro probó encender velitas, pero venía el
sereno y las hacía apagar. Se le trató de explicar
que era un asunto religioso, no lo entendía hasta que al
final dio su aprobación" (1).
María
Arcuschín evoca el Pésaj de su infancia entrerriana:
"Para dicha festividad, nuestracasa se pintaba íntegramente
y se cambiaba la vajilla. Todo tenía que ser renovado. Simbólicamente
puro. Al despertarnos por la mañana, y ver todo distinto,
nos daba la sensación de vivir en una casa nueva. Por la
noche empezaba la festividad. Nuestros padres regresaban de la sinagoga,
vestidos con sus mejores ropas (...) La mesa estaba puesta con sus
mejores galas, iluminada por dos candelabros ubicados en el centro..
Un botellón de grueso cristal dejaba ver el vino que papá
había preparado meses antes, haciendo fermentar la uva cultivada
en el huerto casero. Esta era depositada en damajuanas colocadas
en la galería, y así con el calor del sol fermentaban
y se convertían en zumo exquisito. Mamá llenaba las
copitas destinadas a cada uno de nosotros y para los invitados que
rodeaban nuestra mesa, sobrinos cuyos padres habían muerto.
Compartían nuestra cena y disfrutaban el significado de los
festejos. A la cabecera, en medio de las copas de papá y
mamá, se destacaba muy especialmente una copita de plata,
cuya trayectoria fue muy larga. Viajó desde Ucrania traída
celosamente y guardada en una caja, como una preciosa carga destinada
a continuar la tradición" (2).
Máximo
Yagupsky evoca -en diálogo con Mario Diament- festividades
judías: "recuerdo la cena de Pesaj en mi casa con la
presencia de don David Garovetzky. (...) Estábamos pues celebrando
la Pascua, y don David propuso un aditamento al himno Daieinu, que
se canta en esa celebración. Daieinu es el estribillo con
el que se cierra cadenciosamente cada uno de los versos que mencionan
los portentos que Dios ha hecho a favor de Israel. Don David, levantando
la voz y girando su rostro de derecha a izquierda, dijo: 'Habría
que agregar otro verso en el que dijéramos: 'Si el Señor,
a más de habernos dado la libertad de Egipto, la Santa Ley,
el día sábado, etcétera, no nos hubiera hecho
venir a esta tierra ubérrima, ¿nos habría,
acaso, dejado satisfechos?'. Y la concurrencia meneó la cabeza
y respondió daieinu, daieinu" (3).
En "La mesa de mis abuelos", Carlos Szwarcer evoca el
Pésaj de los judìos inmigrantes: "Vivíamos
en el corazón de Villa Crespo, un barrio del centro geográfico
de la ciudad de Buenos Aires. (...) de todas las fiestas celebradas
en ese espacioso comedor espejado, fue Pesaj la que dejó
en mí la huella más profunda. Desde chico, algo simple
y contundente me marcó en cada conmemoración: el significado
de libertad que emanaba de su historia. Trascendió más
allá de lo religioso, de la tradición o de lo simbólico,
y cada año fue adquiriendo mayor dimensión".
"Me
aferro frecuentemente a la imagen de una familia que se encuentra
en algún lugar de la memoria que hoy me parece paradisíaco,
eran grandes momentos iluminados por la felicidad. Pasaron entremezclados
en un carrusel interminable los Roshashaná, las Navidades,
el Bar Mitzvá, los Años Nuevos, los cumpleaños
o las Siete Candelas, pero además, irremediablemente, los
midrash, los kadish y los entierros, mientras deshojábamos
los fugaces calendarios, dagas del destino".
"En
la casa de mis abuelos, donde transcurrió mi infancia y parte
de mi adolescencia, había una vez un comedor de mosaicos
jaspeados y amplios ventanales, en el centro la enorme mesa de madera
labrada y lustrosa, en torno a la cual, en Pesaj, inauguré
mi reflexión sobre los vastos dominios de la libertad. Los
tiempos pasaron y mis tempranos presagios sobre las inevitables
ausencias de mis seres más queridos se fueron cumpliendo
inexorablemente. Sin embargo, tras el dolor por los que se iban,
se agigantaba en mí, como por mandato divino, el recuerdo
de los jubilosos tiempos idos y la certeza de que luchando por un
presente digno y en libertad ayudaría a que el mundo fuera
mejor para las generaciones venideras, para nuestros hijos".
