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RELIGION
Festividades
católicas
La
Navidad es una ocasión muy especial, que se recuerda, por
lo general, vinculada a la infancia de quienes debieron dejar su
país.
En
El angel del capitán, de Chuny Anzorreguy, el croata Miro
Kovacic expresa: "Recuerdo también las Navidades. Blancas,
desde ya, con frío y nieve. Pero con una luna grande brillando
en el cielo obscuro. Nosotros, los hijos, ayudábamos a preparar
el árbol, que por una tradición y como garantía
de felices futuras Navidades, debía tener una punta que tocara
el techo de la casa. Esa era condición sine qua non.
Debajo
de él se ubicaban prolijamente los regalos" (1).
Ennio Carota recuerda la Navidad en Italia, en relación con
la figura protectora de la nona: "Sólo esas abuelas
de ayer daban a las fiestas un toque tan especial. Un mes antes
ya estaba haciendo sus galletitas y yo, junto a ella, pelando uvas
para il vino cotto, un típico dulce de su Apulia natal. Eramos
pobres, pero había alegría, había amor y todo
ello nos hacía olvidar la pobreza" (2).
Canela
evoca esa festividad en el mismo país, durante la guerra:
"Nací en 1942, fui la última de once hermanos
y mis recuerdos son de finales de la Segunda Guerra Mundial. Hacía
muchísimo frío y al regreso de la Misa de Gallo había
un tentempié -algo de nueces, almendras-, porque lo importante
llegaba en el mediodía del 25, alrededor de la mesa familiar.
(...) Mi madre amasaba fideos y los servía en caldo bien
colado" (3).
Agata,
la inmigrante creada por Dal Masetto, describe sus sentimientos
en esos días: "La llegada de la Navidad me colmaba de
un manso entusiasmo. La sentía acercarse en el correr de
los días y era como si estuviese a punto de acceder a un
descubrimiento. Pensándolo bien, jamás ocurría
nada nuevo, pero el acontecimiento tal vez estuviese justamente
en esa expectativa, en la posibilidad no concretada de un cambio
casi milagroso, en esa fiebre que me ponía en el corazón
y en las venas una impaciencia feliz. Así había sido
siempre. La noche anterior a Navidad solía haber gran movimiento
en la casa: se preparaba el almuerzo del día siguiente. Carlo
y yo disfrutábamos de aquel clima febril, ayudábamos
en lo que podíamos y antes de acostarnos colocábamos
un plato vacío en la ventana. Por la mañana encontrábamos
un turrón, dos o tres naranjas, algunas mandarinas, castañas,
maníes (en una oportunidad en mi plato hubo también
un par de zuecos). Juguetes, jamás. Pero incluso con tan
poco nos sentíamos contentos y festejábamos como si
nos hubiésemos topado con un tesoro. El resto de la jornada
se deslizaba en aquel clima apacible y era como si se hubiese establecido
una tregua en las inquietudes o en las confusiones del resto del
año" (4).
Carmen
Brey Moure -personaje de Las libres del Sur, de María Rosa
Lojo- compara la Navidad gallega y la argentina: "La Navidad
en Buenos Aires no era Navidad -se entristeció Carmen-. No
extrañaba la nieve (en la tierras siempre húmedas
y verdes de su infancia rara vez nevaba). Pero sí el aire
frío que resonaba como una campana con las exclamaciones
y los cánticos y era sensible como una piel retráctil
cuando se lo rozaba con el aliento. En Buenos Aires la atmósfera
se coagulaba en una nube sofocante que sólo se despejaba
de a ratos, con el viento del río. No había castañas
que se asaran al amor de la lareira, no había mar, no había
ánimas que llegaran a buscar el calor de los vivos en la
noche de Nadal, a pedir el perdón de las ofensas que contra
ellos habían cometido, o al contrario, a perdonar a los deudos
por los viejos pecados o las malas pasiones que aún los atormentaban
y que antaño los habían enemistado" (5).
"Los
vascos viven intensamente la Navidad -afirma María Magdalena
Castro Marina. La familia entera se reúne alrededor de la
mesa para compartir la cena y se cantan tradicionales villancicos,
transmitidos de generación en generación. De este
modo se rechaza el estilo consumista que estamos acostumbrados a
ver en otras partes del mundo para esta celebración. El árbol
de Navidad es una de las referencias clave de este tiempo en Euskadi.
