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Armenios
en Buenos Aires
Armenios en Marsella
Notas
Los
avatares de la vida polìtica, en primera instancia, pero
tambièn econòmica, obligaron a los armenios a emigrar.
Novelistas, memorialistas y estudiosos han dejado en sus pàginas
testimonio de la dura realidad de sus mayores, y de sus vivencias
como emigrantes o refugiados en otros paìses.
Para
conocer aspectos de la inmigraciòn armenia a nuestro paìs,
resulta de fundamental importancia la obra de Nelida Boulgourdjian-Toufeksian,
titulada Los armenios en Buenos Aires. La reconstrucciòn
de la identidad (1900-1950) (1), libro que fue distinguido con el
Primer Premio en el concurso organizado por el Centro Armenio, cuyo
"jurado estuvo integrado por la historiadora Hebe Clementi,
por el Primado de la Iglesia Apostòlica Armenia de la Argentina
y por el escritor Jorge Torres Zavaleta". Aunque se circunscribe
a una zona de nuestro paìs, el estudio arroja luz sobre aspectos
que tienen que ver con la llegada de los extranjeros y su vida en
la nueva tierra.
La
historiadora se refiere a la "Gran Diàspora", que
originò las comunidades armenias de Europa y de las Amèricas.
Para definir este tèrmino, que "significa en griego
dispersiòn e implica la existencia primera de un grupo que
se dispersa en un todo o en parte", se remite a M. Bruneau,
quien considera que "dicho tèrmino reùne tres
caracterìsticas esenciales: la conciencia de reivindicar
una identidad ètnica o nacional; la existencia de una organizaciòn
polìtica, religiosa o cultural del grupo dispersado, es decir,
la riqueza de su vida asociativa; y la existencia de contactos bajo
diversas formas, reales o imaginarias, con el territorio o paìs
de origen". Por tanto, "Se es miembro de una diàspora
por elecciòn, por decisiòn voluntaria y consciente".
Sostiene
que "Actualmente, la diàspora està fragmentada
en una cincuentena de comunidades que se extienden desde el Medio
Oriente Lìbano, Siria, Turquìa, Irak, Iràn,
Egipto, Israel, Chipre- al mundo occidental _Francia, Grecia, Gran
Bretaña, Bèlgica, Alemania, Suiza, Italia, Austria,
Estados Unidos, Canadà, Mèxico, Brasil, Argentina,
Uruguay, Venezuela, Chile, entre otros".
Afirma
que "Los armenios de la Argentina emergen de una inmigraciòn
que comienza a principios de siglo. Ellos constituyen una comunidad
poco estudiada hasta el presente, precedida por otras màs
antiguas italianos, españoles, sirio libaneses y judìos-".
Al igual que otros inmigrantes que llegaron a nuestro suelo, ellos
se vieron determinados por la ruptura con sus raìces "a
crear estrategias comunitarias en los nuevos lugares de asentamiento,
en una tentativa por reproducir las ya practicadas en su lugar de
origen. La vida institucional entidades benèficas,
polìticas, regionales y culturales-, contribuyò a
facilitar el proceso de adaptaciòn".
La
historiadora sostiene que la falta de registros adecuados para la
estimaciòn del nùmero de armenios ingresados a la
Argentina es una de las dificultades a las que se enfrenta su labor,
ya que "en las fuentes argentinas no se desagregan los armenios
de los otros grupos migratorios provenientes del imperio otomano,
tales como sirios y libaneses. En las Memorias de la Direcciòn
Nacional de Migraciones, hasta 1920, no estàn diferenciados
de los otomanos y los turcos".
Por
eso, ella relevò las Listas de Pasajeros de la Direcciòn
Nacional de Migraciones entre los años 1900 y 1923 inclusive.
"Según las Memorias de Migraciones agrega-, el
año 1923 es el que presenta el saldo màs alto de la
dècada. La informaciòn cuantitativa sustentada por
el imaginario colectivo demuestra que la firma del Tratado de Lausana
(1923) y la consecuente imposibilidad de permanecer en Turquìa,
determinò a los armenios a emigrar definitivamente".
Son
interesantes, asimismo, los datos que la historiadora nos presenta
acerca de la travesìa de los inmigrantes: "Las condiciones
en que viajaban los inmigrantes no se correspondìan con las
descripciones de los folletos de propaganda distribuidos por el
gobierno argentino. En 1907 se tomaron medidas para mejorar la travesìa,
disponiendo que cada pasajero tenìa derecho a una superficie
mìnima de 1,30 metros cuadrados, a una cama de 1,80 metros
de largo, a utilizar cocinas y baños a bordo asì como
al control mèdico".
