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Motivos
Hacer la América
"Es
de tener en cuenta también los factores económicos
-dice Méndez Muslera-; con la desamortización de Mendizábal
se agrava la situación de los campesinos, al elevar los propietarios
las rentas de las caserías, forzando a los campesinos a emigrar,
a la vez que impedía también el que los colonos pudieran
acometer mejoras en la explotación. (...) También
el factor poblacional es de tener en cuenta, ya que en la segunda
mitad del siglo XIX las altas tasas de fertilidad alcanzadas no
permitían ofrecer tierras a los hijos a través de
nuevas particiones de caserías por alcanzar éstas
una extensión mínima. Esto añadido a la elevación
de las rentas y de los impuestos forma otro pilar fundamental como
causa de emigración" (1). En otras regiones de Europa,
la situación no era mejor.
Sobre
los irlandeses, leemos: "Muy arraigados a su tierra, y con
escasa inclinación a emigrar, es posible que la clase obrera
y campesina nunca hubiese abandonado su país de no haberse
producido la gran catástrofe de los años 1845 a 1849.
Pero esos años fueron fatídicos y decisivos. Parecía
como si de pronto todas las fuerzas de la naturaleza se hubieran
confabulado para dar al traste con un pequeño país
que, tras siglos de abandono y mala administración, carecía
enteramente de reservas. Los verdes campos asolados por la terrible
plaga de la papa; epidemias de tifus y escorbuto diezmando cruelmente
a la población. En el breve período de aquellos cuatro
años, dos millones aproximadamente de sus pobladores perecieron
a causa del hambre o las fiebres, ya en su propia tierra, ya en
el curso de los espantosos viajes a que les llevó el intento
de salvarse" (2).
Mariana
Gaynor Heduan relata lo sucedido a uno de sus antepasados: "¿Qué
motivos lo llevaron a Thomas Gaynor a emigrar a la República
Argentina? De inmediato se puede señalar uno que alcanzó
a ser dominante para muchísimos irlandeses de toda esa comarca:
la noticia, insistentemente difundida, que se podía alcanzar
muy pronto una gran prosperidad en dicho país a través
del cultivo de la oveja que comenzaba a tener entonces un gran desarrollo
en la 'pampa bonaerense'. Todos esos jóvenes eran ovejeros
desde su infancia y se creían capaces de convertir la lana
pampeana velozmente en oro. Parece también que después
de 1840 un cierto Michael Murray (apodado en Buenos Aires 'Spanish
Mickey Murray' por sus aptitudes como lingüista), emigró
de la región a Buenos Aires estableciéndose luego
en Capilla del Señor y construyendo una gran fortuna en lanares.
El éxito de 'Spanish Mickey Murray' sirvió de imán
para muchos jóvenes ovejeros. En el caso de Thomas Gaynor,
había también otro motivo para emigrar. La Irlanda
de mediados de siglo pasado se hallaba muy agitada; no sólo
por el motivo político de la dominación británica,
sino también por el desgraciado sistema agrario que se venía
heredando desde siglos atrás. El irlandés medio no
era propietario de la tierra que labraba, era un simple arrendatario
que podía ser desposeído en cualquier momento por
su propietario, que las más de las veces, poseía su
título fundado en conquista bélica y solía
habitar lejos de las poblaciones a él sometidas. Cualquier
mejoría introducida en la propiedad del arrendatario era
motivo para un aumento de alquiler; se dio inclusive el caso de
un arrendatario que vio aumentada su prima porque a su mujer se
le había ocurrido plantar unas flores en la puerta de su
cabinita. 'Si tienen plata para flores, tienen plata para pagar
un mejor alquiler'. ¡Mentalidad no totalmente desconocida
tampoco en la República Argentina!. A mediados del siglo
pasado los propietarios encontraron que podían aprovechar
sus tierras echando a sus inquilinos, algunos de los cuales habían
habitado el mismo sitio por centenares de años y, reemplazándolos
con vacunos, cuya venta redituaría un interés mayor
que el alquiler hasta entonces recabado. Estas medidas puestas en
práctica, provocaron grandes reacciones entre la juventud
de la población agrícola; estas se manifestaron no
sólo en los sectores políticos, sino también
mediante la proliferación de sociedades agrarias, más
o menos secretas, más o menos violentas, dedicadas a la protección
de la población indefensa frente a la agresividad brutal
de los terratenientes. Estas sociedades accionaban contra los propietarios
y también contra los ocupantes de tierra cuyas antiguas poblaciones
habían sido 'barridas'; como las leyes y la justicia estaban
al servicio de los propietarios, se entiende como la policía,
la milicia y el ejército, fueron pronto movilizados contras
estos defensores del pobre. Thomas Gaynor se vinculó en su
juventud con algunas de estas sociedades y atrajo sobre si la atención
de los guardianes del orden y creyó prudente alejarse de
su país. Su 'pecado' no pudo haber sido muy pequeño,
porque al volver a Irlanda muchos años más tarde,
con la intención de radicarse allí definitivamente,
y habiendo ya elegido una propiedad donde pensaba constituir su
hogar, tuvo noticias, por alguna vía reservada, que la policía
andaba haciendo preguntas a fondo sobre su persona, circunstancia
que lo indujo a tomarse prontamente el vapor y volver a la República
Argentina" (3).