Muchos ancianos recuerdan haber juntado y guardado madera en el
otoño, madera en la que luego es arrastrado el pino entero,
desde el monte hasta la casa. Sin embargo, la tradición más
arraigada en Euzkadi es el 'Olentzero' o el hombre de carbón.
En la víspera de Navidad, la figura de un pastor o de un
hombre de carbón es levantada, sentado en una canasta, sobre
los hombros de gente que lo lleva de casa en casa a través
de toda la ciudad o villa, y en todas las casas por las que pasa
los jóvenes que lo acompañan se detienen para cantar
villancicos. En Navarra, el Olentzero es un hombre de carbón
que baja de los montes para repartir castañas, vino y regalos
para los niños.
Este
personaje mítico vasco, es un mensajero, un pstor quien anuncia
que la Navidad ha llegado y recorre los rincones más recónditos
de Euzkadi, no sólo es un carbonero, o un pastor; sino que
también puede ser un granjero. Todos comparten la misión
de ser el mensajero que trae la buena noticia de la Navidad. Este
mítico personaje tiene cabeza grande, y es también
mago de acuerdo con las tradiciones locales. Es capaz de tomar diez
arrobas de vino. En Hondarribia (Fuenterrabía), aparete de
traer una pipa, una capa, algunos huesos, y un bote de vino, usualmente
tiene una cola hecha de bacalao, y si un Olentzero permanece erigido
en el pueblo, se coloca junto a él una parrilla donde se
asan las sardinas, que son repartidas a los espectadores gratuitamente.
Las familias vascas conservan aún hoy la tradición
de cantar villancicos, que representan un saludo alegre el cual
es llevado de casa en casa, donde un verso es dedicado a una familia
entera o a un miembro en particular" (6).
La Navidad en la nueva tierra es evocada por los inmigrantes, a
veces comparada con la de sus países de origen. La italiana
María Cuda escribe: "Desde que vivo en la Argentina,
mi Navidad es distinta, porque a pesar de ser gran parte de la población
de Capital y Gran Buenos Aires de origen europeo, mantiene sus costumbres
en forma muy variada. Tal vez por eso y más allá del
respeto a los preceptos religiosos que la gente continúa
observando, me resulta contradictorio encontrar el clásico
pavo, las frutas secas y el pan dulce, en un clima netamente veraniego.
Encuentro la justificación en la nostalgia, la tradición
y el amor que el inmigrante siente por su tierra lejana, pero tan
cercana aquí en el corazón. Por eso, las Fiestas mantienen,
también en este país, el espíritu de unidad
familiar y son motivo de intercambio de presentes. Algunas expresiones
cambian y, en vez de ser la 'Befana' y medias, son los zapatos,
el pasto, el agua para los camellos de los tres Reyes Magos. Finalizando,
diría que el espíritu común es el deseo de
buenos augurios y el sentimiento compartido de la creencia en Dios,
Nuestro Señor" (7).
Alcides
J. Bianchi, hijo del empresario fasanés Valentín Bianchi,
escribe: "Pienso que uno de los recuerdos más gratos
de nuestra infancia fue la época de los Reyes Magos. Cuando
al aproximarse la finalización del año, mamá
nos hablaba de la Navidad recordándonos su significado, predisponiendo
nuestro ánimo, para que toda la familia participara de la
cotidiana celebración. Hacíanos recomendaciones sobre
nuestro buen comportamiento a fin de que se fuese superando cada
día, para que la 'Befana' (leyenda italiana que ella recordaba
de la época de su niñez) o cuando la llegada de los
Reyes Magos, pudiésemos recibir un hermoso juguete, en mérito
a nuestra buena conducta. Esto nos preocupaba sobremanera, haciéndonos
obedientes y diligentes en todo lo que se nos indicaba, para así
merecer la bondad de la 'Befana', o de Melchor, Gaspar y Baltazar.
Ya próximos a la fecha tan ansiosamente esperada, mi madre
nos preguntaba de quién habíamos decidido recibir
el regalo. La elección era obligatoria pues Jesús
entregaba tan sólo uno para cada destinatario" (8).
En
Frontera sur, la Navidad de los gallegos es descripta así:
"Nadie hacía caso al belén armado en la primera
sala, junto al zaguán, con un gordo Jesús tallado
que dejaba pequeñas a todas las demás figuras, y cuya
tosquedad ratificaba el carácter laico de la celebración
de aquel día" (9).
