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EL
IDIOMA
El conventillo
En
" Buenos Aires Siglo XX/ Los conventillos: Un sistema que reproducía
a la sociedad en miniatura", Francis Korn se refiere a los
conventillos como uno de los lugares en que se daba el aprendizaje:
"El idioma de esta comunidad aleatoria era un castellano con
miles de variaciones que, a pesar de todo sus defectos, forzaba
a los recién llegados a aprender a comunicarse por su intermedio"
(1).
En
Aventuras de Edmund Ziller, novela de Pedro Orgambide que obtuvo
una Mención en el Premio de Novela México, se evoca
el habla de los inmigrantes nucleados en los conventillos. Así
los ve un peculiar extranjero: "Ellos no sólo hablaban
infinidad de idiomas en sus aldeas (que llamaban conventillos) sino
que honraban a sus brujos llevándolos a la gran casa de la
Palabra: el Congreso" (2).
Recordaría el narrador, si lo hubiera conocido, el babélico
Hotel de Inmigrantes que evoca Luis León en su cuento "Chacarita,
Vísperas de Pésaj" (3).
Conocer
un idioma no es sólo aprender a expresarse en él,
sino que entraña también una visión del mundo.
Refiriéndose a quienes debían actuar como inmigrantes,
dijo la actriz María Rosa Fugazot, en un reportaje: "Me
crié entre actores capaces de hacer un italiano perfecto,
un gallego, un turco, un judío perfecto. Actores que no imitaban
un acento; sabían penetrar una psicología. Los personajes
del sainete eran simples en apariencia, pero con nostalgia por su
tierra y un gran amor al lugar que los había acogido. Eran
seres complejos, que había que saber observar" (4).
Mariano
Saba, integrante del grupo de teatro del Colegio Nacional Buenos
Aires señala que, para componer un personaje: "Primero
analizamos la obra y luego estudiamos la llegada del inmigrante
a la Argentina. Cada uno tenía que bucear en su árbol
genealógico y rescatar fotos y recuerdos. Más tardes
entrevistamos y grabamos para estudiar sus tonos y encontrarnos
con su nostalgia y su tristeza" (5).
Carolina de Grinbaum narra en La isla se expande, la forma en la
que una niña aprende otra lengua. En un conventillo recalaron
una mujer italiana y sus dos hijas, apenadas aún por una
desgracia familiar:
"Tenemos
instalada en una habitación próxima a la gentil señora
que llega al caserón un día, a acomodar su viudez
ya las dos hijas casi adolescentes a un nuevo ambiente, lejos de
sus tristezas que permanecían adheridas al duelo paternal.
Llenaban las jóvenes sus horas y lúgubres espacios,
con cantos entonados en la dulce lengua de su lugar de origen: 'la
alta Italia'. La más grata variedad de composiciones que
hasta entonces había tenido Mariana la oportunidad de conocer,
vibraban a diario, todas ellas deleitaban sus oídos. No disponía
siquiera de un modesto aparato de radio, cuya adquisición
en esos momentos en especial, resultaba inaccesible a su padre.
En un acompañamiento desafinado pero voluntarioso, hizo Mariana
un aprendizaje veloz de las letras y las melodías con las
que pudo acceder al conocimiento de un nuevo idioma, canto y música,
al mismo tiempo. De esa manera lo entendía cuando intervenía
con su voz, haciendo coro" (6).
Notas
(1) Korn, Francis: "Buenos Aires Siglo XX/Los conventillos:
Un sistema que reproducía a la sociedad en miniatura",
en La Nación, Buenos Aires, 5 de diciembre de 1999.
(2) Orgambide, Pedro: Aventuras de Edmund Ziller. Buenos Aires,
Editorial Abril, 1984.
(3) León, Luis: "Chacarita. Vísperas de Pésaj",
en SEFARaires, N° 2, junio de 2002.
(4) Cosentino, Olga: "Cosecharás tu siembra", en
Clarín, Buenos Aires, 18 de octubre de 2000.
(5) "Rapidísimo", en Clarín Viva, Buenos
Aires, 2 de enero de 2000.
(6) Grinbaum, Carolina: La isla se expande. Buenos Aires, ig, 1992.
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