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Conclusiones
Cuando
todo nos habla del futuro, hay una vuelta a las raíces. Nunca
como en el presente vimos un interés tan generalizado por
el pasado inmediato, por saber de dónde venimos y por qué
estamos aquí. Basta con abrir un diario para leer que se
proyectan nuevos museos, se realizan muestras, se vuelve constantemente
al tiempo de nuestros mayores.
Algunas
colectividades, que enseñaban ya sus idiomas, sus tradiciones,
y sus danzas, cuentan ahora también con colegios en los que
formar a los hijos de los inmigrantes o a sus nietos. Entre estas
instituciones recordamos a las escuelas italianas, las judìas,
el Liceo Jean Mermoz y el colegio gallego Santiago Apóstol,
inaugurado este último hace muy pocos años.
Los
libros de memorias, biografías y ficción sobre el
aluvión inmigratorio, escritos por aquellos que eligieron
la Argentina o por sus familiares, son una feliz costumbre en las
letras de nuestro país. Día a día continúan
apareciendo como agua que proviene de un río caudaloso.
Las
"Noches Célticas", lideradas por Manuel Castro,
fueron un suceso porteño; el Chango Spasiuk, presentó
en un CD la música de los inmigrantes en Misiones, y Lerner
y Moguilevsky grabaron un tríptico con los temas judíos
de Basavilbaso. Julio Nudler y José Judkowski, a su vez,
analizaron la participación judía en el tango. Todos
ellos nos muestran la herencia de la que son depositarios, y el
homenaje que les rinden a sus mayores con esta labor desinteresada.
Al
hablar de pintura, el nombre que viene a nuestra mente es el de
Quinquela, que tan magistralmente reflejó la situación
de los inmigrantes en La Boca. Junto a este ilustre nombre habrá
que recordar de ahora en más los de Guillermo Roux, Carlos
Alonso, José Marchi, Fernando Allievi, Mónica Weiss
y Carlota Petrolini, quienes presentan magníficos cuadros
que tienen como protagonistas a los llegados a estas tierras.
El
cine brinda también su aporte. En Buenos Aires se vio Aller
simple, filme franco-argentino que narraba la historia de tres inmigrantes
procedentes de diferentes países que arribaron a la Argentina
y el Uruguay. Se vio Titanic, en la que se muestra las condiciones
en las que se realizaba la travesía desde Europa hacia los
Estados Unidos, y la desigual suerte que la primera clase y las
otras tenían en el momento de acceder a los botes, durante
el naufragio. Se anuncia la filmación de Fare l'América,
película de Eduardo Mignogna, escritor y director que ya
presentó inmigrantes en su film La fuga. Ellas se suman películas
anteriores, como Asì es la vida, Los gauchos judìos,
La Patagonia Rebelde -un hito en lo que a testimonios sociales de
inmigración se refiere- y muchas otras.
Se
inauguran espacios públicos destinados a perpetuar la memoria
de los extranjeros que se afincaron en nuestro país. Se recicló
el Hotel de Inmigrantes. Este edificio ya era Monumento Histórico
Nacional. Al filo del milenio, se designan Monumentos el Apostadero
que lo precede, la colonia santafesina de Moisés Ville y
las bodegas mendocinas.
Merced
al esfuerzo de descendientes de colonos, autoridades del gobierno
y organizaciones interesadas en el proyecto, se modernizó
el Museo Histórico Regional de la Colonia San José,
en Entre Ríos, cuyo patrimonio corría serio peligro
de deterioro.
Un
plan del gobierno municipal, "apoya el proyecto que fuera presentado
en el Primer Congreso de Museografía y Museología,
celebrado en San Clemente del Tuyú en 1990 y que comprendía
la creación de varios museos, que en conjunto dieran con
sus contextos, la idea de los principios socio-culturales y económicos,
origen del desarrollo de lo que es hoy Olavarría". Este
proyecto fue "presentado por el entonces encargado del Museo
Etnográfico 'Dámaso Arce', del Instituto de Investigaciones
Antropológicas I.I.A.O., Museólogo A. E. Chiérico".
Se crearon así el Museo de los Alemanes del Volga, el Museo
Municipal de Sierra Chica y el Museo de la Colonia San Miguel, en
la provincia de Buenos Aires.
En fotografía, vimos la muestra incluida en Buenos Aires,
1910, Memoria del Porvenir, la de Raquel Biggio y la colección
de Mauricio Kartun, entre otras.
Estas son sólo algunas de las noticias importantes al respecto.
A poco de empezado el milenio, surge en nosotros una pregunta: ¿será
que ese pasado que nos toca tan de cerca nos da las armas para enfrentar
el desafío que implica el cambio de siglo? ¿O el regreso
a las fuentes se da como la búsqueda de un refugio, de un
ayer menos apresurado y más cálido? ¿Por qué,
frente al siglo XXI, recordamos al abuelo que nos dejaba oír
el tic-tac de su reloj de cadena? ¿Nos sentimos más
importantes, más queridos, si evocamos a quienes se reunían
alrededor del fuego para contar historias de su aldea?
Llama la atención la proliferación de iniciativas
tendientes a resucitar, en el siglo entrante, la ternura del 1900.
Si tantos seres humanos están de acuerdo en lo mismo, vale
la pena escucharlos. El nuevo milenio invita a reflexionar.
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