En La pradera de los asfódelos, Rubén Benítez
evoca una Navidad de las de antes: "En Navidad la gente parecía
distinta. No como ahora. Todos estaban alegres, salían a
la calle y saludaban contentos. Había que pararse en todas
las puertas. Hasta los turcos que vivían en la esquina festejaban
la Navidad. Don José, el que hizo el aparador, abría
una sidra... 'No es como la de Asturias, pero tampoco está
mal' decía siempre después de probarla" (10).
Una
escena semejante narra Miriam Becker, quien recuerda cómo
sus padres, judíos rumanos, agasajaban a sus vecinos de otras
nacionalidades y creencias (11).
Zulmira,
venida de Portugal, manifiesta: "'Como no recordar la noche
de Navidad con mucho frío cerca del hogar, hace 60 años
se cocinaba con leña mientras los abuelos le contaban cuentos
a los nietos al lado del calorcito, mientras los más grandes
ayudaban a armar la mesa. Con ocho años esas cosas se viven
intensamente'. Es posible que sean las fiestas la época en
que más se extraña el pueblo natal, y quizás
esta sea la causa por la que se mantienen vivas las costumbres.
Tal vez sea la gastronomía la costumbre que mejor represente
esto, si no como explicar que en medio del calor del verano se consuman
platos típicos del invierno. 'Las primeras Navidades en Argentina
fueron muy difíciles, pero siempre respetábamos la
comida y platos tradicionales que nos traía nostalgia y nos
reconfortaba al mismo tiempo'. Zulmira nos contaba sus recuerdos
de los preparativos para la cena de Navidad: 'se cocinaba bacalao
con papas cebolla y cabezas de nabo con ese gustito tan rico tirando
a picante. Aparte se hervían el brócoli y las coles
a fuego fuerte se condimentaba con aceite de oliva, aceitunas y
huevos duros. Se tomaba mucho vino blanco, dorado y verde, y luego
antes de las doce se comían los felloses que son unos buñuelos
de zapallo dulces y amarillos tirando a naranjas que se acompañan
con café, agua ardiente y vino de Oporto. Para el día
de Navidad era infaltable el cabrito hecho a leña en el horno
de barro acompañado de arroz blanco, y de entrada generalmente,
unas almejas y una copita de Cinzano Rosso. Los postres de Navidad
son hechos con variedades de dulzuras, nueces almendras, higos secos
blancos del sur de Portugal, etc. Con los postres es infaltable
el vino de Oporto, o también es infaltable el vino roses.
Otra cosa que no puede faltar es el arroz doce (arroz con leche)
que se distribuye en platos de postre y con canela se pone las iniciales
de cada familiar en el plato y se dibujan las flores de la zona,
¡¡¡qué hermoso recordar estas cosas!!!'.
Para Zulmira la Navidad representa siempre una manera de reunir
a la familia y de recordar a través de las charlas y de las
comidas como fue su pasado, su tierra querida y sus tradiciones
que tratan de seguir haciendo en este país a tantos kilómetros
de sus raíces" (12).
Entre
los alemanes del Volga, "en la Nochebuena, además del
Pesebre y el Niño Dios, cobraba importancia el Pelznikell,
notable personaje malévolo con el que se asustaba a los más
pequeños, pero que terminaba repartiéndoles dulces
y regalos" (13).
El
padre Benzano "detestaba a Papá Noel, le parecía
un gordo infame, tan infame como los anuncios de la revista El Hogar
cuando lo mostraba de compras navideñas en Gath y Chaves
o en la capitalina Avenida Alvear. Decía que era un cerdo
explotador de renos, un obeso y presuntuoso oligarca, muy distinto
de los desvencijados Reyes Magos que sí podían, con
camellos y todo, pasar por el ojo de una aguja" (14).
Gladys
Onega recuerda el Día de Reyes de su infancia: "Todo
estaba preparado para el goce y todo el dolor nos esperaba. En los
zapatos encontrábamos treinta, cuarenta y hasta cincuenta
pesos. Eran cantidades que no hubiéramos soñado tener
en aquella patria pastoril. Pero nos esperaba algo peor: tampoco
podíamos gastarlas, correr a comprar la bicicleta ni la Marilú.
Ese mismo día mi padre depositaba el dinero en la libreta
de ahorros que había abierto para cada uno de nosotros en
su propia caja fuerte y no lo volvíamos a ver jamás"
(15).