Hacia
América parte un hombre desde Italia. Por amor al marido
emigrado tiempo antes, la madre abandona a sus hijas, llevando al
hijo varón, en el cuento "El tren de medianoche"
de Syria Poletti. La escritora recuerda así este episodio:
"En ese instante, momento en que mi madre me dejó para
reunirse con mi padre en tierras de América, nacen el drama
y la rebeldía, pero también la revelación de
la soledad y su misterio. Fue como si de pronto se hubiesen abierto
las compuertas de la vida adulta, y, al mismo tiempo, asomara la
certeza de otro llamado. Al irse, mi madre respondía a un
llamado ineludible. Yo también, con el tiempo, respondería
a un llamado" (4).
Santo
Oficio de la Memoria es la novela de Mempo Giardinelli que obtuvo
en 1993 el Premio Rómulo Gallegos. En ella narra, por boca
del hijo mayor, las circunstancias en las que Antonio Domeniconelle
y parte de su familia tuvieron que emigrar: "Padre y madre
vinieron de Italia porque allá éramos muy pobres.
Muy pobres. Más pobres que toda la pobreza que hayas visto"
(5). Veinticinco años después llegaron a la Argentina,
per fare l'América, los abuelos abruzzeses de Eduardo Mignogna,
escritor que mereció el Premio Emecé 1998/9 por La
Fuga .(6).
En
un reportaje a Antonio Dal Masetto, se señala cuál
fue la razón que lo trajo a América: "Después
de la Segunda Guerra Mundial, la subsistencia se puso difícil
en Italia y la familia emigró en 1950 a nuestro país"
(7). En otro reportaje, se narra que "Narciso Dal Masetto llegó
a la Argentina en 1948 desde Intra, un pueblo alpino italiano a
los pies del lago Maggiore. Huía de los estragos de la guerra.
Dos años después arribaron su mujer, doña María,
y sus hijos, Rita y Antonio César" (8).
En
algunas regiones, los factores climáticos agravaban la situación.
Afirma Celia Vernaz: "El gobernador Juan Pujol, de Corrientes,
había solicitado a las casas contratistas de Basilea el envío
de colonos para su provincia. Esto era posible porque en la zona
del Valais, Saboya y Piamonte se había generado una corriente
emigratoria hacia América. Las causas eran varias: falta
de trabajo, familias numerosas, pobreza en general, a lo que se
sumaban cataclismos como avalanchas e inundaciones que diezmaban
a las poblaciones de la montaña" (9).
Para
los gallegos había dos destinos: Buenos Aires y Cuba. Mi
abuelo paterno y sus hermanos emigraron a Manzanillo; desde allí,
mi abuelo se trasladó a Buenos Aires, mientras que sus hermanos
quedaron en la isla. Un personaje de Joel Franz Rosell cuenta las
peripecias de una anciano emigrante: "-Tú sabes que
Cuba fue colonia española hasta 1898. Después de la
independencia, muchos españoles continuaron yendo allí
a buscar fortuna. Entre esos emigrantes estuvo tío Fermín,
que se fue muy joven y sin un duro. No sabemos cómo logró
hacerse con tierras, montar una fábrica de conservas y otros
negocios. Llegó a tener buenos amigos en el gobierno y eso
acabó por traerle la desgracia cuando la revolución
de 1959..." (10).
