INMIGRACION Y LITERATURA

Por María González Rouco

Motivos
Dramas personales


Pero también hubo otros motivos que llevaron a quienes emigraron a tomar una decisión tan difícil.
La censura social impulsa allende el mar. En 1886 -escribe Claudio Savoia-, "zarpó el barco que sacaba de España al niño Manuel Miranda, alejado de su patra por su abuela para protegerlo -a él y a su madre- de la vergüenza de ser hijo natural" (1). De su abuela dijo el periodista Vicente Muleiro: "Como decía Gila, mi abuela era una solterona... Tan solterona era doña Francisca Muleiro que a sus hijos les puso su apellido.(...) Murió cuando yo era un adolescente y se llevó el secreto de su infancia gallega y la íntima épica de su inmigración" (2).

Algunas mujeres recibían la "llamada" de sus novios o maridos. En Amor migrante, de Stella Maris Latorre, un gallego escribe a su novia, en 1943: "sabes Olimpia no es tan fácil la vida aquí como la pintan, todo lo que tengo me ha costado mucho sacrificio, sobretodo gran dolor el no tener donde apoyar la cabeza para derramar esas lágrimas a veces por las grandes injusticias, a las cuales no puedes hacerles frente, porque siempre eres uno de afuera y debes agachar la cabeza, ahora estoy muy bien pero pagué mi derecho de piso como le llaman aquí. Ahora soy patrón, este hotel está esperando a su patron, pienso que ya es tiempo de que vengas aquí a Buenos Aires, nos casaremos en una Iglesia que se llama De La Piedad es muy antigua y hermosa, queda cerca de nuestro hotel; ya ves lo que digo 'nuestro Hotel', (...) quiero que me contestes pronto, quisiera que para el mes de septiembre a más tardar te decidas a venir, en esa época aquí es primavera, es una época hermosa, donde florecen las plantas, las amarillas se llaman aquí son las xestas nuestras, así florecerá nuestro amor, deseo me contestes pronto, haremos los preparativos, para hacer una boda bonita, como tú te lo mereces, no te ates por tus hermanos, más adelante los podemos traer si ellos quieren venir, Olimpia haz de cuenta que estoy a tu lado acompañándote, pronto lo estaremos de verdad, ya verás te acostumbrarás (...) espero me contestes pronto, disculpa que insista pero necesito poner fecha de casamiento. Me despido de ti con un abrazo de tu Manuel Machado Ocampo" (3).

La protagonista del film Herencia, dirigido por Paula Hernández, "es una inmigrante italiana que llegó a la Argentina tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque nunca pudo encontrar al hombre cuyos pasos seguía, decidió adoptar a Buenos Aires como su ciudad" (4).

Un amor imposible causa la emigración de un italiano: "El mismo día en que Enrico se hizo cargo de la sastrería, el único auto de la villa se detuvo enfrente. El chofer entró: 'La hija del Patrón se va a casar con un doctor de Zóppola, como él ha dispuesto; y aquí te manda este dinero a cuenta del traje de novia que le vas a confeccionar'. Enrico lo entregó y se embarcó. Para no ver jamás el mar viajó tierra adentro, hasta el centro de la Argentina; hasta su huerta, en medio de la manzana del medio del pueblo" (5).

Un gallego, en Frontera sur, huye de la ira de su suegro: "Primero tuve que escapar yo. Pasé un mes en el monte. Me buscaron con perros, decididos a matarme". Vuelve a buscar a su novia, y se casan en Cádiz. En Barcelona muere la mujer, dejando a un hijo. "Desde el momento en que la enterré -dice el viudo-, me entregué a un único propósito: ganar dinero, porque con dinero se puede todo. Quería comprar mi vida y la tuya, mi libertad y la tuya, y regresar para vengarme, empezando por tu abuelo..." (6).

La justicia por mano propia es otro de los motivos para dejar el país. En De aquí hasta el alba, novela de Eugenio Juan Zappietro, el cirujano belga Hubert Leroy debe huir de Francia pues durante una operación dio muerte intencionalmente a un ministro asesino: "Cuando Francia descubrió el crimen, Hubert Leroy estaba ya en América" (7).

Por miedo a unos acreedores que harían justicia por propia mano, es que el abuelo de Jorge Fernández Díaz llega a la Argentina: "En dos o tres aldeas, y en un pequeño municipio, mi abuelo había cobrado por anticipado trabajos que nunca terminó. Unos damnificados de pocas pulgas le habían dado un ultimátum y después habían prometido coserlo a navajazos. Vendrían de un momento a otro, y a José no le quedaba más alternativa que levantar los petates y largarse bien lejos. Consuelo, su hermana menor, había cruzado el Atlántico y llevaba una existencia decorosa en una ciudad monumental llamada Buenos Aires" (8).

