INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco

COSTUMBRES

Festejos familiares


Cumpleaños, onomásticos, casamientos, eran fiestas en las que se evidenciaban las costumbres que los inmigrantes traían de sus tierras.

Los cumpleaños se festejaban en la colectividad italiana con manjares caseros. Lo recuerda María Luisa Cuccetti. Cumplidos ya los cien años, relata: "La Boca era un lugar muy lindo a principios de siglo, lleno de inmigrantes y marinos genoveses. Los cumpleaños se festejaban con pastelitos y chocolate caliente" (1).

Uno de los gallegos de Vázquez-Rial festeja su cumpleaños. Dice la hija: "Todavía hay mucho que hacer para esta noche. Es una fiesta muy grande -explicó desde la puerta-, muy importante para nosotros. Mi padre no se lo habrá dicho, pero, amén de la Nochebuena, celebramos su cumpleaños. Y va a estar todo el mundo. Todos los hermanos, y todos los huéspedes, y todos los amigos, que alguna vez fueron huéspedes también. (...) Siempre llega gente de allá, de Galicia, y no la va a dejar en la calle, ¿no?" (2).

Mi abuelo paterno, de Lugo, y el materno, de La Coruña, festejaban con el mayor lujo posible sus onomásticos, a los que consideraban más importantes que sus cumpleaños. El primero ponía tablas sobre caballetes e invitaba a comer puchero a todos sus inquilinos y a los vecinos. El segundo festejaba en familia; en esa fecha nunca podían faltar las castañas.

De la colectividad italiana es el festejo que recuerda Carlos Ibarguren, en La historia que he vivido. Se ha casado Darío Nicodemi: "el casamiento fue celebrado con una fiesta en la modesta casa del barrio en que vivía la novia. Concurrió allí invitado el elemento gringo de la vecindad con sus respectivas familias -algunas con hijos argentinos- y varios amigos de Darío, entre los que yo me contaba. Se bailó animadamente hasta la madrugada en el patio, al compás del acordeón, ocarina y flauta; de la cocina, donde se jugaba a la morra, partían vociferaciones en italiano, mientras el moscato y el nebiolo espumante enardecían los ánimos sin distinción de edad, sexo ni nacionalidad; y aún recuerdo cómo nos atrajo a los muchachos la bella Carlota, hermana del desposado, que resultó esa noche, reina indiscutida de aquel regocijo meridional" (3). También en los casamientos ucranios se tocaba el acordeón. Lo recuerda el Chango Spasiuk, quien tocó en ellos durante su infancia (4).

En Palermo, en las primeras décadas del siglo XX, Fernando Da Salerno, protagonista de un cuento de Fernando Sorrentino, se casa con una descendiente de libaneses. Relata el narrador: "En aquella época los árabes -o, al menos, los libaneses de doña Ibrahima- tenían la costumbre de que los recién casados se retirasen temprano de la fiesta para tener su primera cena en su nueva casa" (5).

Carlos Szwarcer recuerda los casamientos sefaradíes: "El Izmir ofrecía un ámbito para la magia, el ensueño y la sensualidad a un público casi exclusivamente machista. Aquellos varones que lo frecuentaban para acortar la distancia entre la Reina del Plata y sus lejanos pueblos de mar se casaban. La ceremonia religiosa, con ritual sefaradí, se iniciaba generalmente a la vuelta, en el Gran Templo de Camargo 875 y algunos mozos del lzmir se convertían en 'mozos de boda' " (6).

La alegría de los esponsales judíos en el litoral es evocada por Máximo Yagupsky, quien dice: "El casamiento judío consistía de grandes celebraciones. Se improvisaba una gran tienda hecha con las lonas que se usaban para proteger las parvas de las lluvia. Se hacía un alegre festín con todo el ritual, la jupá, es decir, el palio nupcial, la música y danzas. Y naturalmente había mucha comida y había también comida para los gauchos vecinos, los cuales se reunían afuera a saborear los manjares y dulces. Y mientras los músicos ejecutaban melodía judías o rumanas, los gauchos, afuera, tocaban el bandoneón o la guitarra y bailaban también. En algunas ocasiones se cruzaban las rondas del freilej o la tijera, con el chamamé, el tango y el pericón" (7).

En las colonia alemanas del Volga -escribe Olga Weyne- , "otra ceremonia realmente pintoresca -en la que parece haber alguna influencia rusa- era el casamiento. Antes de la boda propiamente dicha, se realizaba una teatralización grupal del pedido de mano y hasta se podía simular un rapto de la novia. Toda la aldea participaba en los festejos, todos acudían a la ceremonia religiosa y posteriormente al festín, generosamente servido, que podía durar días" (8).

Entre los galeses, sin motivo especial, "una pausa a la tarde reunía a la familia de los colonos: la hora del té. Esta antigua costumbre se ha convertido ahora en un rasgo de la hospitalidad que Gaiman brinda a sus visitantes. En distintos ángulos del pueblo, Casas de té brindan un servicio familiar" (9).


Notas
1 Muzi, Carolina: op. cit.
2 Vázquez-Rial, Horacio: op. cit.
3 Ibarguren, Carlos: La historia que he vivido. Buenos Aires, Biblioteca Dictio, 1977.
4 Guerriero, Leila: "Chango Spasiuk. Chamamé por el mundo", en La Nación Revista, Buenos Aires, 14 de enero de 2001.
5 Sorrentino, Fernando: "Hombre de recursos", en La venganza del muerto y otros cuentos con astucias. Buenos Aires, Alfaguara, 1997.
6 Szwarcer, Carlos: op. cit.
7 Diament, Mario: op. cit..
8 Weyne, Olga: op. cit.
9 S/F: Hotel Gwesty Tywi, Gaiman, Patagonia-Hosteria Galesa-Welsh ColonialB&B.htm


La ética
La solidaridad
Hijos, nietos
Contar
Cantar
Festejos familiares
Año Nuevo
Carnaval

 

La ética, la solidaridad, el amor por los más pequeños, el respeto por los mayores, el recuerdo de quienes quedaron en la tierra natal, el contar y el cantar, son las constantes en las costumbres inmigrantes, que aún perviven en los descendientes americanos.



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