Ya
en la Argentina, se verifica "el proceso de reconstrucciòn
de la identidad en el nuevo lugar de asentamiento", objeto
de este libro tan profusamente documentado.
Armenios
en Buenos Aires
Algunas
obras dan cuenta del fenòmeno històrico y social de
la inmigraciòn armenia. Entre ellas, las biografìas
Hayrig (Detràs del silencio de un millòn y medio de
voces) (2) y Hayrig II (3), en las que Eduardo Bedrossian relata
la vida de su padre, Agop. "Este relato afirma Boulgourdjian-
trasciende la historia personal de Hagop Bedrossian para adquirir
una dimensiòn colectiva que involucra a todo un pueblo".
Acerca
de la primera parte de esta historia, afirmó María
Isabel Clucellas: "bajo una estructura de doble faz, Bedrossian
hijo narra en primera persona la odisea paterna. A partir de los
primitivos años de paz y bonanza que corresponden al siglo
pasado, el autor ilustra a sus lectores sobre la vida familiar en
Geben, un pedazo de la historia ancestral de los armenios.
Las montañas, la aldea, las casas con paredes de piedra,
el calor de las reuniones en torno al hogar presididas por un narrador
ocurrente y sentencioso que contaba, educando, historias y costumbres,
reviven en páginas coloridas, amenas, donde anécdotas
y sucesos van tejiendo una urdimbre de sólidas y justificadas
nostalgias" (4).
En
1998 apareciò Memorias para no olvidar (5), ùltimo
libro de la trilogìa que Bedrossian escribiò acerca
de la Cuestiòn Armenia. Las memorias se incian cuando los
padres de Nersès, que poco antes cumpliò veintiùn
años, deciden realizar, como le habìan prometido,
el pedido de mano de una joven para que su hijo se case. La obra
finaliza con el casamiento de esa pareja, unos meses despuès.
Esta
historia ìntima sirve de marco para otra màs abarcadora:
la de los armenios en la Argentina. Distintos personajes van narrando
las circunstancias en que se realizò la inmigraciòn,
las atrocidades que debieron padecer en manos de los turcos, la
tortura, las violaciones de religiosas y alumnas, y muchos otros
episodios que indignan al lector y han quedado grabados por siempre
en la memoria de este pueblo bueno y sufrido.
Otros
aspectos tambièn son descriptos: las comidas, la instrucciòn,
la religiòn, el respeto a los padres y la consagraciòn
a los hijos, los juegos con los que se entretenìan los armenios,
sus visitas a la peluquerìa, al dentista, la llegada de un
pariente al que hacìa años que no veìan...
Hechos cotidianos que contribuyen a dar una imagen de una colectividad
en un tiempo que pasò.
La
relaciòn con inmigrantes procedentes de otros paìses
es evocada en estas pàginas, en las que se presenta una Barracas
cosmopolita, en la dècada del 50, en la que los extranjeros
conviven solidariamente. Agobiados por haber dejado a la familia,
o de haber visto como la asesinaban, la relaciòn entre los
armenios es resumida en ese dicho que reza: "Mejor un vecino
cerca que un pariente lejos", y que ha llegado generalizada
a nuestros dìas, en los que en algunos barrios, afortunadamente,
todavìa se observa.
Algunos
inmigrantes cuentan historias a un auditorio siempre interesado.
La mismas tienen que ver con la tradiciòn de su naciòn,
con su trabajo o con circunstancias curiosas de la vida. Bedrossian
las incluye en su obra, para que todos las conozcamos.
Este
libro es mucho màs que el recuerdo en tercera persona de
un joven en una etapa feliz de su existencia; es la memoria de un
pueblo que debiò dejar su tierra, a la que venera.
Armenios
en Marsella
Asì
como Bedrossian homenajea a su padre, en Mayrig (mamà) (6),
el cineasta Henri Verneuil evoca la vida de su madre. La historia
comienza cuando un dìa, no muy lejano en el tiempo, Verneuil
asiste apesadumbrado a los ùltimos instantes de vida de la
armenia, quien, ya anciana, agoniza en su hogar, bajo la solìcita
mirada de un mèdico y una enfermera que nada pueden hacer
por ella. Esta situaciòn angustiosa produce en el autor el
afloramiento de los recuerdos compartidos con ese ser abnegado.