En 1892, Jimmy -"nacido James Radburne"- llegó a la Patagonia, "huyendo de la pobreza y los prejuicios ingleses, y pasó toda una vida improvisando oficios para sobrevivir y métodos para huir de las policías argentina y chilena". Se dirigió a esa región pensándola "como garantía de anonimato para pasados difíciles" (9).

Por medio de una carta, Butch Cassidy comunica su paradero a sus amigos ilegales estadounidenses. Ese manuscrito "permitió certificar su estancia en la región décadas después de su muerte". Lo relata Francisco N. Juárez en el trabajo titulado "Una carta de Butch Cassidy" (10), en el que escribe "Aunque la carta de Cholila ahora carece de la última carilla con su rúbrica (firmaría Bob, como las demás, pero es su caligrafía) resulta una maravillosa síntesis de la nueva vida del bandido. Elegantemente alude a 'un tío (que) murió y dejó 30.000 dólares a nuestra pequeña familia de tres miembros. Tomé mis 10.000 y partí para ver un poco más del mundo'. En realidad, se refería al asalto de un banco de Winemuca en Nevada, el 10 de septiembre de 1900. Ahora estaba solo, es cierto, pero por pocos meses, de manera que mentía ese dato. Daba cuenta de su patrimonio ganadero: '300 cabezas de vacunos, 1500 ovinos, 28 caballos de silla', además de dos peones y la alusión al rancho como 'una buena casa de cuatro habitaciones', galpones, establo y gallinero. Se quejaba de su soledad, la falta de una cocinera y su 'estado de amarga soltería'. Luego, agregaba otras quejas. Se hablaba español, 'pero el país, en cambio, es excelente'. Daba cuenta de la extensa y fértil región, la distancia con Buenos Aires y esperaba fortificar las ventas de ganado a Chile, 'nuestro gran comprador de carne vacuna', porque de allá habían abierto un camino cordillerano (se refería al sendero de Cochamó, el que denunció Clemente Onelli como contrario al laudo arbitral que expediría la corona británica ese mismo año)".

En "El cura y el cowboy" se recuerda a "El Norteamericano", que vivió en Santa Cruz: a principios del siglo XX: "Por la zona había un malvado y muy conocido bandolero... era 'El Norteamericano', el cual hablaba inglés y un poco de castellano bastante mal, por cierto. Este era de esos que donde ponía el ojo ponía la bala y hasta la policía le tenía terror a enfrentársele. Era 'yankee' en serio. Era común que cuando eran buscados por la justicia del país del norte y ya no había muchas chances por allá; se subían a algún barco en la zona de California para bajar en Punta Arenas... y seguir 'ejerciendo' en la Patagonia. Tal era el caso de este auténtico cowboy" (11).


Notas
1 Savoia, Claudio: op. cit.
2 Muleiro, Vicente: "El mirador", en Clarín, Buenos Aires, 27 de septiembre de 1998.
3 Latorre, Stella Maris: Amor migrante. Buenos Aires, De los Cuatro Vientos Editorial, 2004.
4 Ormaechea, Luis: "Con ánimo de conciliar", en "Herencia de Paula Hernández".
5 Cassini, José Luis: "El mar en los ojos", en Rotary Club de Ramos Mejía. Comité de Cultura. 1994.
6 Vázquez-Rial, Horacio: op. cit.
7 Zappietro, Eugenio Juan: De aquí hasta el alba. Barcelona, Planeta, 1971.
8 Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
9 Cristoff, María Sonia: "Inglés en fuga", en La Nación, Buenos Aires, 19 de noviembre de 2000.
10 Juárez, Francisco N.: "Una carta de Butch Cassidy", en La Nación, Buenos Aires, 25 de agosto de 2002.
11 S/F: "El cura y el cowboy", en www.misionorg.com.ar.

 

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El reclutamiento
Hacer la América
Imitación, inculcación
Salida de los hidalgos segundones
Los "ganchos" o agentes de los armadores
Dramas personales

 

Motivos no faltaron. Tristeza sobró a estos hombres y mujeres que, un día, debieron dejar su tierra y embarcarse hacia
un país desconocido, en el que se establecieron y del que, quizás, nunca pudieron regresar.



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