Máximo Yagupsky se refiere al Día de Reyes en su familia:
"mi padre me llevaba personalmente a una juguetería
para que no me faltase un regalo, pero marcándome, al mismo
tiempo, que no había misterio en el hecho de que los juguetes
aparecieron por la mañana en los zapatos, porque los judíos
no creíamos en eso" (16).
El 13 de octubre se realiza la Procesión náutica de
los molfettenses en La Boca, en honor a la Virgen de los Mártires,
y el 10 de diciembre, la comunidad italiana se congrega en una procesión
por las calles de Floresta en honor a San Sebastián. En esa
oportunidad, la orquesta ambulante La Píccola Italia ejecuta
piezas frente a las casas de los paisanos.
El
25 de julio es el día de Santiago Apóstol, el santo
de los gallegos.
Los vascos festejan el día de San Fermín también
en América, aunque sin el encierro taurino. Silvia Iceta
y Fernanda Erasún explican que "este tradicional festejo
navarro 'combina lo oficial con lo popular, lo religioso con lo
profano, lo local con lo foráneo, lo viejo con lo nuevo y
el orden con el desorden'. San Fermín se celebra en Pamplona,
Navarra, del 6 al 14 de julio y surgió de la conjunción
de tres fiestas: las de carácter religioso en honor al santo,
las ferias comerciales organizadas a partir del siglo XIV y las
taurinas que se sumaban a la celebración de corridas de toros.
(...) Explicaron que uno de los distintivos de esta fiesta es el
traje blanco, ya que según una teoría los corredores
del encierro de principios de siglo eran panaderos, albañiles,
carniceros, pintores y otros trabajadores que usaban traje blanco
para hacer sus labores. Otro sello del San Fermín es el conocido
chupinazo o cohete anunciador de las fiestas que se dispara el día
del inicio de la celebración al mediodía. En ese momento
los presentes se anudan el pañuelo rojo al cuello y comienzan
los cánticos, bailes, músicas y gritos de alegría
que señalan el comienzo" (17).
La
portuguesa Zulmira recuerda otras festividades de su tierra: 'Ya
con poca memoria por los años y los avatares de la vida no
puedo sin embargo olvidarme de la pascua, junto con las tradicionales
ceremonias de semana santa, Pues en esos días la mayoría
come mucho pescado que se elabora de diferentes formas, solo el
bacalao tiene 365 recetas, una para cada día, y además
se comen también muchas sardinas asadas que solamente se
consiguen en Portugal y algunas partes de España.
También
en el día de todos los santos recuerdo lo lindo que era ver
a todos los niños que iban a visitar a todos sus padrinos
y madrinas, esperando toda clase de cosas ricas sin que falten hasta
el día de hoy las merenduinhas dulces que son como un pancito
francés hecho con canela, anís hierba dulce, etc.
Además de los piñones torrados y los higos secos picados,
almendras y nueces. Bueno basta por que lloro mucho al recordar
estos sabores. Se me viene a la mente las siete colinas sobre las
cuales se edifica Lisboa con los palacios y jardines que en parte
funcionan como posadas o restoranes, ver el mar verde, la desembocadura
del río Tajo, la torre de Belén y muchas cosas más'
" (18).
La
Kerb "constituye una de las fiestas máximas de los pueblos
alemanes de Coronel Suárez, en su doble dimensión:
social (reuniones con música de acordeones y ritmo de polca)
y religiosa (por el sentido trascendente de la festividad litúrgica).
Su origen, al igual que el nombre, proviene del centro-oeste de
Alemania, lugar de donde, hace más de 200 años, emigraron
a Rusia los antepasados de los alemanes del Volga que actualmente
viven en Coronel Suárez" (19).
Relacionadas con el catolicismo, encontramos las festividades celtas,
que también llegaron a la nueva tierra.
El
Samain "es uno de los cuatro festivales celtas importantes.
Marca el final del año celta. Sabemos de su importancia tanto
en la Galia como en las Islas Británicas por su aparición
en el antiguo calendario Coligny. No sabemos a ciencia cierta a
quién estaba dedicado, pero seguro que Samain era el festival
de los muertos" (20).