"Tal
vez una de las más bellas consecuencias de Pesaj sea que
a través de sus festejos comencé a entender algo sobre
del sentido de la vida. Después me dedicaría a la
solitaria indagación sobre mis orígenes y a consolidar
una profunda vocación por la historia. Pesaj, al fin, me
dejó la libertad como principio y la responsabilidad como
modo de vida. Sirva este recuerdo en honor a las familias y sus
encuentros, y a ciertas festividades que ayudan a vislumbrar las
complejidades de la vida y a modificar los caminos de nuestra existencia"
(4).
Luis
León señala que la costumbre de celebrar la fiesta
de Purim "llegó al Río de la Plata con la inmigración.
Los sefaradíes en esas ocasiones se juntaban con otras comunidades
para elegir a la reina Esther en grandes bailes, que por la proximidad
con el carnaval comenzaron a llamar los 'carnavales de Purim' Uno
de los sitios más concurridos en esas ocasiones durante muchos
años, era el salón Les Ambassadeurs y sus memorables
'purim balls'. S.M., nos envía un recuerdo de los años
30' y 40'. 'Cuando en la sinagoga sefaradí de Villa Crespo,
se nombraba a Amán, los más jóvenes repudiábamos
su nombre con signos de rebeldía consistentes en producir
fuertes ruidos haciendo caer las tapas de los guardalibros posteriores
a nuestros asientos" (5).
Juan Jorge Nudel relata que una familia de judíos argentinos
observaba tres festividades: "Los Goldman eran una familia
judía creyente si bien no practicante, que se reunían
todos en las fiestas tradicionales que a estas alturas sólo
consistían en tres: Pascua judía (una noche), Año
nuevo judío y el día del Perdón" (6).
Yagupsky
evoca asimismo el Iom Kippur, asociado a un acontecimiento desgraciado:
"Recuerdo cuando en el pueblo de Domínguez, en la noche
de Iom Kippur, la más sagrada para el judaísmo, unos
vándalos antisemitas penetraron en la sinagoga a altas horas
y profanaron los rollos de la Torá, los hombres realmente
cultos e ilustrados de la catolicidad de la provincia se hermanaron
con nosotros en la indignación".
Relata
que en una oportunidad, un criollo hizo una bendición en
hebreo: "don Manuel del Pozo, que era el criollo que estaba
con su rancho junto a nuestra casa, venía todos los viernes
a escuchar kiddush. Y cuando cierta vez mi padre se había
ausentado a Paraguay, llamado por menesteres religiosos, vinieron
don Manuel y su esposa, doña Polonia. Yo le dije: 'Don Manuel,
esta noche no hay kiddush porque papá no está'. Me
replicó: Cómo no hay kiddush? Déme una copa'.
Le servimos una copa y se hizo toda la bendición consagratoria
del sábado en hebreo, de memoria. Y cuando se retiró
dijo todavía 'gut shabes' " (7).
Luis
León escribe sobre Rosh Hashaná, el año nuevo
hebreo, el cual "no obstante el desfasaje del primer día
con el del calendario gregoriano, es para toda la gente un momento
de esperanza y alegría, donde se concentran expectativas
y se busca celebrar con el resto de la familia" (8).
Nissin Mayo recuerda las vísperas de Roshana en su casa paterna:
"Hacíamos selijot en casa, a la madrugada, cansados
y con sueño, para exaltar a Dios y solicitarle perdón
(selijot) por los pecados cometidos en el año que terminaba.
Nos reuníamos mis padres (Marcos y Cadén) y nuestros
hermanos, tíos, primos y amigos (los valientes de la madrugada).