La
protagonista del relato es mayrig, pero muy cerca de ella encontramos
a sus hermanas, Ana y Kayanè; las tres forman una alianza
indisoluble, preocupadas por conseguir siempre lo mejor para el
pequeño Achod, que no es otro que Verneuil. Muchas veces,
a lo largo del relato, el niño las llama "las tres Marìas";
èl vivìa ese clima de afecto que les evitaba disputas,
que las hacìa estar siempre alegres a pesar de los duros
trances a los que se enfrentaban.
En
la dècada del 20, la familia huye de Armenia y se instala
en Marsella, donde la vida no es nada fàcil. El primero de
los problemas, y el no menos grave, es el del idioma. Ninguno de
ellos sabìa francès; Mayrig conocìa tres palabras:
"por favor", "gracias" y "disculpe".
Con ellas pensaba abrirse paso en un mundo desconocido en el que,
sin dudas, la cortesìa serìa la mejor arma.
La
realidad nada tiene en comùn con lo que la humilde armenia
imaginaba. La primera noche en Francia, se disponìan a compartir
la cocina con los otros inquilinos; contraviniendo las expresas
disposiciones de la locadora, los franceses no les permiten hacer
uso del artefacto, hecho que genera grandes discusiones, siempre,
por supuesto, girando alrededor de las ùnicas tres palabras
francesas que componìan su idioma. Risueño fue el
episodio protagonizado por el padre en la carnicerìa; sus
ocurrencias provocaron la hilaridad de los presentes, pero la vianda
que deseaban llegò a sus manos.
Verneuil
evoca los duros tiempos vividos en Marsella y los medios de que
se valieron para sobrevivir. Una noche, asombrado, observa que su
mayrig arranca uno de los ocho botones de su vestido, forrados con
la misma tela; al desenvolverlo, el botòn se convierte en
una reluciente moneda de oro. Sucesivamente, el vestido los va perdiendo,
hasta que ya no quedan màs. Para ese entonces, el padre de
Achod-Henri habìa conseguido un empleo en una refinerìa
de azùcar y las mujeres trabajaban como camiseras, haciendo
camisas enteras cosidas a mano, porque no disponìan de una
màquina de coser .
Con
el tiempo, la situaciòn mejora, pero Achod crece y debe asistir
a la enseñanza media. Sus padres, deseosos de brindarle lo
mejor, lo inscriben en uno de los colegios màs distinguidos
de la ciudad, reservados para los hijos de las familias opulentas.
Es en lo referido a su educaciòn donde el ànimo de
Verneuil se vuelve francamente agobiado: los niños franceses
se burlaban de èl; los profesores salvo contadas excepciones-
lo marginaban; la sociedad entera dejaba de lado al pequeño
inmigrante. Entre sus recuerdos màs tristes se destaca la
desubicaciòn de la familia, que no evidenciaba tanto sentido
comùn como buena voluntad.
Hacia
el final del relato, los dìas del adolescente se vuelven
màs alegres: su padre ha abandonado la refinerìa para
trabajar en el taller con su esposa y cuñadas. A partir de
ese momento, la familia Malakian vuelve a recuperar su ritmo normal
de vida, interrumpido por la labor nocturna del padre de Achod.
Los visitantes se suceden segùn la costumbre armenia sin
avisar- y los camiseros continùan o no su tarea segùn
la confianza que tengan con los paisanos.
.....
Novelas
como las que mencionamos y serios estudios entre los que se
destacan el de Nèlida Boulgourdjiàn, la tesis doctoral
de Rosa Majiàn y las obras de Narciso Binayàn Carmona-
nos permiten conocer la historia y las caracterìsticas de
la inmigraciòn armenia, que aportò valores èticos
y estèticos al "mosaico de identidades" que es
nuestro paìs.
Notas
1.
Boulgourdjián-Toufeksián, Nélida:Los armenios
en Buenos Aires. Buenos Aires, Centro Armenio, 1977.
2. Bedrossian, Hagop: Hayrig. Ediciones Akian. Buenos Aires, 1991.
3. Bedrossian, Hagop: Hayrig II. Buenos Aires, 1995.
4. Clucellas, María Isabel: en La Prensa, 8 de septiembre
de 1991.
5. Bedrossian: Buenos Aires, Ediciòn del autor, 1998.
6. Verneuil, Henri: Mayrig. Buenos Aires, Atlàntida, 1986.
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