La
fiesta de Halloween, "que parece un carnaval norteamericano
es nada menos que una importante celebración celta. El calendario
ritual irlandés comienza con el gran festival de SAMAIN,
que se celebra el 1° de noviembre. Era una fiesta en la que
se realizaban ofrendas a los antepasados para compartir la buena
suerte. Hoy los irlandeses en esta fecha hacen una gran limpieza
de sus casas, y dejan alimentos para sus antepasados la Víspera
de Todos los Santos. Por otra parte, cada 31 de octubre, último
día del año según el calendario celta, bajan
a la tierra los espíritus de las frutas, los vegetales y
los muertos para perseguir y atormentar a los humanos. El término
HALLOWEEN surge de la corrupción de la frase "All Hallows
Eve" que significa Víspera de Todos los Santos"
(21).
San
Patricio "fue obispo y apóstol de Holanda. Nació
en Escocia en 385. Por orden del Papa Celestino evangelizó
Irlanda, conocida como la ´'Isla de los Santos'. Murió
en 493" (22). Su día es la "fiesta de todos los
celtas". "El 17 de marzo, como todos los años,
los irlandeses festejan su santo patrono. Pero desde hace tres años
se unen a esta celebración, celtas de varias nacionalidades.
Sólo bastó dar una recorrida por todos los pubs que
se aglutinan, curiosamente, cerca de Retiro -y de la Torre de los
Ingleses- para encontrarse con parejas formadas por individuos de
diferentes comunidades celtas y una sola idea: beberse toda la cerveza
Guiness y todo el whisky irlandés que hallaron durmiendo
desde hace justo un año" (23).
Y
Santiago Apóstol, la de todos los gallegos celtas: "Este
mes -dice el editorial de julio de 1996- Viajero Celta hace un alto
en el camino. El descanso de este peregrino lo hace en Galicia.
Porque julio es el mes del Apóstol de España y duerme
su sueño eterno en Santiago de Compostela. Desde estas páginas
rendimos nuestro homenaje a todos los gallegos celtas" (24).
Notas
1 Anzorreguy, Chuny: El angel del capitán. Biografía
del capitán croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor,
1996.
2 Becker, Miriam: "Casera e italiana", en La Nación,
Buenos Aires, 23 de diciembre de 2001.
3 Becker, Miriam: op. cit.
4 Dal Masetto, Antonio: Oscuramente fuerte es la vida. Buenos Aires,
Sudamericana, 2003.
5 Lojo, María Rosa: Las libres del Sur. Buenos Aires, Sudamericana,
2004.
6 Castro Marina, María Magdalena: "La Navidad en el
País Vasco", en El Tiempo, Azul, 28 de diciembre de
2003.
7 Cuda, María: "En Argentina", en DANTE Noticias,
N° 68/ Octubre-Noviembre 1998.
8 Bianchi, Alcides J.: Aquellos tiempos... Buenos Aires, Marymar,
1989.
9 Vázquez-Rial, Horacio: Frontera sur. Barcelona, Ediciones
B, 1998.
10 Benítez, Rubén: La pradera de los asfódelos.
Bahía Blanca, Siringa, 1988.
11 Becker, Miriam: "La última idische mame", en
La Nación, Buenos Aires, 23 de marzo de 1997.
12 Da Conceiçao, Mauro; Euguaras, Mariano; Flibert; Francisco;
Marino, Roberto; Sánchez, Julián: op. cit.
13 Weyne, Olga: El último puerto. Del Rhin al Volga y del
Volga al Plata. Buenos Aires, Editorial Tesis, 1986.
14 Báñez, Gabriel: op. cit.
15 Onega, Gladys: op. cit.
16 Diament, Mario: op. cit.
17 S/F: "El Centro Basko promueve un nuevo programa para jóvenes",
en El Tiempo, Azul, 6 de julio de 2003.
18 Da Conceiçao, Mauro; Euguaras, Mariano; Flibert; Francisco;
Marino, Roberto; Sánchez, Julián: op. cit.
19 Hartmann, Carlos E.: "De Alemania a América pasando
por el Volga", en La Prensa, Buenos Aires, 7 de junio de 1998.
20 S/F: "Samain", en Viajero Celta. Año I, N°
12. Buenos Aires, Noviembre de 1996.
21 S/F: "Erin's cakes", en Viajero Celta. Año I,
N° 12. Buenos Aires, Noviembre de 1996.
22 S/F: "Irlandeses de festejo", en El Barrio. Periódico
de Noticias. Año 5, N° 49, Abril de 2003.
23 S/F: "San Patricio Fiesta de todos los celtas", en
Viajero Celta. Año III, N° 26. Buenos Aires, Marzo de
1998.
24 S/F: "Editorial", en Viajero Celta. Año I, N°
9. Buenos Aires, julio de 1996.
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