"Diego
Corrientes" es uno de los textos que Francisco Grandmontagne
escribió para su "Galería de inmigrantes",
publicada en Caras y Caretas. En esa estampa, publicada en 1899,
leemos: "La falta de pan y la sobra de hijos arrojaba a Dieguillo
del hogar nativo. Tenía 12 años, saludables como las
vetas de joven encina; cual aguilucho, ágil y fuerte, y bello
además, como engendro de dos cuerpos torneados por duro trabajo"
(11).
El
portugués "Joaquín Alves, (...) formó
una familia numerosa como era común en aquel entonces y él
fue el primero de la familia que en un contexto general de hambre
en Europa se decidió a venir a probar suerte a una tierra
lejana y desconocida. Así que llegó a la Argentina
alrededor de 1935 y trabajó en la fábrica Loma Negra
en Olavarría. Luego de unos años, después de
terminada la segunda guerra, Joaquín volvió a su tierra
con intenciones de quedarse pero la situación no era como
él pensaba. Luego de estar alejado de su familia por casi
diez años en Europa casi nada había cambiado y en
Portugal incluso las cosas eran más difíciles aún
porque un dictador tomaba ahora las decisiones en el gobierno. Ante
tal panorama, Zulmira, ya adolescente presionaba a su padre para
que regrese a la Argentina pero esta vez con toda la familia. Y
así fue" (12).
En
"Israel Mantel Cada inmigrante una historia", relata José
Mantel: "Mi abuelo Shemaia Chilibi Mantel falleció c.
de 1912 presuntamente de fiebre tifoidea. Mi abuela Rifka quedó
viuda con cinco hijos en la más absoluta miseria. Vivían
en el 'pasheico', uno de los lugares más pobres y sombríos
de Izmir. Como era costumbre en ese lugar y en esa época,
sus hijos apenas llegaban a la adolescencia empezaban a noviar con
vecinitas de la colectividad. Así, el mayor de mis tíos,
Bohor por supuesto, se casó con Alegre Lereaj y nació
mi primo, Felipe (se supone que es la traducción del nombre
de mi abuelo) y se vinieron para Sudamérica. El segundo de
los hermanos, Mordehai, le siguió los pasos, y al poco tiempo
mandó a buscar a su novia Reyel, con quien se casó
en Paraguay. Luego vino el tercer varón, José. En
Izmir quedaba mi abuela, la única hija mujer, Yamila, que
se había casado con Abraham Barsimantov, y mi padre Israel
que contaba con 16 años y esperaba con ansiedad que sus hermanos
le enviaran el pasaje hacia aquí. Este pasaje no era solamente
el viaje a través del océano, sino el paso de la tristeza
y el hambre a la alegría y la esperanza" (13).
Notas
1 Méndez Muslera, Luciano: op. cit.
2 Mac Dermott Doreann: "Quinquenio de terror", en Viajero
Celta. Año II, N° 17. Buenos Aires, mayo de 1997.
3 Gaynor Heduan, Mariana: "Los Gaynor", en www.irlandeses.com.ar.
4 Fornaciari, Dora: "Reportajes periodísticos a Syria
Poletti", en Taller de imaginería. Buenos Aires, Losada,
1977.
5 Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires,
Seix Barral, 1991.
6 Mignogna, Eduardo: "Destinos cruzados de un libro y una vida",
en Clarín, Buenos Aires, 19 de noviembre de 2000.
7 Roca, Agustina: op. cit.
8 Gaffoglio, Loreley: "¿Cómo me explico y me
cuento?", en La Nación, Buenos Aires, 9 de septiembre
de 2001.
9 Vernaz, Celia: La Colonia San José. Santa Fe, Colmegna,
1991.
10 Rosell, Joel Franz: Mi tesoro te espera en Cuba. Buenos Aires,
Sudamericana, 2002.
11 Grandmontagne, Francisco: "Diego Corrientes", en en
Fray Mocho, Félix Lima y otros. Los costumbristas del 900.
Sel. y pról. de Eduardo Romano, notas de Marta Bustos. Buenos
Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
12 Da Conceiçao, Mauro; Euguaras, Mariano; Flibert; Francisco;
Marino, Roberto; Sánchez, Julián: "Sabores de
una historia", en www.ciet.org.ar.
13 Mantel, José: "ISRAEL MANTEL Cada inmigrante una
historia", en SEFARaires, N° 17, Septiembre de 2003.
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