En los cantos que entonábamos se destacaban algunas voces
sonoras y afinadas. Llegaba luego el ansiado desayuno con boios,
borrecas, roscas y otras exquisiteces preparadas por mamá,
que había aprendido el delicioso arte culinario sefaradí
con su madre en Urlá, su pueblo natal de pescadores, en Turquía
a orillas del mar Egeo, pegado a Esmirna.
Después
del selijot, ya estábamos espiritualmente preparados para
recibir el nuevo año. Entonces nos deseábamos todos:
una añada nueva que tengamos, con salud, alegría,
hechos buenos, escritos en libros de vida.........Amén"
(9).
El
sábado es festejado por un inmigrante en la "Oda a los
ganados y las mieses", de Leopoldo Lugones: "Pasa por
el camino el ruso Elías/ Con su gabán eslavo y con
sus botas,/ En la yegua cebruna que ha vendido/ Al cartero rural
de la colonia,/ Manso vecino que fielmente guarda/ Su sábado
y sus raras ceremonias,/ Con sencillez sumisa que respetan/ Porque
es trabajador y a nadie estorba" (10).
Tambièn lo festeja un personaje de Ana María Shua:
"El tío Sansón llegaba jadeando, los sábados
a la tarde, agotado a causa de los esfuerzos que debía hacer
para no trabajar. Caminar, primero, cuadras y cuadras, para festejar
el sábado en casa de su hermana porque viajar está
prohibido. Golpear después con el mango del paraguas en la
puerta de hierro hasta que alguien de la casa, desde el primer piso,
lo escuchara, porque tocar el timbre está prohibido"
(11).
En
Villa Mantero, Entre Ríos, nació Abraham Chajchir:
"El bris (circunscisión) fue realizado con gran pompa,
había mohel y el administrador fue el padrino. Por eso lo
llamaron también Mendel por un antepasado del administrador"
(12).
Mauricio
Goldberg se refiere al Bar-Mitzvá, en su novela: "Mario
pensó en la ceremonia con que David había festejado
los trece años. A su memoria acudieron los recuerdos del
día en que había visto a varios amigos del padre sacando
los muebles, colocando largos tablones sobre caballetes y descargando
sillas en un camión. Mario permaneció en un rincón,
observándolo todo, maravillado de tanto alboroto poco inteligible
para sus escasos años. La madre, ayudada por una pariente,
se había encargado de llenar la cocina con un humo apetitoso
que empañaba los vidrios de la puerta. Y luego el tumulto
de la noche con la algarabía de las botellas al ser descorchadas,
su padre llevando bandejas y brindando con cada uno a la salud de
su primogénito, la madre colorada de emoción y trajín
aceptando las felicitaciones, Alberto paseando en brazos de una
vecina y el palabrerío que estallaba chisporroteante contra
las paredes dejando caer términos polacos, rusos, idish y
argentinos en una alegre confusión" (13).
Notas
1 Chajchir, Mauricio: op. cit.
2 Arcuschín, María: De Ucrania a Basavilbaso. Buenos
Aires, Marymar, 1986.
3 Diament, Mario: op. cit
4 Szwarcer, Carlos: "La mesa de mis abuelos", en SEFARaires
N° 12. Abril de 2003.
5 León, Luis: "Recuerdos de la fiesta de Purim",
en SEFARaires n° 12. Abril de 2003.
6 Nudel, Juan Jorge: Pensión "La Rosales". Buenos
Aires, MILA, 2002.
7 Diament, Mario: op. cit.
8 León, Luis: "El año nuevo", en SEFARaires,
N° 9. 2003.
9 Mayo, Nissin: "Vísperas de Roshana en mi casa paterna",
en SEFARaires, N° 5, 2002.
10 Lugones, Leopoldo: "Oda a los ganados y las mieses",
en Antología poética. Buenos Aires, Espasa, 1965.
11 Shua, Ana María: El libro de los recuerdos. Buenos Aires,
Sudamericana, 1992.
12 Chajchir, Mauricio: op. cit.
13 Goldberg, Mauricio: op. cit.
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